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DESDE ULTRAMAR

México. Suprema Corte anticiudadana

jueves 08 de octubre de 2020, 20:28h

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ejerció su facultad legal de convocar a una consulta ciudadana preguntando un tema permitido: si la gente quiere que se enjuicie a los expresidentes. Hay razones. No se puede ser tan lerdo jugando a ignorarlas: han sido sexenios desfalcadores, de sello PRI –para variar, ya sabe– y dos a manos del partido Accion Nacional. Sí, hay desde delitos prescritos hasta evidentes raterías y abusos. Solo si alguien hubiera vivido en la Luna durante estos sexenios, jugaría a fingir demencia. Y desde luego también lo haría si se recibieron grandes beneficios de tales, como luego también sucede, naturalmente.

Consultar no está de más. Recordemos que cuando Fox (PAN) intentó mover algo, el PRI lo amenazó con incendiar el país. Todavía el putrefacto PRI tenía cierto poder. Y desde luego era el más embarrado en corrupción, como lo está.

El presidente no asume juzgarlos –sabe y sabemos que la ley se lo impide– y la Justicia tendrá que actuar si las instancias debidas le dieran elementos. De no darlos, pues no. Lo demás es elucubrar y hacer cuentas de la lechera, jugueteando a ver quién dizque gana y quien dizque pierde con la propuesta y el resultado obtenido. Es caspa, pues. Decir lo contrario es engañar a la gente y eso han hecho muchos medios mexicanos al caso, por la sencilla razón de que no les cuadra López Obrador. Es inamisible que insulten la inteligencia de los ciudadanos, malinformándolos o haciéndose los suecos, carentes de ética.

Como mandata claramente la Ley Federal de Consulta Popular, el presidente ha cumplido impecablemente con el procedimiento de convocatoria de la pregunta a dirigirle a los ciudadanos: envió su consulta a una cámara del Congreso y aquella la remitió a la Suprema Corte de Justicia, facultada para analizarla y enmendarla velando por su constitucionalidad y para no vulnerar derechos humanos. Ha devuelto una pregunta rasurada y extraviada en sus fines. Si llegase a los ciudadanos, no dirá nada del pretendido y aquellos no se enterarían de tal. La Corte jugó su carta política desde los ministros que ingresaron en tiempos del PRI y del PAN, que han respondido a intereses que los castraban. Así que muy poco han hecho los que entraron este sexenio respondiendo a tal, los menos, y sus escasos votos no pueden imponer nada. No lo ignoremos. Lo sabemos y no lo callemos. La Corte –los ministros castrados– canceló la certeza a los ciudadanos y un resultado acorde con una democracia que enjuicia malos gobernantes con una pregunta real, directa, aunque joda a los priistas, sobre todo. Ese es su crimen.

La pregunta de la Corte cambia diametralmente para mal, lo propuesto por el presidente López Obrador. El mandatario preguntó. "¿Está de acuerdo o no con que las autoridades competentes, con apego a las leyes y procedimientos aplicables, investigue y en su caso sancione la presunta comisión de delitos por parte de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto antes, durante y después de sus respectivas gestiones?". Estar o no de acuerdo es potestad ciudadana. Otra cosa es aplicar la ley, no sujeta y no lo está, a consulta. La Corte enmendó el texto presentado: “¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional, y legal para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las probables víctimas?”. Como ve, son absolutamente diferentes. Lo obtenido es una vergüenza que recaerá en la Corte. Además de nunca los ciudadanos ser invocados a decidir nada, esta pregunta conseguida es como si nuevamente no los convocaran. Da lo mismo y eso mancha a la Corte. Es que se gana el señalamiento público y nuevamente lo ha obtenido desde un sector. Su proceder hace que los ciudadanos otra vez, pierdan. Qué vergüenza. Tenemos una Suprema Corte anticiudadana.

Los ciudadanos nunca han sido consultados porque el PRI jamás impulsó una ley en forma, sino hasta 2014 solo de la mano de otros partidos, ya que desprecia siempre la opinión popular –los reiterados fraudes electorales lo demuestran– y menospreciar las consultas populares es su escuela, ya que ni tiene una pizca de decencia ni capacidad para entender la dinámica de una sociedad libre y comprometida que suele despreciarlo igual a él. El PRI solo es sinónimo de censura y cerrazón. Por eso solo pudo obtener la reforma energética de 2013 corrompiendo desde el chantaje a las voluntades de los congresistas, pese a una elevada oposición nacional a ella. Lo normal.

Así, los ciudadanos son quienes perdieron con una Corte que nuevamente los abandona. No expresarán claramente su sentir con una pregunta talada por el máximo tribunal, opuesto a renunciar a sus altos costos, prestaciones y abusivas concesiones pagadas por los contribuyentes y que se muestra otra vez sordo y contrario a los intereses del pueblo de México que clama justicia. Es muy cuestionable decir si el rifirrafe lo ganó López o la Corte. No veo y no hay sometimiento entre ambos. Solo un juego de poder entre poderes soberanos. Dejémonos pues, de alharacas. Lo que no cabe es jugarle al vivo simulando amnesia diciendo ignorar para qué juzgar expresidentes o porqué. Más de uno y sus partidarios merecerían estar en la cárcel y lo sabemos bien. Nada de ignorarlo.

Todo esto es relevante porque la chapuza legal es antidemocrática. En España puede todo esto resultar extraño porque a España se la ha convocado a expresarse sobre la viabilidad de la constitución del 78 o acerca de la permanencia en la OTAN y en otras ocasiones. Así como molestó tanto no ser consultada para apoyar o no a la invasión a Iraq, que solo trajo un ojo morado en Atocha, pero no prestigio. Podemos ponderar la importancia democrática de las consultas populares. No hay más. Son necesarias en una sociedad democrática.

Rinconete: de vergüenza que desde la oposición a López, un intelectual como Francisco Martín Moreno diga que si por él fuera quemaría en el Zócalo, plaza mayor de México, a los seguidores de Morena (partido del presidente) como en los tiempos inquisitoriales. Un sujeto que alardea ser mejor que los morenistas, que presume de ser más inteligente que ellos y que jeremiquea saber de persecuciones ancestrales a su linaje por pensar distinto, sale con esta vergonzante batea de babas, como es su tan descerebrada declaración. ¿Cabe tanta estupidez y odio en un individuo? Pues sí. Reprobable, deplorable. Que se trague sus disculpas ofrecidas ante la crítica recibida. Yo no se las acepto como ciudadano libre en una democracia. No se ha conformado dos años con regañar a quienes libres votaron López. Dice ser mejor y no lo es. Vaya tipo. Sus defensores arguyen que algo peor fue que el dire del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, ante las marrullerías de ciertos personajes de ese sector intelectual, los invitó a abandonar el país. Nunca habló de expulsarlos ni puede. Moreno sí puede instar e inspirar a prender fuego a quienes no comulgan con sus ideas y puede incidir en terceros para ejecutar su odio. La diferencia es clara a todas luces. Serenar los ánimos, vendría bien. Pero comprobamos tener una oposición de quinta frente a su odiada transformación de cuarta. Otra vez.

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