www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

AL PASO

Un libro importante sobre el brexit

Juan José Solozábal
martes 05 de enero de 2021, 20:13h
1-Evaluar correctamente el momento constitucional británico tras el brexit es una tarea ineludible. Se imponen, como cuestiones previas, saber qué es lo que quedará de la época prebrexit, la que comienza con la adhesión europea de Gran Bretaña en 1972, y, asimismo, responder a la pregunta de cómo fue posible el brexit, o por qué el brexit acabó en lo que nadie esperaba, a saber, un referéndum sobre la continuidad británica en la Unión que ganaron quienes preconizaban el abandono de la misma. El libro de Vernon Bogdanor, un sobresaliente profesor de derecho constitucional inglés, Britain and Europe in a troubled world, 2020, se propone responder a esta cuestión, que para él equivale a explicar el débil compromiso de los británicos con el proyecto europeo desde sus mismos comienzos, dando cuenta de la escasa compatibilidad entre la cultura política británica y las bases de la Unión o, si se quiere expresar mejor, entre el constitucionalismo británico y el sistema comunitario.

Como digo, antes de abordar esta problema es pertinente tratar de establecer un balance sobre la situación constitucional previa al brexit ,ya que la entrada en la Comunidad y el proceso de descentralización paralelo, con sus exigencias respectivas de la supremacía del derecho europeo, el control jurisdiccional de las leyes, la autonomía legislativa regional y la introducción de referéndum, habían colocado al ordenamiento británico en un estado que poco tenía que ver con la monarquía constitucional que afirmaba la soberanía parlamentaria sin restricción alguna, en los términos canónicos de Dicey. Cierto que a esta situación se había llegado de modo bastante imperceptible y procediendo por medio de reformas acumulativas, que no reconocían abiertamente ni la novedad de la situación creada progresivamente ni el abandono de la situación superada. Baste recordar que todavía en el caso Miller (2017), el Tribunal Supremo confirma la soberanía parlamentaria y que el Parlamento británico no ha perdido la competencia para legislar sobre las materias devueltas a las autonomías territoriales.

La segunda cuestión debe llamar la atención sobre la dificultad de rectificar el ordenamiento constitucional de la noche a la mañana, dando simplemente por no ocurridos los sucesos del momento europeo británico. Quien sabe si la referencia de la Carta de Derechos, incorporada al Tratado de Lisboa, que ofrece seguridad y protección jurisdiccional europea, no actuará como un acicate para que el Reino Unido se embarque en la promulgación de una Declaración propia de Derechos y si, atendiendo también las demandas de quienes se sienten desprotegidos en el nuevo horizonte de la recentralización, finalmente no se incrementen las voces que piden una Constitución escrita. Constitución que también entre otras cosas pudiese elevar a su verdadero rango normativo el status simplemente convencional del referéndum en el sistema británico. El referéndum operaría como una garantía constitucional, de modo que se contenga el poder del Gobierno y del Parlamento cuando están en juego principios del sistema, como sería el traspaso de poderes legislativos a una organización internacional o a las regiones, o en otros casos de trascendencia constitucional como ocurre con el sistema electoral.

2-Pero nos fijamos en el nuevo libro de Bogdanor, que prolonga su capital Beyond Brexit de 2019, porque su interés es no solo describir los problemas que plantea la salida del brexit, sino también comprender la solución dada a los mismos. Naturalmente no necesitamos seguir al profesor en esto, pero resulta interesante contrastar la literatura que estamos acostumbrados a frecuentar, normalmente eurófila, con esta visión, más bien complaciente, con el brexit. Reducido a lo esencial, el libro de Bogdanor (cuatro conferencias impartidas el año pasado en la universidad de Yale, The Stimson Lectures) viene a decir lo siguiente.

