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GANÓ AL VILLARREAL Y ALZÓ EL TROFEO CON UNA JORNADA POR JUGARSE LALIGA MERENGUE

La reconquista del título liguero, al galope de Benzema y Ramos

La reconquista del título liguero, al galope de Benzema y Ramos
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jueves 16 de julio de 2020, 23:40h
Zinedine Zidane, Sergio Ramos y Benzema tiraron de la mejor defensa del torneo hacia la gloria. Nadie compitió mejor tras el parón por la pandemia.

El Real Madrid ha sellado este jueves, con su victoria ante el Villarreal en el estadio Alfredo di Stéfano (2-1), otra página histórica del fútbol español. Eso sí, una porción particular de esos anales destacados: se ha coronado como el campeón de la única edición de LaLiga que se ha desarrollado con el coronavirus como marco. Nunca antes el balompié doméstico sufrió una paralización semejante debido a una pandemia global y los capitalinos supieron exprimir la crisis para salir a flote como el mejor de la competición.

Los pupilos de Zinedine Zidane se reivindicaron como el conjunto más sólido y competitivo desde el regreso de la actividad, posterior al confinamiento. El técnico francés avisó en sala de prensa, el 13 de junio (en la previa del envite ante el Eibar, el primero en el renacer del deporte rey), que su plan consistía en ir partido a partido, en pleno hacinamiento de citas. Mas, añadiría, la conjura firmada por todos los miembros de su vestuario hablaba de ganarlo todo. Faltaban 11 jornadas y cumplirían el compromiso contraído. Su potencia física y seguridad táctica les catapultaría a apilar puntos de tres en tres para pasar al liderato, afianzarlo y, a la postre, alzar el trofeo con una fecha por jugar.

Esta versión del coloso de Chamartín, en la que su entrenador ha tenido más mano que nunca, logró imponerse como la más compacta. Thibaut Courtois se ganó el trofeo Zamora y su defensa fue la menos goleada. Ese representó el pilar en torno al que brotaría todo lo demás: la solidaridad de esfuerzos de un escuadrón desprovisto de la pegada de otros cursos les condujo a dejar su portería a cero en 18 ocasiones, una barbaridad casi de récord en Concha Espina. La guía de los imperiales Benzema y Sergio Ramos alimentaría la eclosión de nombres como Vinicius, Rodrygo, Asensio, Fede Valverde o Mendy. Con Kroos, Modric, Casemiro, Varane e Isco alzando el tono. Sólo Hazard, James y Bale quedaron en suspenso.

No aguantó el pulso un Barcelona que sufrió una crisis institucional que derivaría en el volantazo dado. El más que cuestionado Josep Maria Bartomeu despidió a Ernesto Valverde tras ser sonrojados en la Supercopa de España y contrató a Quique Setién, en un intento por volver a la paleta combinativa que puso a las vacas sagradas en contra y sólo evidenciaría éxito en la visita al Estadio de la Cerámica. Nada más. El tono industrial ofrecido, taimado por las lesiones de Dembelé, De Jong y Luis Suárez, amén de la ausencia de Antoine Griezmann, volvieron a desembocar en la dependencia hipertrofiada de Lionel Messi (Pichichi y máximo asistente) y de Ter Stegen. Y, aunque parezca mentira, el seis veces Balón de Oro no alcanzó a salvar a los suyos con la regularidad acostumbrada.

Los catalanes se descosieron por falta de fuelle y concentración, sangrando puntos perdidos y frustración. La impotencia ofensiva no traducía los tramos de dominio en sentencias, con lo que sus rivales acababan por acogotarles y el favorito pidió la hora con familiaridad (igual que los merengues, pero éstos no perdieron nunca contra equipos del Top-10 y ganaron en el Bernabéu a Barça y Atlético). La mano de Setién no llegó a la orilla, en un discurrir turbulento en la relación entre las esferas del club que se filtraría al césped. La irrupción de Ansu Fati y Riqui Puig, además del golpe sobre la mesa de Arturo Vidal, Rakitic o Lenglet quedarán como las notas positivas azulgranas.

Por detrás asoman dos equipos muy trabajados y que facturaron el anhelado billete para la próxima Liga de Campeones. Atlético y Sevilla, con diversas inercias tras el parón por el Covid-19, manifestaron su jerarquía. Diego Pablo Simeone y Julen Lopetegui sacaron lustre a su mística y sus colectivos aceleraron para escaparse en la recta postrera, asegurándose la calma inherente al objetivo redondeado a las primeras de cambio. Los dos estrategas tiraron de sus subordinados -con Marcos Llorente y Lucas Ocampos resplandeciendo- hasta finalizar el trabajo con un rigor que dejó atrás a aquellos que asomaban como sorpresas.

Getafe, Granada y Real Sociedad coquetearon con el tercer y cuarto puesto durante meses, pero su reactivación tras la cuarentena flaqueó y les sacó de la senda que había evocado sueños continentales en sus aficiones. El maravilloso hacer de José Bordalás con los madrileños se nubló y fue relegado, en el último pestañeo, a bregar por el viaje a la Europa League con los decepcionados donostiarras -en bajón pronunciado- y un Villarreal lanzado por Gerard Moreno y Santi Cazorla. Los andaluces, dirigidos por el gran arquitecto Diego Martínez, todavía darían codazos por un hueco, al lado del resurgir algo descontextualizado del Athletic -al galope del mejor Raúl García- y de la depresión del Valencia -con Marcelino y Celades despedidos en meses-.

El Betis bien podría compartir el sabor que paladean en Mestalla. Osasuna sumó más puntos que ellos. El talento refinado de Nabil Fekir valdría para sacar algún olé de la tribuna, pero no estuvo acompañado. Los verdiblancos navegarían en la nada clasificatoria más absoluta. Un lapso estadístico similar al de los navarros, Levante, Valladolid y Eibar, mas a estos clubes habitar la mitad de tabla les ha merecido un brindis. Cosas de la percepción.

Por último, en las trincheras se dejarían el alma y el sudor, hasta quedar sin aire, hasta cinco clubes. El Espanyol fue el primero en ser devorado por el fuego del descenso a Segunda. Los barceloneses, simplemente, no compitieron como debían haberlo hecho. Ni sus fichajes invernales les evitaron el descalabro. Y, por otro lado, Iago Aspas metió en ignición a su Celta a tiempo, con el Alavés como acólito de fuga agónica. Los vitorianos se tejieron un colchón de cuatro puntos que puso contra las cuerdas al Leganés y Mallorca, dos entidades casi desahuciadas, en las que la huida de sus goleadores (En-Nesyri y Braithwaite, en el caso 'pepinero') y su incapacidad en el achique -los baleares fueron los más goleados- les hundirían en el fondo del abismo.

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