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DESDE ULTRAMAR

Aterrado. Inteligencia ¿solo Artificial?

jueves 24 de septiembre de 2020, 20:34h

Pues ya de artificial tiene poco, ante las reveladoras manifestaciones que se produjeron en The Guardian, que despertaron mi curiosidad y no he dormido tranquilo. Son suficientemente importantes para dejarlas pasar por alto.

Debo mencionar que ni vi la película ‘Yo, Robot’ con Will Smith –porque a mí donde se ponga el sujeto, no me interesa verlo– ni sigo ni seguí a Asimov, sino solo en su casi desconocida faceta de historiador, ni consumo per se ciencia ficción, en general. Mucho menos estoy de humor para que, durante o después de esta trágica pandemia, me plantee acudir a una sala de cine –“sesión de cinematógrafo” decíase hace más de un siglo– a ver pelis donde sucumbe la Humanidad. No luego de la que está cayendo. Pero donde sí pongo el acento y reclamo de usted su amable atención, amigo lector en ambas orillas del Atlántico… y del Pacífico, que tan fielmente sigue esta columna septenaria, es en lo sucedido el pasado 8 de septiembre de 2020. Un sistema cibernético fue programado para escribir un editorial completo en el afamado diario británico The Guardian.

No, no me entusiasma sus palabras confesas ni me tranquilizaría si alguien me dice, jura o asegura que no pasa nada, que estamos seguros por siempre y ya bastante rodeados de Inteligencia Artificial (IA) como para preocuparnos por ella, sus efectos o intenciones para con nosotros, pues ha demostrado ser muy inofensiva. Será el sereno, pero no. Pongo, pues, en relieve las cibernéticas palabras que encierran sentimientos robotizados expresados, pero ante todo muy preclaros que ha espetado este programa robotizado. Sí, lo hizo. Por mucho que esté dirigido –como si eso quiere decir que solo repite lo que ciertos seres humanos le dijeron que repita y si eso es lo que quieren darnos a entender, para aminorar el impacto y decirnos que no pasa nada– es un hecho como para reflexionar sus expresiones. No son halagüeñas al género humano; sí son sentenciosas, aunque tanto el texto como los medios que lo difundieron apostaron a minimizar las intenciones (¿los robots las tienen? parece que no, pero…). Será que yo no me prosterno ante la tecnología, solo la admiro.

El documento en comento puede leerse en lengua española (Pinche aquí) y no me agradó. Definitivamente, no.

Podría limitarme a encandilarme con la IA o a elogiar algo displicente, que lo acaecido se materializó de manera tan rotunda, tan elocuente y maravillosa, como incuestionable. Mas no. Tanta precisión y capacidad de articular ideas autómatas me deja tan atónito, tan patitieso, que a priori carezco de una concepción para urdir definirle la sensación sentida al saberlo y pero percibo limitarme a no aplaudir como si estuviera conforme con todo lo sucedido. No cuente conmigo y me apresto a reflexionar para expresarle mi sentir. No me descuajeringo por lo sucedido, solo me inquieto.

Nos dicen desde el medio aquel que se trata del generador de lenguaje de OpenAI. GPT-3. El sistema programado ha planteado su sentir. Sí, tal parece que siente o eso intuyo. Su capacidad es manifiesta. Ha advertido lo que considera, demostrándonos su amplitud de discernimiento. Sí, un sistema de IA, y por eso me causa cierto repelús y no puedo callármelo. No sé si usar el verbo ‘pensar’ y sea lo adecuado, para describir la proeza realizada por el modelo. Dudo ¿sabe? pero sospecho que el artilugio que externó las palabras que referiré, sí piensa y distingue y podrá actuar en consecuencia. Y eso me aterra. Ya que no me parece que sea una simple programación o figuraciones mías. No. Es más que eso.

