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FÚTBOL AMERICANO

NFL. Dice adiós Brees, el jugador que iluminó Nueva Orleans tras el huracán Katrina

NFL. Dice adiós Brees, el jugador que iluminó Nueva Orleans tras el huracán Katrina
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(Foto: Twitter: @Saints)
miércoles 17 de marzo de 2021, 23:13h
El quarterback se jubila dejando unos registros de leyenda absoluta.

Drew Brees acaba de retirarse de la práctica deportiva profesional. A sus 42 años ha decidido establecer el punto y final a una trayectoria a la altura de los iconos históricos de las grandes ligas de Estados Unidos. Su nombre está relacionado con la cima de la NFL, con el selecto grupo de los talentosos que han sobresalido de tal manera que se han granjeado un estatus de leyenda. Pero no se comprende bien la dimensión de este ser humano desligado de la ciudad de Nueva Orleans, de su franquicia de fútbol americano y de la ciudadanía del estado de Luisiana.

El relato de este quarterback majestuoso, de registros asombrosos, yace unido al de la mencionada urbe. Son vasos comunicantes en cuanto al sufrimiento y la capacidad de renacer de las ruinas. El jugador compitió cinco temporadas en la élite desde que debutó en 2001 (siempre con los San Diego Chargers). En ese transcurso destacó de sobra como para seducir a alguno de los mejores equipos, pero sufrió una espeluznante lesión en su hombro derecho, articulación básica para lanzar. La sensibilidad y su talento residían en la coordinación del brazo diestro. Ante el miedo a que no volviera a ser el mismo, que la rehabilitación le arrebatara su calidad, se pusieron de perfil y le tocó buscar un hueco en otros lares. Para reivindicarse y seguir trabajando en su pasión.

Por otro lado, en agosto de 2005 germinó un huracán en las Bahamas. Atravesó el sur de Florida, regando fallecidos e inundaciones a su paso, y se convertiría en la mayor catástrofe natural del siglo XXI en Estados Unidos al tocar tierra en Louisiana. Tras crecer en el Golfo de México, la tempestad llamada Katrina golpeó de lleno a Nueva Orleans, como un fenómeno de categoría 3. A pesar de los preparativos implementados por las autoridades, su impacto rebosaría horror, destrucción y muerte. El hecho de que gran parte de la ciudad habite bajo el nivel de mar no ayudaría. De hecho, fue invadida por el lago Portchtrain y la catástrofe se agigantó cuando se fracturó el sistema de diques. El resultado de aquella tragedia se cifró en más de 1.800 fallecidos. Y cientos de miles de personas abocadas a la pobreza.

El estadio de los New Orleans Saints se usó para dar cobijo a los millares de familias que hubieron de ser evacuadas. Mas, los daños causados por la hecatombe provocaron que el recinto, llamado Superdome, tuviera que ser reconstruido durante un año. En el entretanto, Brees seguía intentando localizar dónde aferrarse al profesionalismo, negociando con seriedad con los Miami Dolphins. Sin embargo, se cruzaría en su camino Sean Payton, el entrenador fichado por los Saints en enero de 2006. El técnico quería que el equipo resurgiera en torno al pasador, así que se decidió a pasearle junto a la mujer del jugador- por los barrios residenciales de la urbe.

Payton conducía el coche al tiempo que hacía lo posible por convencer al astro. Le llevó por los parajes más bellos y les habló de los idílico de forman una familia en ese entorno. Hasta que se confundió en un giro y se adentró en una zona que todavía seguía abrasada por el Katrina. Allí les mostró la dura y cruda realidad que vivían los pobladores, meses después del desastre. El preparador pensó que había fastidiado el plan y que se le escaparía su fichaje predilecto. No fue así. El alma del número '9' quedó conectada con lo que veía. Así lo explicó en un documental producido por la NFL: "Brittany (su esposa) y yo nos dimos cuenta que estábamos buscando un significado profundo a todo esto. Sentí que aquí es donde pertenezco, para poder ser parte no sólo de la reconstrucción de una franquicia, sino también de una ciudad y de una región". El trato estaba cerrado.

