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DESDE ULTRAMAR

Biden: grisura e incógnita

jueves 21 de enero de 2021, 20:08h

En efecto, terminó la esquizofrénica y estrambótica era Trump. A patadas, deslucida y desprestigiada. No me rasgaré las vestiduras con aquello muy sobado y repetido de si el energúmeno deja o no a su país dividido. Me es inclusive el tema. Que los muertos entierren a sus muertos. Me interesan más cosas que son más sobresalientes: Trump amaga con regresar de alguna forma, dice, en un tono quejumbroso y de reproche muy al estilo ramplón y soberbio del impresentable y borde exmandatario. La edad y el futuro incierto pesan para comprometer sus deslenguadas palabras. Y falta ver si Pence no tiene sus propios planes y Kamala Harris, los respectivos. Y Biden….Así que no merecen atenderse sus dislates.

El antimexicano se marchó sin mayores afectos de muchos poderosos, aunque sus huestes quedan. Trabajó para sí mismo y el sistema se lo ha cobrado. Lo normal. Se ufanaba en uno de sus mensajes finales –pues se despidió a regañadientes más veces que un torero– de que fue un presidente que no inició guerra alguna. Que falazmente modesto, ¡por Dios! ¿Las guerras comerciales en pro del proteccionismo a ultranza emprendido por su gobierno y su país no cuentan? Y perdió en ellas con China, queda mal parado con la Unión Europea, se le salió el Reino Unido de ella –acusado de ser su caballo de Troya en la UE– y tuvo su mejor victoria sobre México y Canadá, desbaratando, traicionándolo, al TLCAN e imponiendo las reglas ventajosas y abusivas del T-mec, que de tapete puso el gobierno priista de Peña y el actual no pudo ni supo defender mejor, sino solo en algunas secciones. Ergo, más fantoche y belicista sí que lo fue Trump. Que no se minimice a sí mismo en sus bellaquerías y falsa modestia. No le queda.

Mas esa pesadilla deja de ser presidente y es una gran noticia para el mundo. Deja enlodado el nombre Estados Unidos, pero eso también ya es problema de sus conciudadanos. Pocas veces se ha temido tanto por el destino del botón nuclear o por una latente invasión a determinado país en vísperas de un relevo en Washington. Solo un orate podría aplaudir las desafortunadas palabras del extraviado Pompeo, cual cancerbero leal a su amo, gracejando que su jefe merecería el premio Nobel de la Paz. Lo que hay que oír, pero Pompeo, ya se sabe, nunca fue precisamente ni brillante ni ecuánime. Su voz fue la suma de desatinos y despropósitos de Trump. Pompeo acaba de ser declarado por China como político anti-China y con 28 exfuncionarios, no podrá ingresar a ella ni colaborar con empresas ligadas a ella. Así acabó el fámulo recadero de Trump. No falta el desvergonzado que afirma que China no es democrática. La respuesta a eso es sencilla: será el sereno, pero Pompeo se va sancionado, repudiado y embarrado de lodo que no le ahorraron aventarle, como Trump con juicio político abierto. Esa administración fue una rotunda vergüenza mundial. Eso es lo puntual.

Y ahora Biden, que en una entrega anterior ya le he dicho a usted apreciado lector, que tampoco vende piñas.

Ligado a los negocios de grandes empresas, la armamentista desde luego, pues ya promete lo que será. Lo que Trump no consiguió con su proteccionismo estafador y fullero –para forzar que se mantuviera el statu quo de su modelo económico, imperturbable– a ver si el nuevo no lo quiere respaldar con guerras que, dicho sea, hace rato que ya no dan los resultados esperados. No son tan redituables. Ese mito de que una guerra saca a Estados Unidos de una crisis, es cada vez menos verdad. No lo pierda usted de vista.

