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DESDE ULTRAMAR

México: doblaje de películas

jueves 25 de marzo de 2021, 20:28h

Un follón ha generado la reforma a un artículo de la Ley Federal de Cinematografía (1992) –un numeral, no implantose una nueva ley– por el cual, literal, se establece: “art. 8o. Las películas serán exhibidas al público en su versión original y subtituladas al español, en los términos que establezca el Reglamento. Las clasificadas para público infantil y los documentales educativos podrán exhibirse dobladas, pero siempre subtituladas en español.” Ya fue publicado en el Diario Oficial de la Federación pudiendo contrastarlo con el anterior texto: “Las películas serán exhibidas al público en su versión original y, en su caso, subtituladas en español, en los términos que establezca el Reglamento. Las clasificadas para público infantil y los documentales educativos podrán exhibirse dobladas al español.” Como sea, estamos pandémicos y sugiero no acudir al cine.

Pues bien, en consecuencia, el cambio consiste en lo siguiente: desde ya, toda película que se exhiba en cines se proyectará en su lengua original extranjera, subtitulada. Acá ‘exhibir’ es un vocablo alusivo y utilizado con los cines. Si fuera una peli en español (mexicano, peninsular, argentino, cubano, etc.) se subtitulará de igual manera que aquellas otras. No se elimina el doblaje para cines, que cabrá pero se garantiza que el exhibidor destine espacio al filme original intocado. No siempre ocurría. Cuando una película se transmita por la tele, podrá doblarse. Ergo, ni es una derrota al idioma español ni proscribe el doblaje, labor muy reconocida a México. La adecuación se encamina en pro de las personas con discapacidad auditiva, impulsoras de esta medida clamando por el derecho a enterarse de la trama viendo “las letritas”. Dos pájaros de un tiro. ¡Enhorabuena!

A mí me desagrada el doblaje porque impide ver el trabajo original y hoy lo siento muy monopolizado. Tengo la impresión de que son las mismas voces repetidas en películas, series, comerciales. Y acaso me equivoco, pero me saturan y eso me mosquea. Prefiero el idioma de origen, aunque me resulte cansado el chino o el alemán por no estar habituado a tales. Y pido que se conserve la modalidad de español que toque, sin doblar. Preservemos modismos, giros y tesituras de una lengua viva, rica y variada como lo es la que compartimos 550 millones de hablantes. No la doblen. ¡No la frieguen! Quienes me leen fuera de México deben saber que nunca hubo una ley imponiendo el doblaje de filmes. Se subtitulaban. Hubo libertad de preservar el idioma original de la cinta, tanto en cine como en televisión. Las infantiles sí se doblaron y hubo verdaderas joyas del doblaje con voces versátiles y una pronunciación excelsa, de forma cuidadosa, loable, prístina.

Acudo a opiniones de conocedores. Guadalupe Romero, comunicóloga con especialidad en apreciación cinematográfica por la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA) y que está cursando una maestría en Arte Cinematográfico, puntualiza aludiendo a esta reforma: “Siempre he estado a favor de exhibir las películas en su idioma original y con subtítulos. Sobre todo porque se conserva el trabajo actoral de los intérpretes y en general el diseño de sonido de la obra original, que cuando se dobla, se pierde. Por ese lado me gusta y me parece bien que sólo se doblen las películas infantiles, sobre todo animadas, porque ahí la interpretación depende de la voz y no de las actuaciones. Pero estoy consciente de que en nuestro país todavía hay mucha gente analfabeta, gente de la tercera edad que ya les cuesta trabajo leer los subtítulos, por la velocidad con la que pasan y el tamaño de la letra; y prefieren ver las películas dobladas. Por otro lado, dejar de doblar las películas va a impactar en la industria del doblaje y mucha gente quedaría sin trabajo. Soy partidaria de que se pueda tener las dos versiones, en la medida de lo posible”.

