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DESDE ULTRAMAR

Bolivia y Cienfuegos

jueves 22 de octubre de 2020, 20:16h

Se empalman dos notas de palpitante actualidad: el triunfo en las urnas de Luis Arce en Bolivia– un exministro cercano a Evo Morales– y la captura de “El Padrino”, como apodaron al exsecretario en retiro de la Defensa de México en el gobierno priista de Peña Nieto, Salvador Cienfuegos, acusado de lavado de dinero y distribución de drogas a Estados Unidos, capturándosele en ese país. Empecemos por Bolivia, que ha refrendado un triunfo cuestionado un año antes.

Vista a la distancia la nación hermana, la inestabilidad, romper la institucionalidad, pero también forzar las cosas y la voluntad del pueblo boliviano, ganase o no Morales en 2019, fueron hechos ampliamente repudiados. América Latina está hasta el moño de atropellos y de golpes de Estado, vengan de donde vengan o cómo los denominen. Bolivia demuestra que la región no es pasiva a ello. El papel de la OEA ha sido peripatético –México ya la acusó de intervencionista facciosa en la asamblea virtual del organismo– y no sería Pompeo ni los yanquis gracejando desde Washington, quienes impusieran lo que solamente los bolivianos están llamados a decidir, como lo es la dirección hacia dónde debería de caminar Bolivia, cuya imagen en el exterior no prestigió la presidenta transitoria Añez, que no pudo sacudirse ni la sombra de golpista ni la negada capacidad negociadora.

Para acercarnos a la realidad boliviana, generosamente mi amigo Marcelo Camargo Zenteno, profesor investigador de la Universidad Católica Boliviana, experto en Historia Social, comparece ante ustedes a testimoniar lo ocurrido:

“Los resultados de las elecciones del 18 de octubre de 2020 han sido sorpresivos para una parte de la población, incluso para el triunfante MAS (Movimiento al Socialismo). Sin embargo, en un país tan diverso como Bolivia, ello es el reflejo de la falta de conciencia que tenemos unos de otros, de no reconocer necesidades, realidades y preocupaciones distintas a las de nuestras burbujas. En los sectores rurales ven el triunfo como positivo. La clase media urbana, en general, ve el resultado con incredulidad. Otros sectores de la población cuestionan el resultado, incluso aludiendo un nuevo fraude y llamando a movilizaciones.

Queda claro que: 1) la oposición al MAS no fue capaz de generar unidad ni propuestas claras para atraer a la población; 2) los resultados de las elecciones de 2019 y los 21 días de movilizaciones posteriores, no cuestionaban toda la propuesta del MAS, sino fueron en rechazo a la tercera repostulación con la actitud soberbia de Evo Morales, quien desconoció la voluntad de la mayoría de la población expresada en el referéndum de 2016. Esta vez el MAS enfrentará un panorama diferente a sus anteriores gobiernos, sin la bonanza económica por los precios elevados de hidrocarburos, con una crisis sanitaria latente y sumado al apoyo de una parte de la población el ahora constante control de otra parte, dispuesta a movilizarse, a interpelar y a ya no guardar silencio.

El Presidente electo deberá ser posesionado a mediados de noviembre (se está mencionando el 15, aunque no está confirmada la fecha). En sus inicios el gobierno transitorio gozó de mucha legitimidad, pues representaba la lucha de 21 días de la mayoría de la población en todas las zonas urbanas del país, que cuestionaba la corrupción en 14 años de gobierno del MAS y la repostulación de Morales. Poco a poco perdió apoyo y considero que ello sucedió por los siguientes motivos: a) El discurso agresivo de algunos ministros del gobierno Añez, que parecía más revancha o venganza que uno de pacificación; b) Múltiples manifestaciones y enfrentamientos entre vecinos, prácticamente en todas las ciudades y la cuestionada actuación policial; c) Denuncias de corrupción, destacando los sobreprecios en la compra de respiradores, así como la deficiente gestión sanitaria frente a la pandemia; d) La candidatura a la presidencia de Janine Añez (la presidenta transitoria), quien luego declinó su postulación; e) La aprobación del marco normativo para el ingreso de transgénicos en Bolivia, que también incidió en los gigantescos incendios en las zonas de la Amazonía, Chiquitania, Pantanal y Chaco; g) El fundamento de la extensión del periodo del gobierno de transición, que se debió, por un lado, a las dificultades de planificar en un corto plazo a un proceso electoral, siendo que varios vocales del Órgano Electoral Plurinacional renunciaron o fueron procesados por fraude y luego, por la pandemia se reprogramaron nuevamente las fechas de elecciones”.

