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DESDE ULTRAMAR

Mixtura informativa cual bebistrajo

jueves 19 de noviembre de 2020, 20:17h

El morral se llena de singularidades que ameritan atenderse aguzando los oídos y fijando la vista atentamente. Presento así a ustedes amables lectores en ambos hemisferios, un brebaje informativo tal, quedándome con la primera acepción de bebistrajo recogida en el DLE:«mezcla irregular y extravagante de bebidas».

Los saharauis, Perú, Chile, México y poco más, aparte de una iniciativa extraña de la Comunidad de Madrid, acaparan mi atención siendo imposible omitirlo. Inicio por el eternizado conflicto saharaui. A mi juicio, el intríngulis es una suma de errores y omisiones sancochados con los intereses y desintereses de las grandes potencias. Nada nuevo en mi dicho. El abuso marroquí usurpando la soberanía saharaui, una que no se debe a Marruecos en nada y lo saben en Rabat al reivindicarla equívocamente para sí, priva a ese pueblo de manera injusta de su atropellado derecho a la autodeterminación negada por 45 años, sometiéndolo a una condición de vejación y ocupación de su propio territorio ante la indiferencia de las principales naciones del mundo. De nuevo a trasmano de Naciones Unidas y de acuerdos internacionales, provocando con Guerguerat, el romperse el cese al fuego pactado entre marroquíes y saharauis. Denúnciese, nuevamente. El Frente Polisario reanuda su lucha en pos de defender su derecho inalienable contra el usurpador marroquí.

Cuatro presidentes en Perú en tres años, es demasiado. Sí, resulta envidiable tanto que a alguno le caiga prisión preventiva –ya otros están encarcelados– o que otro fue depuesto por el Congreso. Dicen la corrupción como causa, pero no estoy seguro de si lo es todo. De momento el acto de remover presidentes por la vía legal abona a la democracia, pero no a la estabilidad. Es un arma de doble filo. Por otro lado, muestra una sociedad más reclamante. Ahora: cuando un presidente dura menos de una semana en el cargo, algo no anda bien y no es importante la deposición de presidentes, sino lo que el pueblo peruano quiere destacar con esas deposiciones. No es el caso brasileño del “¡Que se marchen todos!”. La nación hermana merece la estabilidad que le recobre una confianza y una paz social necesarias. Lo que despunta es la pregunta obligada: exactamente…¿qué está en juego? Es que no es solo si tal o cual mandatario es corrupto. ¿Qué más hay? ¿qué entrañan tantos relevos? ¿qué no está ajustando?

El referéndum celebrado en Chile para cambiar la constitución de 1980, elaborada en tiempos de la dictadura pinochetista, es una apuesta conveniente, acaso audaz, aunque desconocemos si devolverá la paz a un país que ha transitado por severos traumas sociales recientes; que lo complejo fue dejar atrás ese periodo negro y acaso reemplazarla adelante más a sus verdaderos beneficiarios. No haberla mudado antes entendemos en el exterior, se debió a la sombra del pinochetismo, larga y estaba alerta de no ser enjuiciado, dispuesto a dar un manotazo regresando al pasado y acaso ahora sea más factible semejante cambio o las condiciones lo ameriten, facilitándolo. Lo digo porque se recrimina la tardanza. Una que, no cabe duda, puede favorecer intereses coyunturales y no de fondo. Lo que sí es verdad es que el mundo hispánico cambia de constituciones como de calcetines. ¿Ayuda hacerlo? A veces revolotea esta idea: ¡¿otra constitución?! Sea pues si en ello va el añorado progreso, la igualdad deseada, la libertad anhelada y la paz y la concordia de todos, pero… ¿otra? Acaso cumplirlas, más que renovarlas, ayudaría más a la causa. El caso chileno es paradigmático al cambiar en plena democracia a una ley fundamental heredada de una dictadura.