Competirían meses sin estadio. Las obras duraron hasta el 25 de septiembre de 2006, cuando el templo reabrió para acoger un partido contra los Atlanta Falcons. La belleza del duelo premió a unos aficionados más que castigados. Ganaría el encuentro el escuadrón local y, sobre todo, vencieron a la tristeza los ciudadanos que ese día acudieron al templo de fútbol americano. A partir de ahí, con algunos retoques defensivos, crecería el rendimiento del colectivo de los Saints. Tanto que el 7 de febrero de 2010 jugarían la Super Bowl XLIV. Algo impensable un lustro antes. Y derrotaron a los Indianapolis Colts del coloso conocido como Payton Manning. Aquella noche, en el Sun Life Stadium de Miami, Brees fue MVP. Se exhibió con 32 pases completados de 39 intentos, 288 yardas de pase, dos touchdowns, una puntuación sensacional 114.5 y el honor de haber ascendido a la segunda plaza (de todos los tiempos) en efectividad de pase en un partido por el anillos. Y, de paso, regaló a la herida Nueva Orleans luz.

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En la celebración callejera del equipo campeón se reproducirían escenas previas al advenimiento del huracán. La afamada música de la ciudad abrigó al paso de los jugadores por unas calles repletas de gente que necesitaba un empujón moral y anímico así. Miles de personas salieron, eufóricas, olvidando su todavía penoso día a día, para festejar un triunfo que consideraban propio. Al fin localizaban un nexo de unión positivo al que sujetarse para mirar al horizonte de otro modo. Nunca antes esa franquicia había tocado la gloria. Y no volvería a hacerlo, a pesar de las plusmarcas que amontonaría el quarterback (pasador con más yardas aéreas en la historia, segunda cifra más alta de touchdowns o cuarto lugar en la nómina de pasadores con más victorias) en los quince años en que ha liderado a los Saints.

Brees, en cambio, es admirado de manera fraternal en Nueva Orleans por su labor social. Un trabajo solidario y comprometido para ayudar a una comunidad de Louisiana muy erosionada tras el Katrina que le valdría el premio Walter Payton que entrega la NFL. Desde que aterrizó en esa región compaginó su esfuerzo en la cancha con una amalgama de iniciativas de apoyo, amortiguación de las consecuencias del colapso y reactivación de la normalidad en las vidas de sus conciudadanos. A través de la Brees Dream Foundation han empujado durante décadas en la construcción de edificios de viviendas. Y la última asistencia está adherida al coronavirus. En marzo de 2020, junto con su mujer, donaron cinco millones de dólares para dar servicio de comidas (10.000 al día, programas para los niños, ancianos y familias necesitadas) y cuidado sanitario.

Su simbolismo en ese territorio, por ende, excede al ámbito deportivo. Y su carácter le ha llevado a anunciar que se jubila después de 20 temporadas de manera discreta. Una mera publicación en sus redes sociales. Eso es todo. Este es el texto con el que se ha despedido el futuro miembro del Salón de la Fama del fútbol americano y comentarista de la cadena televisiva NBC: "Después de 20 años como jugador en la NFL y 15 años como Saint, es hora de que me retire del football. Cada día vertí mi corazón y alma en ser su quarterback. Hasta el final, me agoté para dar todo lo que tenía a la franquicia de los Saints, a mi equipo y a la gran ciudad de Nueva Orleans. Compartimos algunos momentos increíbles juntos, muchos de los cuales están grabados en nuestros corazones y mentes. Y siempre serán parte de nosotros. Me habéis moldeado, fortalecido, inspirado y me han dado una vida de recuerdos. Mi objetivo durante los últimos 15 años fue esforzarme por daros todo lo que me habíais dado y más. Sólo me retiro del fútbol, no me retiro de Nueva Orleans. Esto no es un adiós, sino un nuevo comienzo. ¡Ahora comienza el trabajo de mi vida real!". Su dorsal será retirado y colgará del techo del Superdome. Y su nombre será homenajeado periódicamente en Louisiana.

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