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FINAL

Europa League. El Sevilla escapa de la trampa del Inter y se proclama campeón | 3-2

Europa League. El Sevilla escapa de la trampa del Inter y se proclama campeón | 3-2
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sábado 22 de agosto de 2020, 01:07h
Los andaluces sufrieron en la batalla física pero sobrevivieron. El tiroteo del primer acto dejó a Diego Carlos tocado, mas el brasileño anotaría una chilena memorable para entregar el título a su equipo. El cuerpeo asfixiante no bastaría a los italianos para neutralizar la calidad y competitividad hispalenses. Bono volvió a ser providencial y Banega se despidió con una exhibición en el golpeo.

El Estadio Rhein Energie de la ciudad alemana de Colonia se engalanó este viernes para acoger la final de la Europa League, en una edición marcada por el impacto del coronavirus. Se medían en este duelo de altura el Sevilla, patrón histórico de esta competición, y el Inter de Milán, que anhelaba devolver a Italia algún cetro continental tras 10 años de sequía. En definitiva, se examinaría en el tapete, con un título sobresaliente con juego, cuál de las dos inercias sensacionales en liza se impondría para descorchar el champán.

Julen Lopetegui entendió que el juego desplegado en las eliminatorias precedentes merecía ampliar la confianza en su once tipo. Excepto a En-Nesyri, que dejó su lugar como delantero único a Luuk De Jong, un punta más fijo para cuerpear con el muro transalpino. Jesús Navas y Reguilón se sumarían a un ataque comandado por Banega y Jordán, y lanzado por Ocampos y Suso. Fernando, Diego Carlos y Koundé protegerían al meta revelación Bono. Esperarían turno el mencionado atacante marroquí, Munir, Franco 'El Mudo' Vázquez, Óliver Torres y Gudelj.

Antonio Conte, por su parte, replicó la preponderancia anímica y volvió a repetir alineación por cuarta vez consecutiva en estas semanas. El técnico italiano no dudó en reproducir su zaga de tres centrales conformada por Godín, Bastoni y De Vrij, liberando a los carrileros Young y D'Ambrosio. La potencia se remarcaría en la medular con Gagliardini y Barella, Brozovic sería el ordenador y la jurisdicción del remate le pertenecería a la temible dupla que componen Lautaro Martínez y Lukaku. Alexis Sánchez -tocado-, Eriksen, Candreva, Victor Moses, Borja Valero y Sensi se uniformaron como revulsivos.

Comenzó el minutaje y se susurró un intercambio de presiones altas, exigentes. Pero rápido explosionaría lo estudiado. En el segundo minuto D'Ambrosio golpeó la cara de Reguilón, fabricando una falta lateral peligrosa para su portería. Banega lanzó y el cuero acabó en un saque de banda que sería catapultado hacia el área por Ocampos. Handanovic salió mal y el chut de Fernando fue sacado por la zaga, in extremis. Y en la contra, Barella puso en vuelo a Lukaku, que aceleró para provocar el fallo en el tú a tú de un Diego Carlos que cometió penalti. El enésimo. El delantero belga resolvió con clase la transformación, con un latigazo pegado al palo que significó el 0-1.

Con la cornada, el escuadrón hispalense trató de rehacerse y responder, mas los nerazzurri aplicarían su nudo táctico, de ardor en el ahogo de la salida ajena de pelota. Los pupilos del estratega vasco competirían con la defensa en el ecuador del territorio, asumiendo el desafío ya en desventaja. Aunque debían encontrar la ruta para bajar las abrasivas revoluciones dictadas por los lombardos. Poner el lazo a la posesión, siquiera por mor del control, sería la manera para entrar en temperatura y hacer asomar el aplomo y la amenaza que les ha caracterizado en su senda hasta esta cita. Y lograrían tocar techo en su primera combinación sostenida. Alcanzaron a constreñir al repliegue a sus rivales y una asociación fluida por el perfil diestro desembocaría en el centro venenoso de Jesús Navas y el testarazo atinado de De Jong, para el empate -minuto 12-. El neerlandés daba la razón a Lopetegui y Suso, Banega y el propio Navas subrayaban, de un magnífico modo, que el timón de la iniciativa, afilado desde los costados, bien podría conducir a lo alto del podio. Un disparo de Ocampos cerraría el prólogo, como guinda de otra concatenación paciente y coral de pases.

