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DESDE ULTRAMAR

El presidente de México está contagiado

jueves 28 de enero de 2021, 20:59h

El domingo 24 de enero de 2021 el presidente López Obrador comunicó que dio positivo al COVID-19. Se suma a Bolsonaro, Johnson, Macron, Trump, el príncipe Carlos o Alberto II de Mónaco. Las reacciones variopintas a la noticia incluyen las que han deseado su muerte, como muestra deplorable de una muy precaria cultura política que no puede sino perfectamente ser focalizada en ciertos sectores opositores, que, dada la envergadura del cargo y la persona que lo ostenta, mueven a que el asunto se reflexione condenando semejantes expresiones descerebradas de odio vertidas desde la oposición mexicana, asaz peripatética.

Pese a que nadie está exento de riesgo, el mandatario mexicano no ha limitado ostensiblemente sus movimientos durante la pandemia. Giras, encuentros, reuniones presenciales, conferencias diarias de prensa. No porta cubrebocas (mascarilla) abrazando el debate persistente de su eficacia sembrado por la OMS, no se olvide. Considero que así pone en riesgo a su primer círculo. Ahora, ya lo de ser mal ejemplo por no usarlo… no me lo compro del todo, no lo veo contundente o que así inste a sus seguidores a secundarlo, pues suena a vendetta política y no a teorema científico. Hay gente que alude a que hay contagios en México porque el Ejecutivo no porta cubrebocas. ¡Por favor! No concuerdo. Es una acusación proveniente de sus detractores, sospechosa, electorera. De siempre nadie al usarlo procede por influencia política y sí por decisión propia. Todos sabemos que es imposible identificar o medir las preferencias políticas de nadie con solo verlo y muchos mexicanos no usan cubrebocas. No sabemos sus quereres políticos. El golpeteo político so pretexto se queda en eso, no hay prueba científica de influir en la no portación del presidente y lo sabemos bien. En cambio, su enfermedad alerta un descuido con réplica y repercusión nacional que no edifica a su mandato.

Vamos a cosas más serias porque el 25 de enero la OMS ha dicho de México que el sistema de salud está al límite y los trabajadores del sector están agotados en una región, la América Latina, donde la pandemia ha sido persistente y no por olas, como sí en Europa, y que las medidas individuales que todos debemos de asumir son especialmente importantes. Y tantísimos desoyeron la advertencia a México del pasado 30 de noviembre desde la OMS, reclamándole más seriedad. A todos. Ciertamente que al enfermar el jefe de Estado revela vulnerabilidad, deficiencia y su sociedad tampoco ha sido ejemplar. Lo sucedido a López Obrador advierte que su país en su conjunto no ha hecho esfuerzos suficientes en pos de prever, atender y resolver la propagación del virus ni lo ha conseguido al pleno la región latinoamericana. Los números no son buenos. La situación pasó en México de ir en el camino correcto (marzo/20) a la situación compleja (julio/20) y hoy es evidente que es desastrosa. Y todos pudimos evitarlo. Nadie puede argumentar ignorancia o desconocimiento del peligro asumiéndose anacoreta o escudarse en el cubrebocas del presidente, como lo han hecho para evadirse, a lo escurridizo.

Miente y lo rechazo quien niegue que los funcionarios de primer nivel de su gobierno suelen usar cubrebocas (ya sabemos que López, no) y que hace pruebas, pocas comparativamente frente a países que realizan muchas y están en la cima de contagios pese a hacerlas y bajo el debate de su eficacia; o que ha estructurado un plan de vacunación adquiriendo vacunas por todas partes más sus llamados a quedarse en casa y a evitar contagios. Miente quien diga que no hay acciones de su gobierno. Hasta a regañadientes autorizó que autoridades no federales y particulares adquirieran vacunas. A ver a quién y en dónde, máxime con el jaleo con AstraZeneca y el amago de la Unión Europea de frenar las exportaciones contratadas y pagadas por terceros (México incluido) bajo la sospecha de ser “sus vacunas”. Lo que faltaba. La farmacéutica debe explicarse.

