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DESDE ULTRAMAR

Biden... que tampoco vende piñas

jueves 12 de noviembre de 2020, 20:01h

Pues perdura el embrollo y algo el impasse. Joseph Robinette Biden Jr., Joe Biden, a sus 77 años al día de la elección, con 78 al asumir el cargo, católico igual que lo fue Kennedy y exsenador y exvicepresidente de su país en tiempos de Obama, pinta para ser el segundo presidente de origen pensilvano de los Estados Unidos (James Buchanan fue el primero) si el neoyorquino Donald Trump termina por perder las impugnaciones entabladas intentando ganar a la desesperada, esas mínimas diferencias en votos que le permitirían permanecer en la Casa Blanca. Y de no lograrlo, entonces Biden lo conseguirá sin que se le conozcan grandes hazañas ni antes ni después de los cargos referidos. El presunto ganador es de perfil bajo, pese a su inmarcesible sonrisa de a millón y de la cual desconocemos si le valdrá para resolver tantos entuertos causados por su impresentable predecesor, que es retroceso, dejándole un escenario atroz por enfrentar. ¿Qué hubo fraude en las elecciones, dice? Ni que las organizara el PRI de México.

No, no está para morirse que Biden sea el ganador y como se insiste en que es pedófilo, confirmará que le recuerdan más por eso que por inexistentes grandes acciones que justifiquen su triunfo, porque su trayectoria pública es gris como el cemento y lo dejo en eso, que lo otro no tengo manera de acreditarlo y porta la chamusquina de campaña negra, mientras no se demuestre lo contrario. ¿Qué Biden responde a grupos de élite y camorristas? Como los Bush o los Clinton o Trump, como todos los anteriores; y Trump tenía bajo su mando al Rex Tillerson y al otro orate de Bolton y al antimigrantes Miller, que por menos deseaban invadir Venezuela y endurecer medidas contra los Derechos Humanos. Ya Biden responderá a los intereses que lo catapultaron. No llega al puesto solo porque los votantes le dieran su apoyo, ya que eso está claro que no, como siempre sucede.

El vergonzoso circo electoral proveniente de los Estados Unidos deja asombrado para mal a cualquiera que tenga espíritu democrático. Y es que para haber renunciado a su sueldo, no verse tan entusiasmado en la presidencia y haber tenido tantos problemas con su equipo de trabajo –que delataban incapacidad y desconocimiento– que ahora se aferre a ser presidente, resulta llamativo y patético en el atrabiliario Trump. Y si encima nos obsequia sus acusaciones infantiles de fraude al sistema al que se debe, enlodándolo más, resulta desparpajado, atropellado en su cierre, atrabancado y desaseado hasta el último momento, como se anticipa. Retirarle el micrófono ha sido adecuado porque no se pueden cacarear tantas sandeces de forma tan irresponsable. Es como quitarle la copa al borracho. Igualito. Clamar censura es faceto y nada más. De cualquier manera EE.UU. demostró que puede invadir rápido, pero que es tardo y moroso contando votos. Da grima.

¿Trump conseguirá imponerse? se antoja difícil, va de cazafantasmas con el supuesto fraude, pero ir recontando voto por voto ahí donde es posible que sean endebles los triunfos de Biden, acaso reditúe. Porque el lector no olvide que el 49% de los electores optaron por Trump. Valoraron aún más la economía que consideran aceptable y el chauvinismo patriotero. Fallaron los agoreros que reclamaron que el racismo de Trump pesaría en contra, porque no pesó, no fue contundente y no desapareció; cosa además grave porque es sintomática de una sociedad que se recarga en el tema cuando lo importante es saber cómo será más competitivo EE.UU., que lo ha dejado de ser poco a poco y cómo conseguirá no enfrentarse con el mundo en su obcecación por imponerse cuando ya el modelo dio de sí. Es decir, cuando solo podría mantenerse por la fuerza. Y eso mientras su sociedad no quiere ceder nada en bienestar a costa del cambio climático, el plástico American way of life, el derroche, los residuos, etc.. Han de encontrar la fórmula y se antoja imposible. Presidentes van y presidentes vienen. Y fallaron los que insisten en que los hispanos le darían la espalda a Trump. Adentro lo ven diferente que afuera y muchos son ilegales. No votan, pues. Entendámoslo.