Así de rápido se desnudó la personalidad imperial de ambos dibujos. Y Diego Carlos, victimizado como objetivo al que atacar, se salvaría de cometer otro penalti -esta vez el VAR obvió su mano ante el intento de Barella-. En la otra trinchera, D'Ambrosio sólo consiguió frenar el desborde de Ocampos con un placaje. El enfrentamiento respondía al guión cercano a la guerra de guerrillas, bajo el baño del cuerpeo constante y del diapasón físico. La calidad habría de escudriñar el hueco para brillar, entre la verticalidad interista y la horizontalidad elaborada andaluza. Ocampos descerrajaría un derechazo cercano a la cepa del primer poste, en el 22 de juego, certificando la comodidad creciente de un Sevilla que tenía prohibido relajarse tras pérdida. No en vano, Lautaro y Lukaku no pararían de ser alimentados en pretendidos dos para dos contra Koundé y Diego Carlos. La labor de Fernando, tanto en el despeje aéreo como en el cruce rasante, se antojaba fundamental. Porque parecería inevitable que se partiera el esquema de Nervión. En ese paisaje tan difícil de dominar para los dos conjuntos, las faltas se multiplicarían.

Pasada la media hora Navas y Reguilón yacían incorporados como extremos, forzando al achique italiano. Banega -en su último día en la oficina del Pizjuán-, Jordán, Suso y Ocampos se complementaban con agilidad y los centros sobre el área de Handanovic se apilaban. Precisamente, este último cabecearía arriba un lanzamiento de falta de Éver. En cambio, un pelotazo hacia Lukaku bastaba a los nerazzurri para generar inquietud. De una de esas maniobras Gagliardini emitió un centro que D'Ambrosio embocó sin dirección. A pesar de lo conocido de las virtudes contrincantes, el devenir insistía en lo incierto de las sensaciones. Y en la aproximación hacia el descanso, la trascendencia de los errores saldría a flote. Primero, para completar la remontada española. Bastoni cometió una imprecisión en campo propio y Banega forzó una falta. El cerebro argentino lanzaría una acción de pizarra que saldría a la perfección: Koundé bloqueó en el segundo poste para permitir el cabezazo, cruzado y a la red, de De Jong. Y en segundo término, para devolver las tablas. Diego Carlos regalaría una falta en tres cuartos de cancha que Brozovic colocó para el testarazo certero de Godín -que ganó con superioridad al marcaje del atormentado zaguero brasileño-. Todo ello en un lapso de cinco minutos.

El primer acto expiraría con un vaciado continuado de fuelle. Se pelearía hasta el último pestañeo, redondeando una oda al sacrificio colectivo. De pocos matices podían pedir corrección Lopetegui y Conte en esta batalla de poder a poder. Si acaso, los españoles saldrían en la reanudación incidiendo en su presión y en la tratativa de monopolizar el cuidado redonda. Mas se sabrían en problemas si se descuidaban en el regreso y el Inter se lo recordó en el 51. D'Ambrosio llegó a línea de fondo en una transición, centró y la pelota quedó suelta para el remate, claro, de Gagliardini. Diego Carlos emergió, providencial, para despejar. La cara buscada y su envés se habían refrescado a la primeras de cambio.

