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DESDE ULTRAMAR

Sobornos priistas

jueves 13 de agosto de 2020, 20:10h

El desbarajuste que nos significó el sexenio priista en México, nos está dejando al descubierto, como se lo adelanté semanas atrás, las raterías priistas. Otra vez. Sí, y se lo adelanto: les enfada mucho que se les recuerde a los priistas ­–abiertos o encubiertos, beneficiarios de ese sexenio (2012-18) o de plano, que comieron de tal– que no podía provenir nada positivo de su regreso en 2012. Y era insostenible su permanencia y continuidad. Aquí se lo adelanté en 2012 y atiné. Solo un dato: la “reforma educativa” que intentaron, se fue ya a la basura por justicia. Incluía un libro ilustrando una mano con seis dedos. Caray. Y luego dicen que saben de política pública. Resulta evidente que están más que incapacitados para ella.

Sí, los priistas se hacen los desentendidos. Eso no los hace más honrados, desde luego. Y no acaban de digerir que ya no mandan. Solo les queda berrear.

La trama más reciente advierte tres asuntos de capital importancia, no todos juzgables por la prescripción de los delitos que entrañan: 1) que la empresa constructora brasileña Odebretch –con su tufo de corrupción en América Latina– entregó sobornos a Emilio Lozoya, el agente de contacto internacional de la campaña del PRI a la presidencia con Enrique Peña Nieto de candidato, para que una vez ganando la presidencia de México, el priista estuviera al servicio de tal. Los priistas se engorilan, lo minimizan y, como le digo: se enfadan y balbucean que no se hable más del pasado. Es normal. Pero ese delito de financiamiento fraudulento de campaña presidencial prescribió en 2017 sin que el honrado gobierno priista –sarcasmo, claro- se autoinculpara. Mas el PRI queda enlodado.

2) Lozoya, capturado en España, está aquí en México por la compra fraudulenta, sin facultades claras y en presunto contubernio, de una planta nivel chatarra pagada a sobreprecios. Un pelo al tigre; de la naranja, un gajo, pero algo es algo si pisara la cárcel de nuevo demostrándose su culpabilidad. Todo el desfalco y las comisiones fueron pagados con dinero público, que para eso es el dinero público en la mentalidad priista, como está más que demostrado.

Por cosas así que defraudan el erario, por supuesto que seguiremos hablando del pasado: hacerlo es clarificar los hechos y evidenciar al PRI. No enlodarlo, ya que eso lo hace él solito y de manera insuperable. Las siglas PRI están enfangadas. Solo hay que recordarlo por si a alguien se le olvida convenencieramente y pretendiera dar lecciones desde su deshonestidad intelectual clamando ser mejores o refunfuñando. Así pues, el retorno del PRI masacró a México en su economía y en su potestad soberana. Los priistas se ufanaban recién de que la captura de Lozoya a salto de mata y su traslado a México estaban negociados porque son amigos todos. Sentenciaron orondos como si aún mandaran en este país: no vendrá, dijeron; luego dijeron que no hablará. Bastó un día para que Lozoya abriera la boca –siempre ha sentenciado que no caerá solo– y que dijera nombres del sexenio pasado, para que a priistas y no priistas les diera diarrea y se desmarcaran, negaran, desmintieran al presunto delincuente. 3) Y es que se filtró que para aprobar la reforma energética priista que tanto daño ha hecho a México al comprometer su soberanía energética, para conseguirla regalaron dinero a manos llenas –soborno, ilegal– a los legisladores que la aprobaron. Se repartieron maletines repletos de dinero en helicópteros desde las oficinas de Lozoya, según se indaga. Imagínense tamaño crimen de comprobarse esas acciones por desvío de recursos y mal empleo al comprar voluntades. Lozoya dice tener el video.

El colmo del cinismo ante tanta ratería, la desfachatez total ha provenido del propio presidente del PRI, el impresentable señor Moreno ­–él mismo señalado por los opositores de haber desfalcado a su estado, Campeche, sin que se le haya imputado nada– pues hete aquí que ha balbuceado con la escasa capacidad que lo caracteriza –digno titular de lo que preside– que Lozoya no era miembro del PRI. Ya lo habían dicho antes y la respuesta les estalla en la cara a los priistas: nadie que no comulgue con el PRI podía ser enlace internacional de la campaña de su principal candidato priista y ya (des)gobernando entonces, sin ser priista no podía ser director de la petrolera PEMEX. ¿De cuándo hacia acá un priista debe tener carnet del partido y estar inscrito en él? El líder priista lo sabe y se pasa de inteligente con sus gracejadas, honrando a su cargo y a sus seguidores.

El juez le ha dicho al priista Lozoya que no es priista y estuvo dirigiendo la petrolera en el sexenio priista, que le da seis meses para que escupa los nombres de sus cómplices en tanta presunta trapacería, o, en su defecto, de los que sí fueron corruptos, pues cabe la posibilidad de que él no lo fue, desde luego. Vamos a ver si la memoria del sujeto es tan como la presumen. Por lo pronto, dicen que ya mencionó a sus jefes y mandones: Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto. Lozoya no está absuelto, está sujeto a proceso en libertad, que no es lo mismo.

El PRI salió embarrado otra vez. Solito, nadie el ayudó, ya le digo. Aplausos y de pie.

Es la primera vez que se menciona al expresidente priista de manera tan contundente y ya en un proceso judicial. Muchos desearían verlo en la cárcel. En México todos sabemos que la mitad del PRI merecía estarlo. Usted entenderá qué joya sería ver en la cárcel a un expresidente priista que lo mereciera. Sobre todo, priista. Méritos acumulados siempre han tenido, la verdad esa dicha. Nos dan una envidia los sudamericanos que ya han encarcelado a más de un expresidente que lo ameritaba. México merece ponerse a tono porque ya le digo, más de un expresidente priista tiene méritos para refundirlo y son inalcanzables en otros. Los priistas acusan justicia selectiva. El Fiscal indepediente Gertz Manero ha respondido: Rosario Robles está presa por encubrir a los causantes de la Estafa Maestra (otro fraude del PRI). Con ello le advierte a Lozoya sus opciones, sin eximirlo.

Así que no se adorne tanto el PRI: el último sexenio priista nos dejó una pléyade de empresas fachada –fraudulentas del fisco– desfalcos estatales descomunales, escándalos como la Estafa Maestra o la Operación Zafiro desviando gigantescos recursos públicos entre priistas, representando solo la Estafa Maestra 15 mil millones de pesos. Lo de Lozoya otros 400 millones de pesos (a 26.40 por euro).¡Qué falta hace ese dinero para enfrentar la pandemia!!! y son un pequeño ejemplo del PRI y su fantástico desempeño. Tú ponlos donde hay dinero…. Un día el priista Peña Nieto ya como presidente tuvo el descaro de decir socarrón, que la corrupción era cultural. Desde luego que entre priistas, sí lo es. Y nunca se les ha visto devolver ni un peso de lo robado a los muy ladrones sinvergüenzas.

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