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TRIBUNA

Benedetto Croce, un pensador contemporáneo

domingo 17 de enero de 2021, 19:33h

Angelo Alifano, uno de mis primos italianos, me llevó en Nápoles a la casa que habitara Benedetto Croce y que había pertenecido en el siglo XVIII a Giambattista Vico. Croce la había comprado con parte del dinero de una herencia. De su admirado Vico él había recreado la concepción filosófica que en algunos aspectos se adelantó a la suya.

En mi memoria está la vieja casa, con su jardín, su fuente y sus parrales. Mientras la recorría, no me costó demasiado imaginar a Vico dirigiendo su construcción ni a Croce, muchos años después, agregando paredes y repintando las salas para hacerlas habitables. Ahora es un museo que mantiene las improntas estéticas de los dos filósofos. Caminar entre los aromas de las diversas flores da placer al olfato y al alma, por supuesto. Uno parece sentir la proximidad de esos dos sabios pensadores que aportaron conceptos originales a la estética de la existencia.

Giambattista Vivo había elaborado su doctrina en torno del conocimiento y de la historia, en clara oposición al cartesianismo, el movimiento filosófico suscitado por el pensamiento de René Descartes, que tuvo diversas prolongaciones en los siglos posteriores. Su enfoque se centró en la idea de que el hombre puede conocer en propiedad lo que es producto de su hacer, y esto lo llevó a sostener que la Naturaleza, obra divina, puede ser pensada, pero no entendida. Para Vico sólo Dios, que lo ha hecho todo, puede tener una comprensión total de cada una y todas las cosas. Lo que el hombre hace y recrea son la matemática y la historia, y ambas son el orbe en el que el conocimiento humano puede moverse con propiedad.

Como diletante cada vez me siento más próximo a estos dos pensadores, a quienes veo como hermanos mayores. Le debo a Borges ambas devociones. Hace poco releí el volumen de Croce titulado Estética y eso me llevó a indagar más sobre su vida intelectual y existencial; dramática por donde se la mire. Siendo un muchacho, en 1883, mientras estaba de vacaciones con su familia en Casamicciola, el pueblo donde había nacido, en la isla de Isquia, un terremoto destruyó la casa donde se alojaban. Su madre, su padre y su única hermana murieron, mientras que él permaneció enterrado durante casi dos días entre los escombros, sobreviviendo milagrosamente.

Benedetto Croce se sobrepuso a esa tragedia y se consagró a estudios eruditos, filosóficos, históricos y literarios. Radicado en Nápoles, ciudad a la que amaba; conforme aumentaba su fama, fue alentado para dedicarse a la política, siendo electo senador en 1910. Desde esa banca criticó abiertamente la participación italiana en la Primera Guerra Mundial por considerarla una acción suicida y disparatada, lo cual, si bien en un principio le hizo muy impopular, aumento luego su reputación convirtiéndose entonces en una figura política muy respetada y sostenedora de la paz . Hacia principios de la década de 1920 fue nombrado ministro para la Instrucción Pública. Hizo más de lo imaginable, pero después del asesinato del político socialista Giacomo Matteotti, en 1924, renunció rompiendo con el movimiento fascista al que había adherido en la primera época. Cuando en 1925 Giovanni Gentile publicó su Manifiesto de los intelectuales fascistas, Benedetto Croce replicó con el Manifiesto de los intelectuales antifascistas, en el que denunció la violencia y la falta de libertad del régimen, alejándose posteriormente de la vida política, a la que no volvería hasta después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Durante la confusión política en la que cayó Italia, Croce intentó mediar entre los distintos partidos antifascistas, pero fracaso. Como siempre ocurre la mediocre politiquería, con sus intereses espurios e ilegítimos triunfaría sobre la moral y la mesura. Ni tirios ni troyanos tuvieron en cuenta sus nobles propósitos.

Se convirtió así en ministro sin cartera de varios gobiernos hasta que, en 1943, fue nombrado secretario general del Partido Liberal, el cual abandonó en 1946. En ese mismo año fundó en Nápoles el Instituto Italiano para los Estudios Históricos, destinando para su sede un apartamento de su propiedad. Desde entonces, durante toda su vida política y hasta su muerte, en 1952, fue uno de los personajes públicos más respetados en Italia; también de los más combatidos.

Si usted me pregunta a quién me hubiera encantado conocer entre la gente que yo admiro, no dudaría en mencionar entre otros a Benedetto Croce”, me confesó Borges. En lo literario, en lo político y en buena parte de lo filosófico, yo adhiero a la doctrina de Croce, que no sé si es la más académica, pero sí la más coherente y la menos perjudicial. En su Estética primero; y luego en su lúcido volumen titulado La Poesía, impulsa la idea de que la literatura es “expresión”; lo que nos lleva a otra idea: si la literatura es expresión que se brinda a través de la palabra, el lenguaje es también un “fenómeno estético”. Así, podemos concluir que aunque cuesta admitir el concepto de que el lenguaje es un hecho estético, y aunque casi nadie profesa la doctrina de Croce, todos la aplicamos constantemente. En especial los que amamos el arte de la literatura.

En lo político y en lo social, Croce profundiza tanto en el marxismo como en el idealismo hegeliano; según este último, la realidad se da como espíritu que continuamente se determina y, en cierto sentido, se realiza. El espíritu se configura entonces como la fuerza que anima la realidad, que se auto-organiza dinámicamente convirtiéndose en “Historia” según un proceso racional.