Por lo ponto, Biden nos ha recetado un deslucido y muy cuidado discurso de investidura, edulcorado en partes, pero en resumen muy insípido. Llamar a la unidad e convocar toda la retahíla de frases hechas provenientes de la historia de su país, esa contada como fulgurante mas callándose sus vergüenzas, suena a disco rayado, a estólida repetición para endulzar oídos y para acallar el chirriar de las vetustas estructuras. Luce ajado. Sonó a esperanza vaga que no convence del todo. Estuvo más emocionante la voz de Jeniffer López diciendo en español el sentir que faltó decir a Biden. Destaca la grisura en las palabras del nuevo mandatario estadounidense y nos dejan la incógnita de su inescrutable actuar.

Me detengo en dos fragmentos de su alocución. Aludió a su país como socio confiable. Después de la tarrascada del TLCAN me resulta imposible creérselo. Son ventajosos y abusivos, lo han sido siempre. En cuanto a que su país mira al futuro y ha de recuperar liderazgos –que entraña para hacerlo, renegociar y replantear relaciones– es cosa de ver qué hará. Suponer que solo imponerse, se antoja desaconsejable. El repliegue de Trump en frentes diplomáticos tan diversos, es un daño complicado de resarcir, pues debilito a EE.UU.. Y el mundo cada vez cambia más. Estados Unidos no tiene el mismo margen de acción que antes si apela ahora al multilateralismo. Y falta ver qué opinen Pekín y Moscú.

Como en México estamos curados de espanto luego de dos centurias de tenerlos de vecinos pared con pared, conviene ser precavidos y no aligerar la crítica. Con Estados Unidos siempre hay que estar alertas. No nos podemos descuidar o el abuso se cuela. Aguardamos nuevo embajador yanqui, está el tema migratorio en donde no somos muro, pero sí “tercer país seguro” no reconocido oficialmente y aunque los opositores a López Obrador juran sin pruebas que lo extrañará, en cambio es más previsible que lo extrañarán los bobalicones priistas, siempre equivocados haciendo una pésima política exterior vendepatrias, como la de Peña Nieto, quienes en manos de Luis Videgaray, el afamado inepto que llegó a Exteriores a decir que iba a aprender, basó tal política exterior en que era amigo del yerno de Trump, premiándolo. Tamaña irresponsabilidad de los priistas que nos atrajo solo desgracias que evidencian que su historia diplomática no es ni brillante ni acertada, sino para engrosar la currícula de uno que otro y no de México, contando con vergonzosos capítulos como el referido. Así que ya sabemos quienes extrañarán a Trump. Y a los opositores a López, decirles: si apuntaló su campaña como afirman con torpeza, cómo explicar su derrota, listillos.

La agenda ríspida bilateral incluye la nueva regulación mexicana para ponerle un freno a los agentes de la DEA en México permitidos por gobiernos pasados, el choque al afirmar el autónomo fiscal general mexicano Gertz Manero, acusando de fabricación de pruebas y de no entrega de pruebas a la DEA en el caso del general Cienfuegos, del que hablamos aquí semanas atrás y temas como la pandemia o el no resuelto tráfico de armas a México. Más o menos lo de toda la vida. Así que es la misma tonada solo que con distinto músico, que a ver si es tan musiquilla como su predecesor. Con esto dejo patente de nuevo que si de aquel lado de la frontera algunos no estaban contentos con México, de este lado tampoco ellos nos tienen tan contentos. Solo hay que ver cómo la prensa mexicana en voz de sus caricaturistas se han pitorreado de Trump el día que se largó, para darse cuenta de lo repudiado que es el yanqui en México. Y tendremos que seguir colaborando, mutuamente. Y que a nadie se le olvide todo esto.

De momento, la única duda que me plantea esa relación bilateral consiste en saber si Roberta Jacobson –artífice del acercamiento con Cuba en la administración Obama y exembajadora en México, abandonando la embajada al serle insufrible trabajar con Trump– será un factor que contribuya o no a mejorar el tema migratorio al ser nombrada al alimón o solo será un halcón más. Ya veremos. Estos dos vecinos distantes seguirán trabajando juntos en su eterna desconfianza mutua.

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