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DESDE ULTRAMAR

Entre borrascas y trumpadas

jueves 14 de enero de 2021, 20:32h

Menuda semana la pasada, transcurriendo entre esa tremenda borrasca que sepultó a España bajo la nieve o de menos, manifiesta con un clima agreste que nos dejó entre atónitos y boquiabiertos en ultramar y cuyos resultados siguen padeciéndose; y la resaca que ha dejado el burdo y golpista asalto al Capitolio de Washington, D.C.

Lo acontecido en España nos deja entre ateridos por contemplar la magnitud del fenómeno natural y asombrados por las maravillosas fotografías de sitios muy reconocibles que mostraron una imagen inusitada de un nimbo total. Escenas níveas, albugíneas, preciosas en alto grado, muy aparte del conflicto que acarrea el espesor de la nieve acumulada con los inconvenientes y las consecuencias propias en semejantes situaciones. Solo puedo desear que la gestión del problema resultante sea lo más eficaz posible y no lo acreciente ahora que estamos de pandemia.

La que no remonta es la resaca estadounidense que tuvo un alto impacto planetario, como era de suponerse. A diario la prensa mundial la aborda describiéndola según convenga o se perciba. Y seguimos en ello unas cuantas jornadas después de la agresión perpetrada por una turba seguidora de Trump, que, ya se sabe ­–y todos lo vimos y no nos vamos a contar cuentos– no se veía ni muy letrada ni muy ecuánime. Y así le fue al inmueble y a la democracia que representa. Esa horda más bien iba derrochando un folklorismo soso y expresando como huestes, ideas encorsetadas, repitiendo clichés o un chauvinismo casposo o de plano invocando quimeras imposibles de ser y de conseguir, tales como que hay quien instaurará el socialismo en la catedral del capitalismo. Cuánta sandez. Así como se los digo, usted puede identificar la ridícula consigna espetada a los adversarios de Trump. Tontería lisa y llana. Que lo repitan si quieren, que a mí me da la risa. Si esas ideas absurdas han sido parte del motor que propulsó a los manifestantes desquiciados, si que están orates. Es penoso decirlo, pero más penoso es constatarlo. Y también a la vista de todos. ¡Bendita tecnología!

Ha dado para mucho: empezando por oportunistas comparativos burdos entre Trump y el mandatario de cualquier país, buscándose mensajes donde difícilmente los hay o en su defecto, sirviendo para decirle a unos lo que no le dicen a otros. Todo lo cual entraña críticas a modo fuera de lugar y sesudos análisis del humo. Será que hacerlo entretiene al respetable. A mí me parece que solo abona a desencaminarlo. Por eso no hago comparativos.

Ese ocioso ejercicio buscando paralelismos en cada país, ha cundido. Y con variables. Por ejemplo, poniendo a países que se consideran nada democráticos opinando de una democracia –debiendo callar, tal parece sugerirse– pero no tienen por qué hacerlo. Qué intento tan tonto de distraer la atención. Sí, esos que no son democráticos opinarán porque para hacerlo no le pedirán permiso a Estados Unidos, que opina a diario de ellos, también. Pero es que no solo esos países externan su sentir, pues en todas las democracias sucede, las más y las manos, donde cupo la asertividad de deplorar lo acontecido sin perder la ocasión de remachar el ridículo cometido y van a edulcorarlo puntualizando en cambio el mal ejemplo dado por el país americano. No es cosa de quien abre la boca, sino de lo sucedido. Lo reitero: si no estaba para dar lecciones Estados Unidos, ahora menos. Muy fácil de entender.

Otra variable consiste en comparar a los mandatarios de otros países o a determinados líderes políticos con Trump o sus mamarrachas mesnadas. Resulta estéril y oportunista. Nada más. Parece que nadie se salva. No es que las comparaciones sean odiosas, es que suenan estólidas y desorbitadas. De nulo aporte.

