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TRIBUNA

La esperanza en lista de espera

Juan José Vijuesca
miércoles 17 de febrero de 2021, 20:23h

Saldremos de esta porque la humanidad es rentable para los fines que persiguen los interesados. Ahora bien, ¿a qué precio? Ya se lo digo yo, a coste cero para ellos. Una variante de la felicidad a cambio de dejárselo todo al Estado, quien será amo y señor de nuestras pertenencias merced a la expropiación o por simple decreto de convertirse en heredero universal de las propiedades individuales o colectivas. El sentido dominante a cambio de una porción de moderna felicidad diseñada para la nueva era global.

¿Qué ustedes no se lo creen? Hacen bien, pero quienes puedan verlo serán testigos de que la especie humana dejará el modelo de vida actual por otro que han dado en llamar el “Gran Reseteo” Algo parecido a cambiarnos hasta el metabolismo para dejarnos con lo puesto y a expensas del Estado como Supremo Iluminador del bienestar global. Pobres, sin nada, pero felices, según los creadores del nuevo mundo.

En ese preciso instante fue cuando sonó mi despertador y abandoné este sueño tan canalla como temeroso. Confieso que es un alivio el regresar a la realidad de hoy mismo, aunque sigamos inmersos en idéntica zozobra desde hace un año cuando falleció la primera persona a causa de este asqueroso virus. Y aquí seguimos, soñando despiertos en medio de confusas tribulaciones y maquiavélicas teorías. Como no puede ser de otra manera hay sospechas de esperanza, ese bálsamo tan recomendable como en su día lo fuera el linimento Sloan, ya saben, aquél ungüento “matadolores”, también conocido coloquialmente como “el tío del bigote”. Milagroso porque hacía las delicias del consumidor en aras de la fe mariana para aliviar dolencias musculares de cualquier tipo. La publicidad del producto rezaba que era un linimento “bueno para hombres y bestias”, y además mantenía un recuerdo olfativo asociado a la ilusión del prodigioso remedio.

Entre el optimismo a medida y la esperanza resignada se nos ha concedido la cortesía de seguir manteniendo idéntico ritual día tras día. Solvencia de actos y educada convivencia a fin de salir de esta especie de laberinto del Fauno en donde lo siniestro nos pone a prueba, si no para conseguir la inmortalidad, al menos para alcanzar la tan ansiada inmunidad. Lo que sucede es que un año después los criterios se desdoblan en versiones contrapuestas y aun creyendo que saldremos hay quienes versionan que ni la vacuna ni el haber pasado la Covid evita que puedas contagiar. Lo dice la conocida viróloga del CSIC Margarita del Val. De manera que uno, todavía en su sano juicio y mermado por haber dejado de usar el milagroso linimento Sloan, recula en la euforia despertada por esos rayos de ánimo que se nos dan con cuentagotas.

A estas alturas me importa un kínder lo que haya acontecido en las elecciones catalanas. Me importa otro kínder que Cataluña se independice del resto de España, es más, con su pan tumaca se lo coman; dicho esto, tan solo me interesa que dimita toda la clase política de este país ante la falta de vergüenza por jugar con la vida de los demás. Primero lo fue el 8 de marzo, y ahora con esta malévola maniobra de lo políticamente vergonzoso celebrando elecciones a 500 muertos al día de promedio y con la única pretensión que la de seguir alimentando al maldito virus a costa de nuestra pervivencia.

Miedo me da que nos vendan euforias, que nos marquen calendarios, que nos pongan futbol todos los días, que nos distraigan con próximas normalidades. Miedo me da que el buen tiempo despierte las membranas de los deseos. Miedo me da que con la vacuna puesta nos creamos ser lo que no somos. Miedo me da que se alineen las hambres cohibidas con las fronteras abiertas. Miedo me da llegar al vértice en donde el tiempo se vuelve canalla y olvida. Miedo me da que tantas horas de espera no sirvan de nada. Miedo me da que no haya respuestas y los muertos cada día importen menos. Miedo me da que no salgamos de esta por culpa de quienes juegan a la libertad sin democracia. Miedo me da que mi sueño se haga realidad.

Maldita sea la pena negra por tantos espurios e ilegítimos personajes que medran con la mentira a costa de la cada vez más temerosa verdad, por su culpa veo pájaros pintados que anidan sobre ramas vencidas. Veo árboles sin fruto, casi de rodillas. Veo nieblas abatidas sobre tardes de paseo y también veo calendarios con días tachados de negro. Veo entre sombras abrazos furtivos, besos a oscuras del miedo, y quizás todo esto sea una pesada broma de quienes gustan disfrazarse de César Augusto creyendo ser hijos de algún dios. No me gusta lo que veo, pero si me duermo es aún peor, por eso la esperanza tiene tanta demora y tan larga lista de espera.

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