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DESDE ULTRAMAR

La Wiki, WhatsApp y el retorno del español

jueves 04 de febrero de 2021, 20:33h

Las recientes semanas nos han dejado tres notas que por curiosas, merecen no dejarse ni pasarse por alto. Una, los veinte años de funcionamiento de la Wikipedia. Dos, el jaleo causado por las nuevas reglas de privacidad de WhatsApp y tres, el regreso de la versión en español de la página oficial de la Casa Blanca. Continúe leyendo si soy privilegiado en contar con su bienvenida merced.

Yo no recuerdo cuándo fue que conocí la Wikipedia. No fue pronto después de su lanzamiento. Ha crecido. Ahora hasta existe la Yucapedia, dedicada a la cultura yucateca. Eso ya es un no va más. Es que Yucatán es infinito y da para mucho.

La Wiki a mí sí me ha servido de vez en cuando para efectuar un primer acercamiento a temas de los cuales desconozco todo, dándome una somera idea de su naturaleza y para obtener el dato inmediato, preciso. Punto. No hay que rasgarse las vestiduras por su existencia ni asumir posturas facetas y ridículas de cortarse las venas con un cuchillo mantequillero (y luego, mantequillero). Yo no la rastreo per se, sino que es lo que bota el buscador a bote pronto. La medida, el nombre, la foto, qué se yo. Si es eficaz aquella en posicionarse en la red, pues tanto mejor y merecería estudiarse la causa. Con ella me he llevado mis chascos. Un día quería un comparativo territorial entre Alaska y los Estados Unidos continentales. Tecleé ¿cuánto mide Alaska? en San Google y me arrojó que la Wiki pone que la artista española alcanza la estatura de 1,52 m. ¡Ja! para gritar ¡albricias! y poner un jocoserio #datosútilesquetecambianlavida.

No me sirve para más. Fuentes más profundas no las obtendría de allí, pero sí de Internet. Dos ideas las desecho por pacatas, por absurdas. La primera es que se diga que Internet no es serio. Vamos, eso dicho a inicios del siglo era medianamente cierto. Hoy, con tantas instituciones poseedoras de sus páginas, está claro que en Internet hay lo serio y lo que no lo es. ¿No son serias las páginas de Naciones Unidas o de la Real Academia? Bien, si lo que quisimos decir es que igual las hay nada serias, dígase así, sin más. Y prime el criterio para escoger cada cual y cribar la información. Eso también debemos de hacerlo.

A estas alturas del partido y encima con el COVID-19, sería ridículo que una universidad sancionara a un tesista por usar páginas de la red –no digo Wikipedia– máxime si son serias como de ciertas instituciones que suben información valiosísima en aras de ser utilizada y cuando no se puede ir físicamente a archivos y bibliotecas. Más claro, imposible. Cosa diferente es que el sustentante copie y pegue. La ausencia de reflexión es reprobable. Distingamos, pues. Y sí, ya se sabe que todo mundo le mete mano y en ello va su riqueza, su riesgo, rigor y su valía. Nada menos hace poco detecté que la biografía de Manuel Azaña fue cambiada para callarse la forma en que fue sepultado. Se lo conté a usted aquí en otra entrega y lo dije: lo saque de la Wiki, una versión que nadie ha desmentido: la recupero y reproduzco: Azaña ha muerto en Francia reclamado por Franco y aquella va dispuesta a entregárselo. Se presentan sus esbirros.El entierro tuvo lugar el día 5. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7). La elección de la lápida del presidente republicano fue dispuesta por su esposa: "una simple lápida de piedra con dos cipreses a la cabecera, y en la piedra una cruz de bronce sobre la inscripción: Manuel Azaña, 1880-1940". El mariscal Pétain prohibió que se le enterrara con honores de Jefe de Estado: solo accedió a que fuera cubierto su féretro con la bandera española, a condición de que esta fuera la bicolor rojigualda tradicional y de ninguna manera la bandera republicana tricolor. El embajador de México (Luis I. Rodríguez) decidió entonces que fuera enterrado cubierto con la bandera mexicana. Según explica en sus memorias, Rodríguez le dijo al prefecto francés: “Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección”.