Considero que ver como da para tanto analizar energúmenos, sobra. Trump afortunadamente va de salida y que no merece ni tanta cobertura ni tanta primera plana. Las bravatas de un personaje que pasará a la Historia como un orate hecho y derecho no ameritan tanta atención. Ahora que… si lo juzgan sus compatriotas legisladores a tiempo para deponerlo sería maravilloso, no se lo negaré, y bien merecido que lo tendría por sus ínfulas, sus descerebradas maneras, sus atropelladas palabras y criminalescas conductas. Empero, no soy optimista de que suceda. Ya avisó que no va a la ceremonia de investidura de Biden. Peor para él, no obstante que no se antoja estar en las escalinatas del Capitolio con el áspero y zahareño clima de enero.

Que como quiera que sea, Biden se enfila a tomar posesión del cargo ciertamente, bajo una nube de amenazas de sus malquerientes que no parece ser cosa menor y que no recuerdo a ninguna otra ceremonia similar yanqui sometida a semejante presión y peligro. Nunca hubo tanta admonición, tanta intimidación y amago sobre quien aún ni ejerce el cargo de presidente, expresadas de manera tan violenta. Había los disgustos con Bush hijo, rechinido de dientes con Obama, sí, clamor contra Trump, pero no esas hostilidades tirando a desestabilización que se ciernen sobre Biden. Ya veremos cómo se desempeñará el sujeto con acopio de paciencia, hasta el día que asuma el mando, mientras ha tenido que replegarse aguardando hasta ese día señalado, encomiando al mandatario saliente a que ponga orden en el desorden que convocó. Que no hace tanto se rumoreaba que se negaría a dejar la Casa Blanca y que cuando dijo “lo pagarán” no considero que se refiriera a sus maleantes, sino a sus adversarios.

Y en efecto, tratándose de Estados Unidos hablando de sí mismos, hay un tramposo lenguaje veladamente exculpatorio aludiendo a sus gamberros, difícilmente cuestionables sin cuestionar de paso el sistema que los ha parido y prohijado. Criticarlos con acritud es escupir al cielo. Lo hecho no es menor. Ha sido un intento golpista folklórico, mas lejos de ser minimizadamente anecdótico.

Entre las mofas bien plantadas a Estados Unidos, destaco dos: una dice que acaso con tal gresca se desmiente que en Estados Unidos no puede haber golpes de Estado porque no hay embajada de Estados Unidos. Ya se sabe, es que las hay en América Latina, que han sido nido de conspiradores y golpistas cobijados por esa “democracia”. Incluida la de México. La otra clava su dardo señalando que por la pandemia, los estadounidenses hicieron Home Office, trabajo desde casa, pues. Sin ir a terceros países. Y es verdad, parece que el golpe de Estado lo tenían en casa. Eso sí, sus corifeos se apresuraron a decir con más torpeza que tino, que su democracia funciona como que hubo presidente electo apenas unas horas después del zafarrancho y que esa democracia sale fortalecida. Me recordó a la historiadora española que propugna que aunque Fernando VII perdió las Américas, fue un buen rey o a los que decían que Nixon, embarrado hasta las cejas, al renunciar, fortalecía al sistema demostrándose que sí funcionada. ¡Hombre! Qué manera tan chapucera de justificar adefesios y errores garrafales irreparables. No por adornarlos se eliminan ni aminoran, puesto que arrebatos como el del Capitolio guadañan los valores democráticos que supone, dentellando su defensa y mostrando la corrosión de su espíritu, su significado y de la fe que los sostiene.

Concluyo: Ya que hablo de embajadas, Christopher Landau, el impresentable y conspicuo embajador estadounidense en México –que por lo visto y sabido, también fue sospechosamente maquinador (para no tildarlo de entrometido y conspirador) de acciones antigobierno que organizaba en su legación– avisó días después que se marcha (sin pena ni gloria). Muy cercano a Trump nos dejará con su doble discurso de ir subiendo fotos bonitas a Twitter, mientras a trasmano hacía de las suyas. Grisura total como la del gobierno Trump al que mal representó.

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