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DESDE ULTRAMAR

México: exsecretarios y farmacéuticas

jueves 17 de septiembre de 2020, 20:04h

El pasado 9 de septiembre ocho exsecretarios de Salud de México, descubrieron el agua tibia. Tan supuestamente brillantes, merecerían el premio Nobel a la idiotez. Por lucrar políticamente con esta pandemia.

Ligados a gobiernos al frente del país pertenecientes a los dos partidos políticos anteriores (PRI y PAN) y adversarios al actual gobierno nacional y su partido (Morena), lanzaron sus esperadas, pero muy poco originales críticas a la gestión de la pandemia en México en lo tocante a las presentes autoridades que no les cuadran y a las que heredaron la mediocridad de su gestión sanitaria y sus medidas desmanteladoras del sistema de salud pública en México. Esos ocho gestores son sus mejores representantes. Porque sépase, no fueron brillantes, su grisura está comprobada y hubiera sido preferible que guardaran silencio ante la turbiedad de sus gestiones en el sector salud.

Una mediocridad que los descalifica para dar el más mínimo consejo. En la lista figuran impresentables como José Narro o Julio Frenk. El primero con sus hospitales dejados en cascaron y no equipados, como lo hicieron sus colegas en el cargo de secretarios de Salud –aunque todos cacarean de haber construido muchos– y el segundo ligado a las farmacéuticas internacionales, cuyos jugosos negocios de venta de producto en México, son de escándalo, modus operandi solapado por los ocho aludidos. En efecto, esas empresas monopolizaron venta y distribución, fueron alter ego del sistema sanitario público, vendieron a costos exorbitantes admitidos y pagados con dinero público, mientras de descapitalizaba al sector de salud pública. En el camino se hacían negocios privados a costa del dinero público. Un crimen mayúsculo con bata blanca representado en los ocho protestones. De verdad que mejor quedarse callados. Desde luego, como puede imaginarlo, el presente gobierno cortó esos nexos y las farmacéuticas están fúricas.

¿Cómo han respondido ellas? Su empecinamiento por mantenerse ante el hecho de no poder lucrar más con la salud de los mexicanos, las ha conducido a bloquear a México, orillando al mandatario actual a adquirir sus productos en otros mercados, en concreto los medicamentos clave. En efecto, los retrasos resultantes en su aplicación han generado protestas ciudadanas politizadas por la oposición. Y es cierto, de todas formas el sector salud mexicano sigue precario y Amnistía Internacional acusa que es el de más elevado número de muertes en todo el mundo. Es penoso, de verdad. Precariedad heredada de los ochos protestones y que nadie se equivoque. Ahora los ocho exigen que se refuerce al sector salud. Tendrán cara.

Estos exsecretarios de Salud han cuestionado todo cuánto ha hecho este gobierno, reclamando, repitiendo con infinita ignorancia que sus medidas fueron tardías, cuando la OMS reconoció su prontitud y eficacia. Le digo que no rebuznan solo porque no entrenan. Lanzan 14 propuestas para combatir la pandemia, 14 hasta eso, porque ahora sí trabajaron o lo simulan, las cuales no están para dejarnos sorprendidos. Ruborizan por sus simplonas maneras. Usar cubrebocas obligatorio o elevar el número de pruebas de diagnóstico –ambas medidas cuestionadas en el mundo científico en todo el planeta, alertando de al menos, la existencia de un debate sobre su eficacia– les sirve de acicate para abrir la boca. Lo único sensato de sus aseveraciones es cuando afirman que la gente al no protegerse ni concienciarse, es altamente corresponsable de la pandemia y de que no amaine. Menos mal que en eso aciertan. Que nadie olvide que este gobierno lleva meses pidiendo quedarse en casa si no es necesario salir y evitar aglomeraciones. Más de 70 mil muertos acusan a una sociedad indolente. Sus fiestas, procesiones, encuentros y salidas, la delatan.

Culpan estos exfuncionarios al unificado sistema de salud del gobierno López Obrador –un modelo contrario en consecuencia, a los intereses de las farmacéuticas internacionales, que estos brillantes exsecretarios cobijaron, prohijaron, solaparon, cosa que cuestiona su gestión al completo– y claman los exsecretarios tan bien pagados en su día, para que exista un ingreso vital general mínimo dado por el Estado, para que toda la sociedad pueda parar, quedarse en casa y no incrementar los contagios. Todo esto les sugiere que en 8 semanas cortarían la pandemia en México. Callan a conveniencia o por la infinita ignorancia que los reviste, que dar esa ayuda implicaría un sobreendeudamiento en un país sobreendeudado como el que dejaron los gobiernos a los que pertenecieron. Es complicado pretender endeudarlo más.

Justo en abril pasado desde el sector empresarial se propuso sobreendeudar más a México, para que el gobierno –no los empresarios, no de su bolsillo– diera un sueldo que facilitara quedarse en casa. Tan “loable propuesta” callaba que eso cuesta y lo acaba pagando el ciudadano, como ya les paga a esos altos empresarios una ayuda ilegítima, leonina y miserablemente corrupta llamada FOBAPROA, que desde los noventa apoyados por el PRI, les cubre sus deudas. Sí, dinero público para solventar deudas privadas. Esos mismos lloriquean que el gobierno actual se sobreendeude, mientras lo causan y acusarán de dar ayudas a la gente por ser populista, chavista y comunista. Ese sueldo propuesto sería otra ayuda. Tendrán cara. Y vienen estos exsecretarios a decir bobadas que abonan a confirmar su pequeñez, su descaro e incompetencia. Que sí, que la ley del FOBAPROA se aprobó por sus secuaces, para que todo estuviera en regla. ¡Faltaba más! Y lo que hay detrás de tanta marrullería es un simple “te protestamos porque nosotros no estamos al frente embolsándonos todo lo que se pueda”. Nada más. Fueran ellos, serían perfectos, no lo dude, dicho con sarcasmo visto lo visto.

Desde el gobierno mexicano se les ha respondido con la sorna debida, en voz de Hugo López-Gatell, el subsecretario de salud equivalente a Fernando Simón, en España: tanta brillantez amerita que la eleven a la OMS, pues la Humanidad merece saberla. 8 semanas, dicen. Ustedes, los que desmantelaron el modelo de salud pública en México. ¡Vaya genios! Palabras más, palabras menos. No se nos olvida que en el estado de Veracruz un gobierno priista se robó todo, mientras engañaba dando agua a niños con cáncer.

Cuando uno oye a estos exsecretarios dando lecciones, representantes de los gobiernos del PRI y del PAN, entiendo porqué entre los comparecientes no figura el último secretario de salud presentable que fue Juan Ramón de la Fuente. No solo no, por ser en estos momentos representante de México ante la ONU –muy oportuna su presencia, gestionando ayuda a México– sino que su ausencia entre esta parvada de timoratos confirma que él sí tiene cerebro y no atenta contra la inteligencia de los mexicanos. Aquellos ocho, sí.

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