Al respecto de lo expresado, el profesor Camargo apunta:Simplemente añadiría que el fomento a las actividades extractivas y el ingreso de transgénicos también se promovió durante los gobiernos de Evo. Por otra parte, la pandemia evidenció que durante 14 años no se invirtió en el sector salud ni en infraestructura ni equipamiento ni tampoco items de personal sanitario. El gobierno de transición en términos reales fue una prolongación de las políticas públicas del gobierno de Evo, en cuanto a agronegocios, a crecimiento de la frontera agrícola, minería ilegal. También es evidente que durante el gobierno de transición se incautó mucha más droga (principalmente, cocaína) que en gestiones pasadas.”

Lo manifestado y mucho agradezco, nos acerca a la realidad puntual de una sentida nación que merece caminar con renovados bríos y apela a la estabilidad que celebramos en la región latinoamericana. Respetar la voluntad del pueblo boliviano y la no injerencia, se torna en elementos torales en estos momentos decisivos.

Cambiando de tercio, la captura sigilosa de Cienfuegos –no informada a los dos gobiernos, mexicano y yanqui– es una nueva enlodada en el rostro del PRI, si es que le queda un ápice donde embarrársela. Otra vez. Parece increíble que confirmemos los mexicanos que el PRI tiene nexos con el crimen organizado y sostuvo a una persona inapropiada en un cargo estratégico por un sexenio priista entero. Eso es lo ofensivo: el PRI es cómplice y eso explica su patético silencio ante la bochornosa detención. Prefirió exaltar un pírrico triunfo electoral en dos entidades saqueadas por priistas y tratadas cual sus cortijos, Coahuila e Hidalgo, que asumir su responsabilidad por Cienfuegos, que la tiene y no puede compartirla. El desastroso sexenio de Peña Nieto sigue trasladándonos facturas.

Washington investigó a Cienfuegos como a Peña Nieto, el candidato y el presidente, olfateando evidencias de colusiones. Porque está claro que no querían saber cuál marca de dentífrico usaba el mandatario mexicano. Y hete aquí a su ministro de defensa, cercano, escogido por él, que hoy se paga fianza de 750 mil dólares y abogados que cobran lo que cobran, sorprendiéndonos su despliegue económico para pagarlos, por mucho que tenga 50 años en el ej

ército, donde no siempre fue ni general ni de cuatro estrellas. Y acaso todo esto explica porqué el PRI ni traía soluciones a la violencia propiciada por el crimen organizado cuando regresó en 2012 ni lo siguió combatiendo a partir de 2015, mientras acallaba a los medios para que no perjudicaran la imagen de Peña, porque ya sabe, el PRI vive de imagen, no de resultados valiosos y duraderos incapacitado para entregarlos. Cienfuegos ha enlodado a las Fuerzas Armadas injustamente, no sus críticos. Y de ser verdad sus nexos ha puesto en riesgo la soberanía del Estado mexicano, y no sus señaladores. Que nadie se equivoque. Y todo bajo las siglas PRI. Cualquier ciudadano de a pie debe sentirse avergonzado por todo este panorama que merece todo el repudio hacia tales cifras que han sido un mal brutal a México.

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