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TRIBUNA

Escribir sobre Cataluña

Juan José Solozábal
martes 02 de febrero de 2021, 20:17h

Cuando escribo sobre Cataluña lo hago con sumo cuidado. Reconozco que tengo dificultades para comprender el independentismo, sobre todo desde el punto de vista procedimental, pero también si se quiere material o de fondo. Las objeciones al independentismo de fondo son ideológicas: rechazo la insolidaridad que asumen quienes quieren separarse de España y encuentro poco inteligible que se vea ventajoso en un mundo globalizado fomentar los espacios achicados y reducidos. Creo que, si se trata de afirmar lo propio, es mejor estrategia de defensa apuntarse a unidades políticas fuertes y de consistencia comprobada que optar por estructuras políticas en construcción y seguramente precarias.

Aunque como digo, las objeciones más fuertes son las que tienen que ver con el desacuerdo radical con los procedimientos del independentismo catalán. No es admisible la actuación anticonstitucional que se desencadenó en el procès. La democracia española que tanto esfuerzo ha costado instaurar se vio amenazada, como las veces en que ocurrió en nuestra historia por la acción militar, el terrorismo o la revolución social, ahora por una revuelta institucional, del todo improcedente además cuando el sistema constitucional tiene abierta la vía para su propia reforma, sin límite alguno, como se sabe.

De otro lado tampoco es muy cómodo el riesgo, indudablemente existente, que se deriva participando en un debate al asumir necesariamente actitudes de censura, que fácilmente pueden ser presentadas como un reproche o crítica de alcance general, cuando en realidad se dirigen exclusivamente al sector independentista, y obviamente se compatibilizan con una actitud de sincera estima para el conjunto de Cataluña.

Con estas cautelas quizás tiene sentido delinear unas pautas fundamentes de actuación sobre el problema catalán que pueden formularse como federalismo y catalanismo, si estamos apuntando, respectivamente, al plano organizativo o de la articulación, conjugando el autogobierno territorial y la participación en el todo estatal; o nos referimos más bien al plano de la integración o de la cultura política, como manera de entender Cataluña desde España o España desde Cataluña.

Es muy difícil armar la discusión sobre el problema catalán entre esos dos ejes, que son unos términos realistas y de acuerdo plenamente con el amplio marco constitucional, cuando el independentismo se aferra a las exigencias de la autodeterminación y la amnistía, que son elementos claramente incompatibles con nuestro Estado de Derecho. Estas tesis, obviamente, se pueden defender, pero no llevar a la práctica mientras no se reforme el orden constitucional, lo que, insistimos está perfectamente a la mano.

El significado concreto de lo que sea en nuestros días el federalismo y el catalanismo debe establecerse en una conversación de la que pueden fijarse sus capítulos, procediendo a esbozar su contenido, pero como es obvio requiere tiempo. Creo que es capital insistir en la necesidad de prolongar el diálogo sobre Cataluña, dando lugar a que los argumentos de los diversos intervinientes en el debate puedan calar mutuamente y que acrezca el nivel del acuerdo alcanzado. El momento presente no es de las conclusiones sino justo el del principio de la discusión; y hay que comprender que hablar en las condiciones presentes no es fácil, pues se trata de renunciar a solucionar el problema con la imposición o la amenaza de la secesión, que son actitudes que no llevan absolutamente a ningún sitio, bueno por lo menos. La primera cuestión ahora a plantearse es simplemente identificar correctamente lo que pueden significar los conceptos de federalismo y catalanismo.

¿Qué quiere decir federalismo en nuestros días? Pues lo que significa federalismo hoy es sencillamente descentralización en serio, sin renunciar a las ventajas de la unidad política común. Federalismo quiere decir entonces autogobierno y participación. Autonomía y solidaridad. El federalismo es una técnica de unidad, pero reconociendo las ventajas del cuidado por lo particular y lo diferente. Como forma política llaman la atención en ella dos cosas: sea la complejidad, tan opuesta a los principios de la uniformidad y la jerarquía del Estado centralista; y, también, sus supuestos espirituales, hablemos de la lealtad o la disposición a la resolución jurídica de los conflictos en su seno. Digamos también que el horizonte federal, tras la experiencia de la pandemia, está más claro en sus posibilidades, si se excluyen también los desarrollos disfuncionales, que indudablemente se han producido.

Vayamos ahora con el catalanismo, que es la médula espiritual del problema. Habrá que desentrañar antes de nada su núcleo esencial que consiste en afirmar la compatibilidad entre el vínculo catalán y el español, de modo que no haya contraposición sino encaje entre estas dos clases de lealtades políticas.

El catalanismo está bastante alejado del independentismo; ahora no tanto que no permita su recuperación en Cataluña y su aceptación de buen grado en el resto de España. Después de todo hay una formidable trayectoria en la historia de esta corriente que llega como es sabido hasta la etapa reciente de la democracia y su aceptación no plantearía problemas de encaje constitucional; para muchos bastante más difícil sería la integración del particularismo vasco, y ahí está el formidable juego que ha dado la Disposición Adicional Primera de la Constitución que reconoce los derechos de los territorios históricos forales. La reformulación del catalanismo en Cataluña plantea algunas dificultades típicamente intelectuales, y debería alcanzar a la revisión de alguno de sus representantes más conspicuos (desde Vicens a Solé Tura) pero llama a un esfuerzo nacional español por acoger el pluralismo en términos más hondos. Esta tarea, tiene una dimensión constitucional, pero también otra relativa al funcionamiento efectivo de nuestras instituciones. Desde este punto de vista cabe considerar positivo que el pluralismo del que hablo pueda practicarse ya decididamente desde, al menos, uno de los centros del poder, a saber, el Gobierno de España.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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