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DESDE ULTRAMAR

Ha muerto Mario Molina

jueves 15 de octubre de 2020, 20:10h

El fallecimiento del premio nobel de Química (1995) mexicano-estadounidense Mario Molina, acaecido el pasado 7 de octubre, fue recibido con gran pesar dentro y fuera del ámbito científico. Sus estudios e investigaciones que profundizaron en el conocimiento de la descomposición causante de la perforación de la capa de ozono, le merecieron obtener el galardón compartiéndolo con Paul J. Crutzen y Frank Sherwood Rowland. Como suele pasar, su sencillez primó y su palabra pesó, sin permitirse ser rehén de intereses políticos, pues era atractivo para usarlo como ariete por gente menos pensante y carente de ética, desde luego. Y sí, cuando los vivales astutamente pudieron, aprovecharon para utilizarlo. Deplorable. Molina siempre fue cauto al respecto. No tenía ni un pelo de tonto.

Se trató de una persona que para continuar sus arduas tareas investigativas se nacionalizó estadounidense y merced a los apoyos obtenidos en Estados Unidos, alcanzó el reconocimiento que acompaña al citado honor. Sus labores detallando el boquete causado en la capa de ozono alertaron al mundo de los graves efectos a causarse por los rayos ultravioleta, incitando a la acción en pro de lanzar documentos como el polémico Acuerdo de París.

Cuando ganó el nobel era estadounidense, aunque inapropiadamente la prensa vespertina de la Ciudad de México le colgaba el milagrito a México aludiendo a su origen. No fue correcto hacerlo. La intentona solo nos recordaba puntillosa a la fuga de cerebros que cual mal endémico, padecen nuestros países. Lo que es y cual bofetón en el rostro. Una vergüenza, pues.

Empero, en cuanto Molina tuvo la oportunidad de recuperar su nacionalidad mexicana, lo hizo, al entrar en vigor la ley de 1998, que dispone conseguirlo, y adquirir otras ciudadanías sin ya perder la mexicana, al ser compatible una cosa con la otra. Haberlo hecho lo honra y lo reconvirtió en mexicano. Loable, sin duda.

Así, poseyendo ambas ciudadanías pudo acceder a sendas tareas de asesoramiento, porque fue tal su capacidad y su sapiencia, que le permitieron pertenecer tanto a consejos científicos de México, así como de Estados Unidos; primero con Vicente Fox y después con Obama. Eso habla de su nivel.

Sus opiniones rara vez fueron polémicas, pero nunca indiferentes a la colectividad en su conjunto. Las más, acertadas. Su sencillez –propia de los grandes que aun sabiéndose tales, no se crecen– era reconocida y su capacidad para explicarse, más aún admirable.

Su partida en momentos tan pesarosos para todos, con la ciencia a matacaballo buscando frenética una cura, una vacuna eficaz contra el COVID-19, nos hace lamentar profundamente su deceso, porque justo son esas mentes las que permiten avanzar a la Humanidad. Su ausencia solo podemos sentirla. Insistió en el uso del cubrebocas en los tiempos que corren. Tomémosle la palabra y portarlo sirva de homenaje a su persona.

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