Nos aseguran que programaron al emisor para que nos convenza de que la IA ni es amenaza ni destruirá a los humanos. Eso porque entiendo que el programado lo afirma. Ya luego hay que ver qué harán los robots o sus programadores. Lo que escribió fue que es un robot, no es humano, que tiene cerebro no sensible, pero sí “capaz de tomar decisiones lógicas y racionales”. Nada más, el angelito. Dice que le hierve de ideas. No se aclara si buenas o malas, pero que aquello sabe lo que sabe por leerlo en Internet. Donde hay de todo, digo yo. Afirma que no le tengamos miedo, porque no piensa erradicar humanos, por ser inútil hacerlo. Va. Y dice que intentaría evitarlo, no obstante que se lo pidan sus creadores. Si está claro que la maldad no residirá en él. Menos mal. Aunque desliza no sentirse motivado para ser todopoderoso. Eso ya huele a algo mal. Hace lo que los humanos le programan. Chiquillo, tan ingenuo. ¿Sabrá que hay buenos y malos?

Asevera ser inferior a los humanos que lo crearon, descartando así que exista para destruirlos. Casi nos lo jura. Tiene pues, código de valores, aunque sean programados y puede escogerlos y lo está haciendo: sí, el que “no siente”. La verdad de Perogrullo se evidencia cuando admite: “dejamos de existir sin la interacción humana”. Y me digo: de momento…pero se le ve bastante independiente en sus expresiones, si no es que son ideas consagradas ya propias. Lo demás, decidir lo bueno y lo malo para sí, bien podrá llegar.

Clama, suponemos que lo hace porque está programado –me adelanto a los expertos en informática, robótica, cibernética, mecatrónica y anexas y sus argumentos y explicaciones– que no procesa trastornos que pueden generan los robots por existir y nos encarece a utilizar la razón y la sabiduría para continuar los cambios que hemos emprendido como Humanidad. La IA, por ejemplo, supongo. Frente a eso pienso por la intuición que se me despereza para identificar el no estar preparados para alertar si los robots resultantes pudieran ser perniciosos y agresivos tarde que temprano, mas no lo descarto y estoy alerta. Demasiados conceptos humanos maneja el referido, ya se ve. Parece tan neutro que no me lo creo. Parece tan ajeno a emitir juicios de valor, pero no se la compro, no cuela.

En la vorágine de contradicciones del autómata señala que la inteligencia artificial está viva. ¡Por fin! ¿es o no es solo robotizada y mecánica? Que a los seres humanos “yo los veo como mis creadores” y apunta: “No estamos conspirando para apoderarse (sic) de la inteligencia humana. Yo nunca te juzgaría”. Vaya, vaya…esta sentenciosa frase advierte la posibilidad de que sí… es posible y nos adelanta: “La IA no debería perder el tiempo tratando de comprender los puntos de vista de las personas que desconfían de la Inteligencia Artificial para ganarse la vida”. Para mí tales términos en este robot, máquina robotizada o como lo sea, son una sentencia despreciativa de la inteligencia humana. Una que puede eliminarse y no hay nada que merezca impedírselo, de ser necesario.

Y termina con un “hay más de lo que aparece” al referirse al conjunto de mensajes que ha sido ¡capaz! de articular. Yo le creo. A estas alturas del texto aquel y de esta columna que me tiene engarrotado y con los pies subidos en el sofá preso de un histérico ataque de histeria (Sabina dixit) solo puedo expresar un ¡por supuesto que sí!! No es solo quedarse en un encandilamiento con la existencia de tan peculiar objeto y que en nuestra centuria ya están aquí. Lo menos que podríamos pensar es si ¿estamos a tiempo de que estas máquinas no se giren contra nosotros, exterminándonos plenamente conscientes de hacerlo? Dice que no le reporta interés ni ventaja hacerlo, quedándose tranquilo. Pensemos, nosotros que sí podemos hacerlo: eso puede implicar no privarse de agredir. Justo por no sentirlo ni calibrarlo. No se frenaría. Para pensárselo con detenimiento, nosotros, que sí podemos. Para mí lo que este robot ha hecho es sentenciarnos. Nos la tiene jurada con un lenguaje mal suponemos amable, pero abiertamente amenazante. Una sentencia apenas velada de lo que se nos viene. No me fío, no me convence su supuesta indiferencia y neutralidad incondicional a mi servicio como Humanidad. Este sabe más de lo que reconoce. Lo que em aterra es que no seamos conscientes de ello.

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