Primero, hay razones profundas que explican la actitud británica(o habría que decir mejor inglesa) ante Europa y sus diferentes formas políticas. Desde este punto de vista el referéndum del brexit, no fue un accidente. Bogdanor constata que Gran Bretaña no estuvo en el momento de nacimiento de las organizaciones europeas; se adheriría quince años después sin haber tenido ocasión por tanto de dejar su impronta en el diseño fundacional. Su pertenencia a las instituciones europeas sería difícil y tibia, y ello ya estemos hablando de los conservadores o de los laboristas, aquellos apegados a la idea imperial del Reino Unido, estos a una visión centralizada de la economía y el ideal socialdemócrata (nacionalizaciones: dirección publica de la economía; servicio nacional de salud). Bogdanor apunta a tres razones de fondo. Razones históricas y geográficas: orientación a ultramar, imperio marítimo, desinterés por lo continental. Razones psicológicas: implicación emotiva en el imperio, no en Europa (por ejemplo, más británicos viviendo en Australia que en toda Europa). Razones económicas: nulo interés en la protección de la agricultura; reclamación, en cambio, de la libertad en la industria. Este contexto refuerza el contraste entre el fondo institucional de Europa y el Reino Unido, háblese de constitución escrita y división de poderes, o de la subordinación de los sistemas legales de los Estados miembros a un sistema superior de derecho europeo. Además y sobre todo, el Reino Unido no se ve acuciado por la necesidad de proceder a una recomposición política, que evite y se defienda frente a los excesos del nacionalismo. Tras la guerra es el único país que no cambia o requiere de una Constitución ni ha visto interrumpida la vida democrática. Claro que esto no quiere decir que no sienta los lazos con Europa ni deje de verse concernida por su suerte. Así el Reino Unido formará parte del Consejo de Europa y se implicará en la problemática de su defensa (OTAN). De otro lado, como sucederá con Churchill, animará a la Comunidad europea, aunque sin formar parte de ella.

En segundo lugar, la cuestión europea jugará un papel importante en la vida política británica como problema trasversal a los dos grandes partidos y, dice Bogdanor, representó un amargo cáliz para todos: Europa es un tóxico por la simple razón que plantea fundamentales cuestiones de identidad y soberanía, y fuerza a los británicos a preguntarse si ser británico es compatible con ser europeo. No eran las mismas las actitudes dentro del conservadurismo de Mayor o Cameron, de un lado, y, de otro, la señora Margaret Thatcher, que contribuyó, a conseguir el mercado común y la ampliación a los países del Este. La Señora Thatcher siempre tuvo una visión intergubernamental de la Unión, y desconfió de las posiciones integracionistas que disminuyeran la soberanía de los países miembros. Pero, solo se hizo euroescéptica tras la salida del Gobierno. También propulsó el abandono de la unanimidad-acuerdo de Fontainebleau- como modo de operar en los órganos de la Unión -consejo-. En el laborismo hubo asimismo diferentes posiciones en torno a Europa, llegándose a ver, siguiendo la pauta de Delors, una alternativa al ultra liberalismo de la Thatcher.

A Bogdanor, como tercera observación, no hay quien le saque de la cabeza que la culpa del malestar británico en la Unión corresponde a la insistencia en la visión integracionista, o federal, de su construcción, que compadece de mala manera el interés nacional y el europeo; habiendo otros países que se resienten de idéntica pérdida de soberanía.

Lo que ocurrió en Gran Bretaña es que se produjo la oportunidad de dejar, en el 2016, que el electorado expresase directamente su malestar: la inmigración (que desde 2010 alcanzó cotas incontrolables) y la soberanía eran las cuestiones que sopesaron la mayoría de los que votaron por salir de la Unión. Se trata de problemas, frente a lo que ocurrió en el referéndum de 1975, convocado por el laborista Wilson para ratificar la incorporación a Europa, por tanto de cultura más que de economía.

Estamos conformes con Bogdanor en que la Unión es un dique frente al populismo y el nacionalismo. Como ha mostrado la crisis yugoslava, fue la pretensión serbia y la de Kosovo de ingresar en la Unión, lo que permitió el acuerdo entre serbios y kosovares. Pero lo que no se entiende muy bien es pensar que debilitar a la Unión, abandonándola, no cuestione finalmente el proyecto civilizatorio que Churchill reservaba a Europa.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(0)

+

0 comentarios