Comparto también las palabras de Enrique Castillo, quien se define como cinéfilo empedernido, egresado de una de las escuelas más importantes de cine en México: el Centro de Capacitación Cinematográfica y de la reforma legal, apunta: “Por respeto a los actores de cine y a la integridad de la obra cinematográfica, la celebro. Las únicas que debieran doblarse son las dirigidas a un público infantil, porque los niños no saben leer o no pueden leer tan rápido. La banda sonora es parte integral de una obra cinematográfica. Desde que el cine tiene sonido, miles de técnicos han tenido que aprender a esconder los micrófonos en las ropas de los actores o bien usando “cañas” (esos palos con micrófonos peludos en la punta) por encima del límite de cuadro para registrar con fidelidad los diálogos y el “ambiente” en donde se desarrolla una secuencia. Toda esa calidad o profundidad de sonido se pierde a la ahora de doblar una película, porque no es lo mismo que un actor grite a mitad de una selva que en un estudio de grabación.

Luego, cualquier persona que haya actuado o tomado clases de actuación sabe que la herramienta más importante de un actor, es su voz. Cuantiosas horas de su entrenamiento como actor se van en aprender a proyectar la voz, en matizarla o agregarle esos giros sutiles que pueden hacer que uno como espectador entienda que el personaje está pensando o sintiendo justo lo contrario de lo que está diciendo. Meryl Streep, considerada por muchos (me incluyo) como la mejor actriz que ha existido, siempre ha dicho que para ella lo más importante es encontrar la voz de su personaje y una vez que la encuentra, lo demás es pan comido. Se puede llevar meses buscando el acento correcto, el tono, las muletillas, el volumen que va de acuerdo al personaje que está interpretando. Joaquin Phoenix, quien obtuvo recientemente el Oscar al interpretar El Guasón en Joker, también declaró que se tardó muchas semanas en encontrar la risa correcta para su personaje, entre burlona y triste e histérica y trágica y malvada y psicótica….Por muy buenos que sean los dobladores de una película –y en México son excelentes– no dejarán de ser imitadores. Muy buenos imitadores, sin duda, pero imitadores a fin de cuentas. Hay quienes entendemos inglés y no necesitamos subtítulos, pero así sea una película en sueco o japonés, idiomas que desconozco por completo, sería muy frustrante ver algo de Bergman o de Kurosawa doblado al español. Todo el cine clásico lo hemos visto siempre con subtítulos y sin ningún problema. Quienes éramos niños en los setenta y ochenta, incluso tuvimos que ver películas como Star Wars o E.T. subtituladas y no nos pasó nada; nos acostumbramos y punto. Es cuestión de lograr ahora que las nuevas generaciones se acostumbren a leer, que buena falta les hace.

Ahora bien, en México hace unos 20 años, dizque para atraer más público hacia la ópera, empezaron a traducir algunas obras. Recuerdo haberme recetado La Flauta Mágica y Carmen. Un fastidio, un desatino completo. Esas canciones, esas arias no eran las escritas por Mozart o Bizet. Desde hace ya algún tiempo las presentadas en México incluyen supertítulos que pueden leerse si te quieres enterar de qué están hablando o cantando los personajes, lo cual me parece perfecto. Ahora, los sordos sí pueden ir al cine y, gracias a los subtítulos, se enteran de lo que están diciendo los personajes. Aun si un sordo puede leer los labios, esa habilidad no le sirve de nada si los personajes en la pantalla están hablando un idioma que no conoce. Considero que con una función al día que exhibiera el filme doblado al español, sería más que suficiente para cubrir esa demanda, si existiera. El problema en México ha sido que se había exagerado en la cuestión de doblaje, pues ya había complejos de salas al completo sin ofrecer la versión original.”

Jorge Salles, cinéfilo, apunta: “definitivamente no están pensando (los autores de la reforma) en la industria del doblaje, que no es por ser nacionalista, pero es de las mejores de Iberoamérica. Los débiles visuales que no pueden leer con facilidad los subtítulos, también se ven afectados”.

Y eso será otro debate: el color adecuado de los subtítulos. Como puede verse, hay opiniones para todo. La medida aún falta que rinda frutos, sin embargo apunta a ser positiva si resguarda la industria del doblaje y la originalidad de la obra correspondiente. Y con la pena, dígase: no es lo mismo ver Titanic en español y en la tele. Pierde muchísimo. La pantalla grande es lo que es. De ahí su magia.

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