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TRIBUNA

La niñera

Juan José Vijuesca
miércoles 10 de febrero de 2021, 20:10h

A pesar del tiempo trascurrido no crean que esto de ser niñera o asistenta haya cambiado tanto para según que esferas sociales en esta España tan de relumbrones algunos como de nuevas castas los otros. Y refiérome a los que se nutren de nuestros impuestos haciendo creer que sus actos son de exquisita pureza y transparencia, nunca más lejos de la realidad, pues sabido es que la mentira en política siempre ha estado en litigio con la verdad. A esto lo llaman poder; ya saben, los que flirtean con los placeres del buen vivir a costa de los de abajo, con la suerte además, y por raro que parezca, de sentirse arropados por quienes babean e incluso pagan por ser engañados.

No lo digo yo, es que según parece la ministra de Igualdad Irene Montero tiene a bien acudir a reuniones oficiales en compañía de su niñera de cabecera Teresa Arévalo, alto cargo del susodicho ministerio, persona que cobra un sueldo cercano a los 52.000 euros anuales por ejercer de jefa de gabinete y al mismo tiempo hacer de canguro de la ministra en cuestión. Y uno se pregunta ¿todo ello pagado de nuestro bolsillo? El portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Edmundo Bal, ha pedido ya que el caso sea investigado por la Fiscalía. Como ha recordado Bal, abogado del Estado, "el uso de fondos públicos para la satisfacción de intereses particulares es malversación impropia". De momento el único consuelo que nos queda a los contribuyentes es el estar liberados de cuidar niños ajenos, cosa que siempre genera mucho estrés.

A mi estas situaciones me incomodan tanto que me hace recordar a Mary Poppins, esa niñera mágica que sabe dotar de sentido a lo que aparenta carecer de él. Una manera de llenar de magia el mundo cotidiano, cosa que para la verdadera libertad de los niños es indispensable. No seré yo quien cuestione la forma de educar a los hijos de nadie y menos a los de la familia Iglesias-Montero, pero tener como niñera a una funcionaria del Estado se me antoja un modelo más burocrático que mágico. Por eso apuesto por la empatía que desprende la encantadora y carismática institutriz cuya figura emerge del viento del este para luego desaparecer con el viento del oeste; cosa impensable cuando una niñera como lo es Teresa Arévalo se debe a un ministerio. Ya sabemos que quienes “agarran” hueco en el Estado ya es para siempre. Y he aquí la diferencia, pues donde el oficialismo de lo público no deja ver el bosque de la imaginación, otras u otros saben cómo atraer a las divinidades que hacen que los niños sean solo eso, niños.

A veces lo vacío está lleno, sin embargo para descubrir esto es preciso aplicar conocimientos basados en la verdad, cosa que en el mundo de la política no se da. La excelsa Mary Poppins bien lo sabe y nunca utiliza la mentira: <<-¿Verdad que no nos dejarás nunca?>> -le preguntaba uno de los pequeños a su cargo. <<-Me quedaré hasta que cambie la dirección del viento>> Ese es el principio de la magia en donde lo que parece vacío en realidad no lo está; pero para ello hay que cumplir las promesas.

Si admiro a Mary Poppins es por su manera de como despierta nuestra conciencia a verdades olvidadas invitándonos a recuperar la maravilla oculta por estar tanto tiempo en babia. Por eso me resisto a que unos niños alternen con la parte más triste de nuestro país como lo es la clase política. Estar en brazos de una niñera entre Diputados, Senadores, altos cargos de la Administración, miembros o miembras (con perdón) y con una madre obsesionada con la igualdad de género que ha ido mutando hasta el paroxismo más absoluto, no parece ser el mejor de los ambientes para los más pequeños. Porque doña Irene con su borrador de la llamada Ley Trans pretende establecer la autodeterminación de sexo permitiendo cambiar de género libremente a los menores. La cosa podría llegar mucho más lejos, pues con ello no solo causaría estragos irreversibles en el modelo de familia traído del propio derecho natural existente, sino el dar de lado que a uno o a una se le respete por su condición sexual, creencia religiosa o color de la piel; pero es que este proyecto de ley es peor de lo que se teme.

Por suerte un grupo de feministas con atribuciones de sensata coherencia intelectual han escrito a Pedro Sánchez contra la citada Ley denunciando que el borrador presentado por Irene Montero supone un retroceso en derechos y pone en peligro la infancia. Las firmantes insisten en que referirse a menores de edad trans no es en absoluto progresista, sino políticamente reaccionario y constitutivo de posible abuso infantil. En su escrito, además, advierten al presidente del Gobierno de los efectos arrasadores sobre la seguridad jurídica, la educación, los espacios seguros para mujeres, el deporte femenino, los derechos de las personas transexuales, la libertad de expresión y todas las leyes encaminadas a conseguir la igualdad entre los sexos. O sea, una incunable joya.

Para la ocasión yo hubiera elegido de niñera a Mari Poppins mejor que a Teresa Arévalo, y nada personal tengo hacia esta jefa de gabinete a la cual no conozco en absoluto, pero al menos lo tedioso pasaría a ser divertido. En fin, al igual que Mary Poppins no es Julie Andrews, entiendo que doña Irene Montero tampoco será ministra de Igualdad para siempre; de manera que por sus obras las conoceréis. Mientras tanto pienso en nuestra juventud y en las generaciones futuras y dan ganas de coger el primer paraguas volador y aprovechar el próximo viento del oeste para huir lejos de tanto sectarismo y tanta igualdad tan desigual.

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