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DESDE ULTRAMAR

Canasta mexicana con 65,816 muertos

jueves 03 de septiembre de 2020, 20:23h

Iniciando el mes patrio en México, nos lo empezamos con tres temas que merecen atención: la cifra de muertos por covid-19, el informe presidencial que mandata la Constitución federal y el jaloneo consecuente.

Y es que conmemorar, por ejemplo, el 75 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial este 2 de septiembre, no era tan atractivo en el colectivo, como los asuntos candentes aludidos, que no por serlo puedan tener un alcance internacional, mas nos aportan elementos de reflexión. Una reflexión que no necesita insultar a nadie para consagrarla. Implica, exige esa diferencia elevar el nivel del debate. Así pues, soy de quienes sostiene que las medidas adoptadas desde marzo pasado por el gobierno de López Obrador en torno a la pandemia, fueron las correctas. No las suficientes, acaso. Aun con el margen de error sabido por todos nosotros, consistente en que ningún gobierno ha acertado al cien ante un hecho tan inédito como este virus. Que nadie lo olvide. Y nadie, es nadie.

La realidad de un no confinamiento obligatorio seguido de la irresponsabilidad colectiva de quienes pudiendo guardarse, ni se cuidaron ni les importó –hoy mismo he visto a un tipo corriendo muy deportista, con gafas de sol y sin cubrebocas– acaso habrían necesitado una ley marcial que todos al día de hoy repudiarían, tanto como hoy lo hacen por su ausencia. ¿Hubiera bastado para recluir a todos en México? Lo cierto es que la cifra de muertos por COVID-19 asciende al 2 de septiembre a 65, 816 muertos en un país de 120 millones. No es consuelo decir: pero son menos, proporcionalmente al total de población frente a otros países, pues son y punto. Y no seré políticamente correcto: no pierda usted de vista que entre tantos muertos, pudo ser gente contagiada hace 45 días o poco más, pero ya dentro de los periodos de restricción, ante la evidente emergencia, y es que es eso: ¿no se resguardaron? o ¿hubo un total descuido en ellos, mientras la pandemia proseguía y cambiando de semáforos, se advertía de no bajar la guardia? Cambiar semáforos no quería decir que todos salieran, sino que solo se dosificaban enfermos y camas disponibles. Y lo sabíamos y se dijo. Nadie podía argüir desinformación. Ni nacional ni internacional. Tamaña deshonestidad sosteniendo que sí, es aborrecible y muchas veces encubre otra cosa: que a alguien fastidia este gobierno por causas muy ajenas a esta pandemia. En mi experiencia es lo que me he encontrado. Y hay gente responsable y no la hay.

Si los estados de la República, encabezados por gobiernos opositores al federal, irresponsables querían evadirse de la corresponsabilidad de coadyuvar con medidas preventivas –sin proponer un verdadero plan alternativo– y solo han obtenido el ridículo público y dos de tales gobernadores, contagiados. Es evidente que su apuesta “inteligente” ni existe y no podemos secundarlos al ver a ese par.

Entonces nos queda tener las medidas adoptadas por el gobierno federal, que, como sea, no parecen mejor recibidas y no están articuladas del todo, y más que van saboteadas o no secundadas por aquellas provincias. Unas cuyos partidos gobernantes apuestan a cargarle los muertos a López Obrador, como si ellas no fueran corresponsables en gran medida, como lo son por omisión y por mandato de ley. Así que es una estupidez mayúscula atribuírselos al presidente por mezquinos intereses políticos, porque orilla a preguntar: ¿en serio la muerte de un ciudadano que ocurrió hace 15 días, con sus 15 previos de padecimiento y los 15 previos de incubación, luego de meses en los que sucede esto ya dentro de la emergencia, hacen responsable a López Obrador? Periodo en que las autoridades de toda laya les dijo cuidarse. ¿Es culpa de un presidente? La tontería crece exponencialmente cuando opositores a López Obrador se han atrevido a decir que sí, por no usar cubrebocas el mandatario. A mí como desde chiquito me enseñaron a responsabilizarme de mí, esto me rebasa. Se lo cuento otra vez: hay la persona que sostiene “es que este gobierno (que no le agrada de siempre) nunca nos dijo de la gravedad del virus”. ¡Ah, caray! hay que ser muy carota, muy anacoreta o un reverendo idiota para sostener eso y que no sabías las consecuencias del virus mortal. No hay forma de evadirse culpando a terceros. No de esa manera tan infantil. Lo que hay es confinamiento que se prolonga en lo que cabe por esos que evaden su responsabilidad. Yo sí señalo a una sociedad indolente. La que pudo resguardarse y cubrirse y no lo hizo, como a la primera causante de una pandemia prolongada y con un altísimo número de muertos.