Así, evaluemos sus resultados, sí, pero no los neguemos ni deslindemos a su sociedad de la responsabilidad compartida –es esa sociedad la que engrosa las cifras– y además, por ley, la responsabilidad en salud es de todos los niveles de gobierno. De todos. Y todos los partidos políticos convertidos en gobierno han fallado. Todos. Los números de fallecidos en estados opositores al Ejecutivo, van por los cielos. Y la sociedad irresponsable también juega su parte. Que nadie se deslinde ni culpe a otros. Y nadie es culpable de que López enferme, solo él.

¿Y de los guateques, fiestas clandestinas, carreras de caballos o reuniones familiares extensas, quién responde? pues hay el permanente llamado a quedarse en casa. Francamente no las veo realizadas sino por las ganas de no abstenerse y no movidas por el no cubrebocas presidencial. Lo saben. Invocarlo es tan irresponsable como efectuarlas. Se verifican porque la gente ni asume ni quiere responsabilizarse de sus actos. Mejor culpemos al presidente que ni votamos ¿verdad? es más fácil y expiamos culpas. No admito esa evasión. Acuso a la sociedad mexicana en su conjunto de no resguardarse y de no asumir, haciéndose la inocente y víctima, de ser tan irresponsable. Sabemos más acerca de dónde andaban los fallecidos que del supuesto nexo entre el no cubrebocas del presidente = a muertos. No aplacarse obliga a pensárselo, pues el ir y venir del semáforo rojo está reventando la economía de millones en México. O nos aplacamos o perderemos más, todos. El malabarismo entre economía y salud no puede ser eterno y crecen las presiones de todo tipo contra el cierre. Y con razón. Y entiéndase: el contacto entre personas es altamente riesgoso y es real. Punto.

El mandatario mexicano está enfermo de COVID-19 y ojalá que después de su convalecencia, rectifique y utilice para sí el cubrebocas y reaccione ante una situación que se sale de control y advierte el sofoco del sistema hospitalario y el agotamiento de su personal sanitario. Que atienda los asuntos que han quedado flojos. Si se alivia, aun dejando como sucedió y regados por igual por tirios y troyanos, una pléyade de apoyos, politiquería, mezquindad y posverdad –como de quien no cambia el discurso y repite en enero de 2021 que a inicios del año pasado declarará tal o cual cosa o usara un detente del Sagrado Corazón como dique y cual si no hubiera más sucesos desde aquel– y es obligado que rectifique lo que se requiere como esa laxa movilidad y combatir reuniones colectivas, que endurezca el uso del cubrebocas, no permita el regreso a clases y facilite el teletrabajo lo más posible. Ante el reto que le pone la oposición que es incapaz de crear un plan B sin gustarle su plan A allí donde gobierna, al presidente le resta hacer un firme llamado a la unidad nacional. Y quizá renunciar a sus planes y en ello vaya su futuro político. Urge que tome acciones económicas contundentes sin emular modelos ajenos y lejanos, pero sí realistas. Mejor pasar a la Historia como alguien que afrontó la pandemia y sus efectos, que si no. Si no lo hace será una lápida en su haber. No puede evadir esa responsabilidad ni endosársela a nadie.

Ahora: los mexicanos tendremos más motivos para estar preocupados. Rondamos entre el tercero y cuarto sitio en número de fallecidos en la escala mundial. La gente no se resguarda por no haber limitantes gubernamentales y pretende así una vida normal en tiempos anormales. Entre el censo 2020 que arroja 126 millones de mexicanos, sobraditos y el registro como exceso de mortalidad, deberíamos alarmarnos por los casi dos millones de mexicanos que se han infectado sin revolver ni sacar las cosas de contexto. El jefe de Estado mexicano ha pescado el COVID-19, está estable. Sea un llamado de atención a todos, propios o extraños. Puedes limitarte a insultarlo una vez más cual es la costumbre opositora. Yo opto por reforzar medidas preventivas. Estoy cierto que 2 millones de muertos en el mundo no necesitan tu fobia política.

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