Evo Morales ya regresó a Bolivia y puede volverse un jarrón chino para el gobierno Arce –ya se sabe, uno sin saberse dónde colocarlo– y lo de Bolsonaro deja atónito a cualquiera. Dice que la ola conservadora se consolida, pero resulta que su afines no ganaron las elecciones del domingo 15 de noviembre. La izquierda clama una derrota para el mandatario brasileño. ¿Usted lo entiende? Yo tampoco. En cuanto a México, si casi llegamos a los 100 mil fallecidos es porque veo a la gente muy campante saliendo por doquier, autoridades complacientes, ciudadanos irresponsables, que no endurecen medidas de confinamiento o las retan por razones partidistas –irresponsables sin lugar a dudas, en los tiempos que corren– mientras el COVID-19 cumple un año de que fue diagnosticado y azora a la Humanidad. México ha sumado un millón de contagiados y no está para aplaudirse, mas exaspera que la gente siga contagiándose ante mínimas medidas personales de protección y nula actitud de conciencia. Es deplorable. No tengo reparo alguno en señalar a la sociedad en su conjunto. Esa que se evade y dice: es que el presidente no usa cubrebocas, pero que sigue en guateques, andando en patineta por la calle y abarrotando playas. Que no asume, en pocas palabras.

Por último leo aquí en El Imparcial algo que iba a dejar para la semana entrante, pero ya entrados en gastos, lo añado: la nota se encabeza con estas palabras:« Díaz Ayuso quiere contar con Vargas Llosa para hacer de Madrid la capital del español». Me parece chusca y desarticulada la iniciativa, aunque la presidenta de la referida comunidad señale: «(será) un ambicioso proyecto para hacer de Madrid la capital del español en el mundo y, así, contribuir a que nuestra lengua sea cada vez más universal con las singularidades y aportaciones del español que se habla en los países de nuestra común historia y tradición». Y es que suena a una muy mala idea de la polémica señora Díaz Ayuso. Y por varias razones. Primero, porque no cuenta con que no a todo mundo cae bien Vargas Llosa –que lo pondere porque Iberoamérica es ancha, como Castilla y el sujeto está muy desprestigiado por sus posturas políticas en ambas orillas del Atlántico– y eso lo pone en desventaja. Es bastante impopular en muchos círculos. Puede ser un mal embajador por su sola percha. Queda avisada. Que porque viva en Madrid entiendo que es fácil echar mano de, pero debería considerarlo. Segundo: ¿no hay madrileños a la altura para semejante honor pretendido? ¿y con proyección transoceánica? qué contrasentido que fuera Vargas Llosa. Aunque ande a caballo entre dos mundos. Y aun poseyendo dos nacionalidades el aludido, dicho sea. Y como ella dijo Madrid… Conste que no espero que enarbole a la Cibeles, no.

Pero hay más. Luego, ¿mi querida Madrid en exclusiva? Como sugiere una querida amiga de Sevilla: diría un castizo ¿está de coña, la funcionaria? Hacerla capital del idioma español es excluir al resto, ciudades y países. El matiz de «una», cabría y no se ve. ¡Cuidado con eso! el hispano-peruano queda de parapeto y se estrella la intentona con el discurso de la RAE que viene enarbolando hace algunos años aquello de que todos los hablantes, cuentan. Ergo, son iguales. ¿Dónde queda lo dicho, pues? ¿palabras al viento? Es pretensioso poner a una ciudad –la que sea– como capital del idioma común... y no me compensa oír un «pues se nos ocurrió a nosotros, no a vosotros». No sea que se responda eso con un: «la mayoría de hablantes está en América». No. Y si me apura, hay quien dice que el Instituto Cervantes ya debería de abrir sucursal en Barcelona, donde ya retan al idioma referido de forma errática, naturalmente. Urge.

Yo dejaría todo como está. A Madrid bien pueden responderle Buenos Aires, Bogotá, Ciudad de México, La Habana, Lima, Los Ángeles, Nueva York, entre tantas más, si es que estamos en grado de igualdad, como innegablemente lo estamos todos los hispanohablantes. Y no aspiran a tamaña capitalidad. Así que me parece extraordinariamente desafortunada la propuesta. El idioma español tiene hoy muchas vertientes y polos, ritmos y tornavueltas y no puede ya pretender nadie una capitalidad única, a riesgo de no secundarse, de ser a todas luces excluyente, agua de borrajas. Un idioma vivo, dinámico y variado como el nuestro merece diversidad que así se la niega. Desde América rechazo su proposición y mire que en cuestión del idioma soy bastante receptivo y tolerante con todos quienes lo hablan. La propuesta podría ser mejor y positiva si mejor abonara a potenciarlo desde muchos flancos. Y eso sí, no confundamos las cosas: a mí me encanta Madrid, más no la concibo como semejante eje linguocentrista. Ni dentro ni fuera de España. Es cuanto.

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