A Trump, ya se ve, no funcionó ni el arengar su impositivo “América primero” (sic) ni su proteccionismo ni la prepotencia o la amenaza a terceros – es para enmarcar su tuit: “si Turquía hace algo que yo, en mi gran e incomparable sabiduría, considero que está fuera de los límites, destruiré y borraré totalmente la economía de Turquía” – o el ofrecerles una quimera, un absurdo como fue regresar a los Golden Years, situación calendárica imposible como prevalecer los blancos hasta en la tv y el cine, porque necesitarían no tener competidores, una economía sin deudas y un avasallamiento cultural sin respuesta, como antes. Hoy no podrán imponer su modelo, sino como Trump: por la mala y no por benigno o atractivo. Su antimexicanismo no lo habíamos visto en boca de un presidente de ese país. Siempre ha existido, pero no con semejante e insultante talante. Por mí, además de mi repulsa y mi desdén, que Trump pase ya al basurero de la Historia. Así de sencillo. Decirlo no es ni antiyanquismo ni yanquifobia, es solo poner las cosas claras. Y eso jode. Vale, porque ningún mexicano tiene que callarlo.

Desde luego que Biden tendrá que recomponer todo lo deshecho por Trump y no es poco. Trump es afrenta, insulto, racismo, supremacismo blanco, torpeza. Fue un burro en cristalería y eso implica que todo fue dar coses a diestra y siniestra. Y como lo pateó todo y con especial alegría, no le deja un escenario fácil al presunto sucesor. Biden tendrá que curar muchas heridas, recomponer rumbo, dejar contentos a todos y tanto a los de adentro como a los de afuera. Así que bajo esa lógica no la tendrá fácil y sus capacidades están en duda, si es que quiere hacerlo.

A mayor abundamiento cabe mencionar que yo llamo presunto a Biden porque el 7 de noviembre los medios tras leer los votos sin considerar las impugnaciones ya en marcha ni el decir de las autoridades pertinentes, se apresuraron a declarar vencedor al demócrata. Uno entiende perfectamente bien que el mundo, todos, tenemos prisa porque Trump se marche. Mas quepa la cautela. La estampida en pro del pensilvano no lo proclama ganador, legalmente hablando. Habría sido conveniente aguardar la definitiva. Su elección está impugnada y que nadie lo olvide. Hacerlo solo es redundar en una torpeza tras otra. Y tanta decrepitud….

¿Qué muchos mandatarios ya felicitaron a Biden? Qué bien pero qué apresurados. A ver si no nos llevamos un chasco. Por otra parte la mesura en felicitarlo, es más loable. Es el caso del presidente mexicano López Obrador. En México sus opositores han sostenido tres tamañas zarandajas: 1) Que la derrota de Trump es la de López, confundiendo su trabajo como país vecino, institucional, no de apoyo ni de confrontación. 2) Que si los electores echaron a Trump, acá podrían también. Sí, respóndaseles, pero cumplidos los plazos constitucionales, no chasqueando los dedos como pretenden tan lerdos; y 3) Que López Obrador empieza mal con Biden al no felicitarlo. Olvidan que ambos países colaborarán. No tienen escapatoria. Ambos sujetos lo saben. Los opositores, no. Dos diputados yanquis lo increpan, mas en su casa los conocen. No cuentan, salvo en su rancho. Que sepan que es México el país agraviado por el suyo, no al revés, ¡despistados!

Si en verdad ha terminado la desbarrancada era Trump, clamemos un sonoro ¡gracias a Dios! Que se queden atrás locuacidades como quererse comprar Groenlandia a Dinamarca o canjeársela por Puerto Rico o darle desinfectante a los enfermos de COVID-19. Es que ya merecemos un respiro y dejar atrás tanta estupidez y bobaliconadas. Ya ¡por favor! Así que congratulémonos de la posible derrota de Trump, mas quedemos advertidos: Biden tampoco vende piñas, no implica que hay garantía de paz eterna. Solo anticipa que tengamos claro que supone ser otra manera de lidiar al toro. Nada más. ¿Qué Trump regresará? ¿a los 78 años? luego súmele 4 más.¿Biden se reelegirá? ¿a los 81? ¡venga! Kamala Harris tiene 4 años para ponerse a trabajar y construir una opción. Al tiempo.

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