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TRIBUNA

Democracia

Juan José Vijuesca
miércoles 24 de febrero de 2021, 20:08h

Lo que viene sucediendo en España no es otra cosa que el resultado de un extravagante experimento socio-político. Habrá quienes a esto lo denominen fantasías animadas; otros dirán que son cosas de la nueva normalidad e incluso habrá quienes salgan a la calle a lanzar adoquines, apalear policías, saquear comercios y arrasarlo todo en un claro ejemplo de que la democracia de este país se ha convertido en papel higiénico de doble capa y suave textura.

Cuando un gobierno se hace oposición a sí mismo parece como si en una trainera hubiera remeros que bogan a remo cambiado. Algo tan difícil de digerir como fácil de solucionar, basta con poner a cada bogante en el sitio correcto para conseguir el equilibrio del equipo. Es la sensatez pura y dura. En política, aunque ya sabemos que la cordura no forma parte de ninguna lógica, cuando la desproporción de unos pocos rompen la legalidad de la desvergüenza, no queda otra que meter el bisturí y extirpar el mal. En otros países con clara vocación de justicia cabal e independiente lo llaman cesar o echar a la calle al causante o grupo de actores de la disonancia.

Cuando se dice que en España tenemos “democracia plena” parece que alguien se esfuerza en justificar lo que ya es sabido. Además de ser esta una definición de lo más insustancial nos aleja de lo que los españoles fuimos capaces de instaurar, hace ahora 43 años, merced a las elecciones constituyentes y un año después con el Referéndum Constitucional que dio luz a un nuevo modelo de libertades. Democracia, sin aditivos ni colorantes, o como define la RAE: “Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. Cierto es que ha llovido desde entonces y todo se ha hecho adulto, también la Constitución del 78 no es ajena al paso del tiempo.

Claro que hay aspectos sociales que requieren su adaptación a las circunstancias actuales, pero son ajustes que no han de atentar la estructura de nuestra democracia; y eso es lo que en realidad pretenden quienes fecundizan el totalitarismo más abyecto, es decir, cambiar el perfil de España y convertirla en una república bananera. Así pues, quienes no acepten la voluntad popular de vivir en paz auspiciada por una libertad democrática bien entendida, que se vayan a buscar otra teta que les amamante. Los que hemos remado en la misma dirección sobre el trabajo y el esfuerzo continuado hemos creado un Estado soberano y libre para todo aquél o aquella que convengan con la cultura del respeto.

Como antes dije, cualquier cosa es susceptible de ser proporcionalmente adecuada a lo que los nuevos tiempos demanden, ahora bien, no solo en derechos, sino en las obligaciones que se dimanen. Esa es la esencia de la democracia y la virtud de la libertad frente a las dictaduras que con tanto celo persiguen quienes amasan tiranías y alientan violencia discrecional. España no merece ni el desorden ni el desgobierno, al igual que los españoles tampoco merecemos estar en manos de la zozobra. Francisco de Quevedo dijo en cierta ocasión: "nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir" y eso por desgracia es la enseña del porvenir que nos espera. Es la máxima de un gobierno que cuida su particular bienestar desde la silla curul sin ruborizarse lo más mínimo ante lo zafio de su propia corte.

Cuando representantes de un mismo gobierno se contradicen entre sí a la hora de aclarar qué tipo de democracia tiene España, la imagen que damos al resto del mundo es de chiste de vodevil. Por un lado se dice que no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España, mientras que por otro se replica que en este país tenemos democracia plena. Una sandez porque ahora mismo la democracia para nuestros gobernantes sólo sirve para refrendar sus propios deseos. Es la demagogia altisonante frente a las cámaras para luego, entre bastidores, convertir en carantoñas lo que en el teatro del Congreso nos hacen creer que es lo contrario. Mientras tanto la ciudadanía a expensas de alguien con cordura suficiente capaz de doblegar tanta incontinencia mental.

Teniendo en cuenta que el poder crea vicio de arraigo y que pocas cosas ofrecen mejores réditos para quienes tratan de perpetuarse en la supremacía, nada de extraño tiene en los que sintiéndose imperiales poco escatimen en audacias y otros desacatos al albur de socios y demás colegas de comparsa. La mamandurria a la sombra de unas ubres tan fecundas se encarga de hacer el resto. Así pues, la democracia española de hoy en día es como si un barco de vapor quisiera cruzar las procelosas aguas del Cabo de Hornos pretendiendo simular que lo hace sobre un estanque cubierto de nenúfares. Francachelas tabernarias las justas, señorías. Con las cosas de comer no se juega.

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