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TRIBUNA

La estrategia de la araña

lunes 23 de noviembre de 2020, 20:09h

De la araña o de la erosión, que viene a ser lo mismo. Se trata de ir socavando las instituciones, entrando en ellas, directa o subrepticiamente, para ir emponzoñándolas hasta que mueran por efecto de ese veneno que, poco a poco, casi inadvertidamente, se va infiltrando por sus venas, paralizándolas, cambiando su naturaleza, impidiendo que desempeñen su función. Un “golpe líquido” o “golpe blando” podríamos decir, acompañado de “mutación constitucional”, para no evidenciar abruptamente lo que se pretende.

Curzio Malaparte señala como elementos constitutivos de tal acción una operación ilícita, ejecutada desde instituciones de poder, contra el poder legítimo, dirigida a alterar o modificar la estructura del Estado. No se necesita mucha gente para ello. Según Malaparte basta con que unos mil técnicos bloqueen las capacidades del Estado y hagan creer a la mayoría de la población y a los órganos públicos que ello es lo adecuado y que deben mantenerse neutrales o apoyar directamente tal golpe.

No es tampoco necesario, como se afirmaba en la teoría política clásica hasta hace relativamente poco tiempo, el uso de la fuerza para estar ante un golpe a la democracia. El controvertido periodista Thierry Meyssan describe en sus artículos, examinando lo acaecido en diversos países, la doble moral que está en base de ese tipo de golpe; por una parte, se organiza un proceso de movilización que comporta la división de la sociedad mediante la realización de acciones radicales no directamente violentas y, por otro lado, se efectúan acciones más o menos clandestinas, de modo que lo que denomina “trabajo sucio” es llevado a cabo por gente de buena fe, que no se da cuenta de la manipulación de que son objeto; este autor describe también las etapas preparatorias, que comportan la propaganda continuada para deslegitimar a las autoridades e instituciones, el “calentamiento” oportunista de la calle cuando conviene, el uso de diversas formas de lucha y la preparación para la resistencia a la acción del poder primigenio.

Similares observaciones se contienen en la obra del politólogo estadounidense Gene Sharp. El golpe, en su opinión, viene precedido por una etapa de creación de malestar social en torno a un tema o una política determinada, seguida de otra en la que se descalifica a las instituciones acusándolas de violar los derechos democráticos, lo cual va a generar la realización de intensas campañas manipulativas para movilizar a la sociedad y conseguir, de este modo, desestabilizar al gobierno, crear un clima de ingobernabilidad e, incluso, ello puede estar dirigido a obtener la renuncia de los gobernantes o de la parte que estorbe de ellos.

Tampoco, en esta estrategia, es necesario oponerse frontalmente al modelo constitucional vigente, pero sí irlo cuestionando, erosionando, ahora una institución, luego otra, provocando cambios en su funcionamiento ordinario, incluso al margen o en el filo de la ley, es decir, generando de facto mutaciones constitucionales. Estas mutaciones se producen cuando no es posible o conveniente realizar un cambio formal en la Constitución, reformándola conforme a los procedimientos establecidos y se la cambia por la vía de hecho, haciendo parecer que no se cambia, pero tergiversando su significado. Como bien ha advertido la doctrina constitucional desde hace largos años, desde Jellinek o Laband hasta Mortati o Hesse, cuando se produce una mutación la Constitución no cambia su texto, pero sí su significado y, sobre todo, su aplicación. Cuando las mutaciones tocan techo, en un proceso de deconstrucción institucional, entonces ya se puede derribar el sistema o hacerlo irreconocible.

De este modo, no es necesario contar con la mayoría. Una minoría bien organizada, situada en puestos estratégicos, puede llevarse el gato al agua sin que el resto se decida a pestañear. Se pudo apreciar claramente durante el ascenso de los totalitarismos en el período de entreguerras del pasado siglo. El “estado total” de Schmitt, dirigido como bien evidenció Arendt, a lograr la hegemonía mundial, utilizó todos los recovecos del sistema para hacerlo suyo. La araña fue tejiendo su tela, envolviendo melifluamente a sus víctimas y, saliendo de los recovecos de la primera fase, tomó posesión del suculento manjar que para ella representa el ejercicio de ese poder contaminado.

Si a todo ello le añadimos, actualmente, la excepcionalidad que ha deparado la pandemia, facilitando un ejercicio del poder directo y disponiendo de sumisos, cuando no cómplices instrumentos, amplificados por medios y redes de comunicación, no es de extrañar que, uniendo a todo ello el miedo, racional o irracional, provocado por la crisis que padecemos y el control, directo e indirecto, a que estamos siendo sometidos, estemos ante un universo que pensábamos distópico pero que, sin embargo, parece que nos esté esperando a la vuelta de la esquina.

Teresa Freixes

Catedrática de Derecho Constitucional. Vicepresidenta de la Royal European Academy of Doctors

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