Suso proyectó un zurdazo tímido en la culminación de una de esas circulaciones en la mediapunta que tanto ansiaban acumular los sevillistas. Y se agudizaría, pese a todo, la apuesta por el control del balón y la conexión de pases. Reguilón engatillaría un cañonazo en el lateral de la red -minuto 57-, al tiempo que los transalpinos se amoldaban al achique en su cancha. Sin embargo, no cabía el respiro y Young chutaba arriba, tras un saque de esquina. Asimismo, el rigor y la coordinación de las subidas de líneas no aflojaban, retando a la lógica de la biología. Porque el derroche energético resultaba ya impresionante. Es por ello que se reivindicaba, más que nunca, la necesidad de congelar el ritmo.

Ajustó el sistema español para descontextualizar a Lukaku y Lautaro, enfangando la dinámica de transición interista. Al fin se visualizaba el advenimiento del centrocampismo, para regocijo de Banega. Sería un espejismo. Hubo Bono de ganar un mano a mano clave a Lukaku -minuto 65-. El belga se escapó de Diego Carlos en una carrera que empezó en la medular y finalizó topándose con el meta marroquí. Y el cansancio evidenciaría un mayor golpe en el mediocentro andaluz y la movilidad de Barella y Gagliardini descosía las costuras del Sevilla en este punto. En consecuencia, se granjeó más peso el segundo clasificado de la Serie A a 20 minutos de la conclusión. Ocampos, lesionado, dejaría su sitio a Munir.

En semejante erosión, para ahondar en el misticismo hispalense, Banega pondría su anzuelo en forma de falta lateral puntiaguda. De Vrij despejaría con pobreza de ejecución y Diego Carlos se inventó una chilena que instaló el 3-2 -minuto 75-. Y activó el paroxismo español. Lukaku ayudaría a que se colara el remate de un brasileño que se resarcía de su rendimiento previo. De inmediato, Conte metió a Eriksen, Alexis Sánchez y Moses -por un gris Lautaro, Gagliardini y D'Ambrosio-, y el 'Mudo' Vázquez sentaría a Suso. El bloque italiano se descubría en una contrarreloj agónica.

Koundé inauguró el desenlace con un cabezazo desatinado -sin marca-, a pase de un Banega quirúrgico. Y el central francés sacaría sobre la línea de gol un remate de Alexis Sánchez, minutos después. La épica sería el territorio a recorrer antes de alzar la copa. Gudelj, En-Nesyri y Candreva tendrían su oportunidad -por un Diego Carlos roto, De Jong y Godín- en un decantar en el que los nerazzurri protagonizarían los ataques, empujando sin clarividencia. Y la astucia competitiva andaluza, en una agonía orgullosa, zanjaría la cuestión con su candado. Bono taparía el intento postrero para festejar la sexta Europa League de su palmarés.

- Ficha técnica:

3 - Sevilla: Bono; Jesús Navas, Koundé, Diego Carlos (Gudelj, m.86), Reguilón; Joan Jordán, Fernando, Banega; Suso (Franco Vázquez, m.77), De Jong (En-Nesyri, m.85), Ocampos (Munir, m.70).

2 - Inter de Milán: Handanovic; Godín (Candreva, m.90), De Vrij, Bastoni; D'Ambrosio (Moses, m.78), Barella, Brozovic, Gagliardini (Eriksen, m.78), Young; Lautaro (Alexis Sánchez, m.78), Lukaku.

Goles: 0-1, M.5: Lukaku, de penalti. 2-0, M.12: De Jong. 2-1, M.33: De Jong. 2-2, M.35: Godín. 3-2, m.74: Diego Carlos.

Árbitro: Danny Makkelie (Países Bajos). Amonestó a los sevillistas Diego Carlos (m.4) y Banega (m.44), y por parte interista a su entrenador, Antonio Conte (m.18), Barella (m.41), Basconi (m.55) y Gagliardini (m.73).

Incidencias: final de la Liga Europa 2019-20 disputada a puerta cerrada en el Estadio de Colonia (Alemania). Césped en perfectas condiciones.

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