Pues ya se lo rasuraron a la Wiki. ¿Por vergüenza? No me extrañaría. Y eso sí, deberemos seguir depurando las fuentes consultadas, sin callar lo que incomoda. La otra cosa que merece decirse es: recuerdo en una junta de profesores a una colega empingorotada diciendo: repruebo que los alumnos usen Wikipedia. Pensé: qué hipócrita eres. Sabe y tiene la edad para saber que hubiéramos dado lo que fuera por tener tan magnífica herramienta referencial y no estar sometidos ni a las 7 de la noche, hora de cierre de las papelerías ni tampoco a libros no actualizados, pues en mi casa siempre hubo libros, pero es cierto que las enciclopedias, por citar un caso, enlistaban reyes, oscareados, nobeles o papas sin actualizarlas. Siempre podía faltar lo más reciente. Y ni a dónde consultarlo. Era un viacrucis saberlo. Así que ni invocar falsos pudores ni repudiar la Wiki. Seamos serios.

Hoy el dato actualizado te lo arrojan la Wiki o Internet. Es una herramienta utilísima que no me interesa demonizar. Sirva para lo que sirve y enhorabuena que exista. Y no nos confundamos: una tesis doctoral yo no la soportaría con Wikipedia. No da para tanto.

Lo del WhatsApp y su nueva política de privacidad postergada a punta de reclamos y desbandada, tiene su aquel. No centro mi atención en las quisicosas de las modificaciones propuestas, sino en la reacción de los usuarios abandonando en tropel aquella aplicación, fuera o no verdadera la amenaza de lo propuesto por aquella. WhatsApp ha reaccionado tarde luego de perder a millones de usuarios que nos recuerdan que basta un botón para decidir un destino. Y más ahora con la frugalidad de lo durable, la efímera naturaleza de cuánto nos rodea y la practicidad que nos garantiza una tecnología que, aunque se diga que estamos presos de ella, al final seguimos decidiendo al menos, el color de la jaula. Siquiera.

Que el WhatsApp postergue su decisión a mayo nos advierte dos situaciones: la fuerza de la opinión pública no radica en el número de sumados, sino en obligar a cambiar decisiones. Que lo entienda quien quiera. Y la otra es que una empresa debe ser cuidadosa de sus acciones. Hoy está más vigilada que nunca.

Por último, me ha alegrado que el idioma español regrese a la página oficial de la Casa Blanca. No desplaza, suma. No es solo que lo merezca el así denominado aquí en América –a falta de los otros peninsulares– sino que es, además, un acto de triple justeza y justicia. Primero, porque el supremacismo de Trump, como antes del racista Huntington –sí, el mismo del mafufo choque de civilizaciones– alardeando que solo se hablara inglés en EE.UU. es una necedad propia de aturdidos que no conocen justo, ni su historia ni las calles de su país. Segundo: lo he preguntado varias veces a residentes de allí: ¿puedes vivir allá sin pronunciar una pizca de inglés? y la respuesta es “sí”. A lo más, lo mínimo necesario, tirando a ínfimo requerido. Y pese a tratarse de una lengua perseguida y arrinconada, con 31 legislaturas que han declarado al inglés como único oficial. Nos recuerda que el saber no estorba y que el bilingüismo existe, es benéfico y advierte que está ahí.

Y tercero: incorporarlo tira por los suelos aquellas declaraciones de la precandidata Hillary Clinton, otra demócrata como Biden, quien afirmaba en 2008 que quien quisiera papeles en Estados Unidos tendría que hablar en inglés. Y no es que no deba y necesite, solo que no será ni el único camino ni es reversible el proceso que consolida la lengua española en ese país. Por lo demás, implica recuperar su memoria y combate ese negacionismo de otras raíces. No solo vale la palabra de los supremacistas. 12,6 % de habitantes la hablan, 41 millones. Solo Nuevo México la asume cooficial, no obstante que se coma la “r” de Alburquerque. Y me gustaría que la Academia Norteamericana de la Lengua (www.anle.us) ostentara el adjetivo ‘estadounidense’, que Norteamérica también incluye a otros.

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