Sí, en efecto, me habría encantado que ni hubiera un solo fallecido y sí mejores medidas de atención ante un virus extraño para todos; y medidas gobernantes más estrictas hacia la gente. Sí, para México también habría sido fantástico mejorar las condiciones de equipamiento hospitalario y urbano que en otras condiciones nos hubiera aligerado la carga, tal vez; y contar con seguros de desempleo colectivos y acaso, con más médicos y mejor protegidos como sucede en otras latitudes, porque nos creemos que así es sin más, y que mi gobierno le hubiera dado a todos dinero para no trabajar hasta que hubiera vacuna. Como dicen que sucede en tantas partes. Y ya dejar para luego el ver cómo se supone que tanta belleza se terminaría pagando. Porque eso cuesta y se ha de pagar.

No ha podido ser. Y pudo serlo tanto con el concurso de todos. No lo del seguro de desempleo, sino cuidarnos más. En un país sobreendeudado, saqueado y politizando medidas tomadas, ya me dirá. Entonces vamos a la realidad: si en gran medida se solucionaba esto reduciendo el número de fallecidos, por cuidarse, no haciendo fiestas ni reuniones familiares, limitando las salidas a la calle y el contacto colectivo, y no sucedió así y eso sí estaba en nuestras manos, es muy deshonesto decir: López Obrador tiene la culpa. Para responderles: ¿perdón? ¿cómo dijo? Menos cinismo, por favor para ocultar su carencia de civismo colectivo. Y también me habría gustado más autocrítica del gobierno mexicano, pero por igual obtenerla de los ciudadanos y parece que nos quedaremos con las ganas de ambas. De ambas. Ya no hablemos del verano arruinado para el turismo y lo que falta.

En eso estamos cuando nos amanece el informe gubernamental. Sin lucimientos, sin reflectores, sin grandes cifras ni grandilocuencias dibujando y apenas, un país boyante como en otros tiempos nos lo pintaban sin tampoco serlo, que deja la sensación de que a este gobierno y a su partido les ha faltado defender mejor sus propuestas. Y nos deja a una oposición que le ha faltado ser acertiva, responsable e informada, para poder ser informadora elocuente de lo que no le gusta. Tenemos en cambio una oposición de quinta para una transformación de cuarta, aludiendo a este gobierno. Oposición que demuestra no se mejor que lo que critica y encima, su extravío como oposición es apabullante, ya que no es alternativa. Y esto último es importante. Acomplejada, se limita al insulto y a no proponer algo que mejore la oferta existente. Eso vale para maldita la cosa. Tratándose de la oposición echada a punta de votos en 2018 o impedida ese año para acceder al gobierno, el drama está servido. Como no es mejor esa oposición, no puede proponer nada y lo constatamos a diario. Y a diario también seguimos enterándonos de los detalles de cómo saqueó a México. ¿Entonces?

Lo que sí tendrá que llegar de la mano del gobierno mexicano actual, es un plan de reconstrucción. Sí, como si saliéramos de una guerra, porque eso mismo está viviendo el mundo. Los que sobrevivan tendrán que lidiar con eso y ese plan de acción más nos vale que sea lo más acertado posible, dentro de su gigantesco margen de error. No sé si López Obrador no quiere plantearlo o no quiere equivocarse, porque no elucubro con lo que no me consta. Mas es verdad que ningún gobierno saldrá bien librado de esto, así que más vale que inicie López los deberes, pues no hay tiempo para pensárselo demasiado y mucho menos, para no actuar. Incluso con errores. Y que permanezca la reclusión mientras no haya vacuna. Es cuanto.

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