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PARÍS SE RINDIÓ OTRA VEZ ANTE EL GENIO ESPAÑOL

El rey de la tierra conquista su XIII Roland Garros

El rey de la tierra conquista su XIII Roland Garros
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lunes 12 de octubre de 2020, 04:02h
Rafael Nadal arrolló a Djokovic por 6-0, 6-2 y 7-5 e igualó el histórico registro de Roger Federer con 20 Grand Slams.

Quince años han transcurrido desde que Rafael Nadal arribara a su primera final de Roland Garros. En 2005, el mejor deportista español de la historia probó la gloria parisina al ganar al argentino Mariano Puerta. Desde entonces el rendimiento del zurdo se ha uniformado como legendario y este domingo compareció en la renovada Philippe Chatrier para alzar su decimotercera Copa de los Mosqueteros. Una cifra ininteligible hasta para iconos del tenis como Novak Djokovic, su antagonista en esta jornada y compañero de la mayor rivalidad jamás vista en esta disciplina deportiva (se han enfrentado 55 veces, 27 de ellas en combates por un título).

El balcánico se presentó en este evento como el mejor tenista de 2020. No obstante, sólo había perdido una vez (en el US Open, cuando fue descalificado por asestar un pelotazo involuntario a una juez de línea). Sin embargo, tras haber escapado de una agria remontada en las semifinales contra Stefanos Tsitsipas, el serbio se rindió ante una evidencia conocida. "Jugar aquí contra Nadal es el mayor reto que puedes afrontar en nuestro deporte", aseguró. Eso sí, subrayó una variable que podría resultar relevante: las dudas que las condiciones climáticas y el peso de las pelotas han generado en la delegación del manacorí. Aunque el isleño no haya cedido ni un solo set -tampoco en su semifinal frente a Diego Schwartzman-.

La particular atmósfera de la pista central, patrocinada por la pandemia, acogería un nuevo capítulo de la carrera que estos dos titanes están desarrollando para dar caza a los registros de Roger Federer en los Grand Slam. Antes del inicio de esta ilustre velada, el español yacía a un festejo de igualar al helvético, al tiempo que el nacido en Belgrado viajaba a tres muescas de distancia. Cuando todo hubo terminado, después de dos horas y 41 minutos de esfuerzo y con un resultado de 6-0, 6-2 y 7-5, sería el palmarés del isleño el que resplandecería más luminoso.

Los contendientes se remangaron, al abordaje de la distinguida empresa que les citó en esta fecha, dibujando un prólogo intenso. Que avanzaría algunas de las claves de la trama. Djokovic seguiría el plan de acortar los puntos y sembró de dejadas el primer pestañeo ante la querencia del isleño por alargar los peloteos. Y Nadal se escaparía con un 4-0 (dos breaks y tres pelotas de rotura salvadas) que hablaba de las complicaciones del balcánico para ganar puntos desde el fondo. Ni el techo cubierto por la amenaza de lluvia ayudaba a un 'Nole' nublado. El muro instalado en la defensa entregó la iniciativa, rebosante de aplomo, al astro balear.

Planteaba Novak una hoja de ruta que instaba a mezclar el juego para hacer correr al favorito. Un guión pensado para el medio-largo plazo que le forzaba a sobrevivir, mientras tanto, a la velocidad de piernas con que su contrincante arrancó. En este tramo, con los jugadores a la temperatura competitiva óptima, brotarían puntos de excelsa factura. Envueltos en ángulos, lectura del juego y fundamentos técnicos propios de los dos mejores del circuito masculino. Pasada la media hora le entró la primera dejada al aspirante, mas no alcanzó a soltarse el pegajoso marcaje al que fue sometido. Su incomodidad se reflejó en el 40-0 que le remontó el español para volver a romperle el servicio y certificar un 6-0 inesperado.

Hacía cuatro años que Djokovic no le ganaba a Nadal en tierra batida. Y esos fantasmas parecían revolotear en la mente de un jugador que ya exteriorizaba su frustración. El desempeño del zurdo había rozado la perfección, con sólo dos errores no forzados (por los 13 de su rival) y habiendo neutralizado la amenaza en la red. Asimismo, el manacorí se benefició de la pobre gestión de los turnos de servicio de 'Nole' (sólo ganó el 27% de sus primeros saques). Y la inercia seguiría, pues en la subida del telón de la segunda manga, rápido, ofrecería tres nuevas oportunidades de break. Aún así, escapó y ganó su primer juego en 54 minutos de enfrentamiento.

Anheló el balcánico traducir esa victoria coyuntural en el desahogo que desatascara su tenis. Y aceleró, se metió en pista y presionó. En cambio, la faltaba calma y precisión para afilar su icónico resto y localizar huecos de forma asidua. De repente, pasó del 1-0 al 1-1 a conceder otras cuatro bolas de rotura que esta vez sí agradeció Rafael. El lenguaje corporal del emblema de Belgrado correspondía con la impotencia que arrastraba. El viento no había torcido su dirección y la energía del segundo cabeza de serie del torneo no aflojaba. Tampoco su lucidez. Agigantaría su fuga con un 1-5 descriptivo. Aliñada con otro break -doble falta en el momento clave, mediante-, un servicio en blanco y un recital de derechas. Y el segundo parcial se esfumó confirmando los síntomas (2-6): Novak carecía de respuestas, más allá de las dejadas, y le sobraba prisa.

En ese intervalo se recalcaría la tendencia menos pulida de Djokovic. Cometió 14 errores no forzados por los 4 del tenista reluciente en esta tarde parisina. Y debía empezar sacando, contra las cuerdas, en el tercer set. Solventó bien, al fin, el brete para ponerse por delante. De nuevo interpretó que se desnudaba el momento de virar hacia la agresividad, a pesar de que el balear le doblaba en puntos cortos ganados -una muestra más de su versatilidad para amoldarse al contexto-. Con mucho sudor -y otra bola de rotura ofrecida- se mantendría a flote el eslavo y apretó. Mas, sin regularidad ni profundidad, un fallo no forzado (caso 40 sumaba en esta cota) le dejó sin aspirar al primer break de la final a su favor. Y de inmediato padeció un apagón que supuso entregar su saque con un 0-40, para devolver el mando a Nadal (2-3).

Si el manacorí ampliaba su tensión competitiva y concentración no se le escaparía el título. Pero Novak se desenvolvería sin red, arriesgando en cada raquetazo. En esta posición sacaría golpes extraordinarios y a las dos horas y 10 minutos pudo romper el saque del zurdo. Degustó una inyección anímica, se colocó 4-3 cuando se asomaba al abismo en su quinta final francesa y se lanzó, constriñendo a Nadal a ejecutar las defensas más exigidas del día. Debía refrescar la muralla desde el fondo el genio nacional para anestesiar la metamorfosis trabajada por 'Nole', que había puesto sobre la mesa la esencia de su talento para equilibrar la dinámica.

Con el cansancio actuando como marco, el guerrero español se desfondó en la pugna por bajar el ritmo de la reacción contrincante. Y lo consiguió, transitando entre la anestesia de los peloteos y la verticalidad que discutía la modificación del guión. Así, con 57 minutos del tercer set, arrancó un break en el undécimo juego para fijar el marcador en 5-6 y saque para abrazar otra gesta. Ahí, con todos los focos, envenenó sus saques y no dejó escapar a la presa. Redondeó su labor acomplejando a Djokovic para ser imagen del paroxismo por enésima vez. Venciendo, también, al impacto psicológico que causó en él el coronavirus (estuvo seis meses parado desde que ganara en Acapulco el 1 de marzo).

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