De Hegel y de otros idealistas alemanes, incluido Fichte, Benedetto Croce toma el carácter racionalista y dialéctico. Según su teoría, el conocimiento se produce a través de procesos de mediación entre lo particular y lo universal, entre lo concreto y lo abstracto, y a partir de ahí crea un sistema propio que él llamó la Filosofía del Espíritu. Contrariamente a lo que se supone, Croce fue un ardiente idealista, y negaba otra realidad que no fuera la de los conceptos puros, que eran para él, por una parte, las Ideas de Platón; pero, por la otra, no dejaba de reconocer las categorías de Kant. Llegó así a la conclusión de que si “toda la realidad puede encuadrarse en una idea, toda la realidad también puede reducirse a conceptos racionales”. Esto hizo que gran parte de su obra tratara sobre de la lógica.

En este terreno social, Croce es siempre un pensador realista y liberal, que da especial importancia a la voluntad individual y al sentido de libertad; para esto el aporte de la economía es fundamental, ya que regula las pulsiones y ofrece una mejor calidad de vida. Dicha forma no tiene por qué coincidir con la de los otros y admite el disenso y la discrepancia, que organizan naturalmente la relación entre los individuos. Su conclusión es que el derecho nacido de esta forma coincide con los de la ética; igualmente autónoma es la esfera política, que es entendida como lugar de encuentro (o desencuentro en democracia) entre intereses diferentes, esencialmente conflictivos; “pues el conflicto es lo que caracteriza la vida política y en general la existencia del hombre”.

Sin embargo, la idea de Estado de Hegel es criticada por Croce, que considera que el Estado no tiene ningún valor filosófico ni moral, siendo simplemente un agregado de individuos que organizan sus relaciones jurídicas, políticas y económicas. Concibe así a la ética como centro y expresión de la voluntad universal, propia del espíritu. Conjetura, por consiguiente, que “no hay una ética natural o una ética formal, y por lo tanto no hay contenidos eternos propios de la ética, que se define simplemente como la actuación del espíritu, manifestada de forma racional en actos y comportamientos particulares”. Todo ello sucede siempre teniendo como horizonte la mejora continua del ser humano.

En lo espiritual, Croce rechazaba todas las religiones considerando que éstas presentaban una inaceptable falta de lógica; rechazo que amplió asimismo a la metafísica, que ubica como una simple justificación de las ideas dogmáticas. Recuerdo que con entusiasmo, Borges adhería a estos principios y, sobre todo, a la estética, que el pensador napolitano configura en primer lugar como actividad teórica basada en los sentidos, en las representaciones e intuiciones que tenemos de la realidad. El objeto fundamental de la estética es central en el pensamiento de Croce, pues es también la ciencia de la expresión y buena parte del lenguaje. El arte no es por lo tanto una producción exclusivamente sensible, sino una reflexión conceptual que si bien no es un mero hecho social (a la manera de los positivistas), posee un estatuto particular y específico. Para él, “el arte es la expresión de una intuición lírica que conmueve emotivamente al intelecto, pues vincula sentimiento y sentido.”

No quiero caer en el lugar común del libro de cabecera, pero tengo a mano y cada tanto releo (y lo estoy haciendo ahora en esta época de pandemia) La Historia como pensamiento y acción, uno de sus textos fundamentales. Croce fue un insoslayable pensador contemporáneo y si queremos iluminarnos con el acontecer de los hechos que nos preocupan, no dudo en recomendar El carácter de la filosofía moderna, otro volumen imprescindible.

No es todo, Benedetto Croce fue un reconocido y preclaro hispanista. Existe al respecto una extensa y afortunada monografía, y hay un libro que así lo atestigua: Benedetto Croce y el mundo hispánico, de Davide Mombelli. La figura del pensador napolitano y su meditada obra teórica, es un lugar clave de la cultura italiana contemporánea; pero además de la hispánica. Nuestro filósofo estaba íntimamente vinculado a la cultura española y, de hecho, así lo muestra una parte notable de su producción, como historiador, como crítico literario y como teórico y político. Según Mombelli, el hispanismo de Croce tiene tres grandes aspectos: el de su contribución a la formación del hispanismo italiano,​ el de su aplicación al estudio de la historia y la cultura española​ y, en tercer lugar, el de la recepción de su obra en España y en Hispanoamérica.​

Creo necesario recordar el estudio que Croce realiza sobre la influencia española en la vida italiana, así como todo lo relativo a “Gracián y la cuestión del Barroco” es uno de los grandes aportes; también es uno de los primeros en estudiar la relación de Italia con la Escuela Histórica Española, donde abarca la estilística, la filosofía argentina y la estética de México. A esto atañe un buen número de importantes figuras intelectuales de España; entre ellas a Marcelino Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno, Eugenio D'Ors y el mexicano Alfonso Reyes.

Benedetto Croce nació en Pescasseroli, Reino de Italia, en 1866, y murió en Nápoles en 1952. Cabe agregar que en lo político su multifacética obra influyó en pensadores italianos tan diversos como el marxista Antonio Gramsci, el fascista Giovanni Gentile o el liberal Piero Gobetti. El ex presidente Sandro Pertini, un socialista intachable, se consideraba su discípulo. En tiempos tan arduos y complejos como el que nos toca vivir, la lectura (o relectura) de su lúcida obra, basada en la moral, la ética y la estética pueden ser de gran utilidad para fijarnos un rumbo y entendernos mejor.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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