www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

España y su ciudadanía

miércoles 17 de febrero de 2021, 20:27h

Creo pertinente formularse tres preguntas, una tras otra: ¿Cuántos compatriotas se sienten segregados o incomprendidos, por el mero hecho de ser españoles? ¿Cuántos tienden, por este motivo, a dejar de decirse y sentirse españoles? Por último: ¿en qué consiste ser español?

Entiendo que carece de sentido intentar responder a las dos primeras cuestiones de forma literal, acotando un número. Expresemos, en cambio, alguna inquietud por la percepción que muchos conciudadanos tengan en ese sentido (bajo un supuesto común, ya sea real, ficticio o exagerado), y la decisión que, a partir de ella, puedan tomar al considerarla una carga desagradable que podemos dejar de soportar: renegar de su españolía.

Cabe tomar cuidado de tal malestar. En cualquier caso, la condición humana no está concluida de una vez por todas; si bien es cierto que un ser humano se puede deshumanizar, también lo es que puede sanar.

Entre nosotros es moneda corriente compartir y divulgar estereotipos negativos de lo español, asumiendo pusilánimes la fatalidad de unas características sociales nefastas. ¿De verdad se nos puede catalogar de gente pícara, corrupta, envidiosa, soberbia, perezosa? ¿Es verosímil una herencia abrumadora e insuperable de defectos y vicios? Cuando se habla de gente, se habla de un sujeto impersonal que es todos y es nadie, siempre ‘los otros’.

Cuando esta creencia peyorativa e injustificada arraiga, quedamos vulnerables y nos convertimos en población de riesgo. Hay una propaganda interesada en insertar la obsesión de una visión demoledora que dé por inútil cualquier esfuerzo en su contra; ‘no tenemos remedio’.

Julián Marías observaba que los españoles tienden a “creer que cuando algo mal aparece en España, nunca termina”. Así sucede con el fantasma del franquismo que arrancó con la Guerra Civil y que, siguiendo el guión del caudillo, nunca se da por acabada. Esta sombra ominosa es reavivada día a día por separatistas y podemitas, que gustan del concurso de voz de la derecha radical y patriotera. La trampa es burda y se reitera hasta la saciedad, los medios de comunicación la difunden y la dan por irrefutable. Ante tal estigma palidece toda otra consideración positiva en el mundo hispánico. Se embute a conciencia lo peor y lo falso; de nuevo el fatalismo: ‘no tenemos remedio’. El filósofo alción que era Marías (símbolo de construcción sosegada de un nido para que la vida siga, después de inclemencias y calamidades) rememoraba, tras la tragedia de la encarnizada guerra y la despiadada posguerra, la satisfacción, la esperanza y la seguridad que daba tener en los oídos las lecciones de sus maestros del pensar, “la interpretación inteligente, crítica, esperanzada de todo aquello”. Desde ella, se abría con aplomo una vía a la libre creatividad y se evitaba estancarse en el odio y el resentimiento, siempre corrosivos. Desprenderse de la toxicidad impuesta permite volver a construir.

Si pasamos a la tercera cuestión: en qué consiste ser español, tengo por evidente que no hay una sola identidad ni un único patrón de serlo; lo que nos quita un peso de encima, al evitar la exclusión pues nadie tiene autoridad para dictarlo. Cada ciudadano hace la suya, con sus múltiples variedades e incrustaciones. Cabe decir que ser español define muy poco, no garantiza nada. Pero permite acceder a un rico depósito de cultura y de usos variados y estimables, como los que atañen al trato humano o a la gracia y el regocijo de la conversación.

¿En qué medida condiciona la vida de cada uno el ser español, el hacerse español? La condición española, como todo lo humano, admite distintos grados de intensidad y de conciencia. Es un ingrediente más del modo de ser persona.

Yo querría volver al inolvidable Julián Marías, quien hace treinta y cinco años escribió: “Ser español quiere decir intentar serlo de una manera nueva, llevando a su plenitud las posibilidades acumuladas en largos siglos de ensayos”. Ser español acontece según la historia y no por naturaleza, no se trata de esencias ni de identidades, está trufado de impurezas. Condicionados por proyectos que exceden a un solo individuo, y que podemos o no apoyar, tenemos un álbum o catálogo de vivencias y reflexiones al que acudir en busca de inspiración, sin la exigencia de cerrarnos a él solo.

En definitiva, ser español es algo natural y un registro lleno de posibilidades del ser persona. Nadie tiene el derecho de propiedad exclusiva de esa marca, que es variable e integradora.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(1)

+

1 comentarios