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TRIBUNA

En busca de lo mejor para España

jueves 15 de abril de 2021, 20:35h

El conocido periodista José Antonio Zarzalejos, quien dirigiera ABC y El Correo Español-El Pueblo Vasco, ha dedicado su nuevo libro a un rey en la adversidad: ‘Felipe VI’. Según explica, para su confección, ha efectuado más de treinta conversaciones con “personalidades de distintos ámbitos”.

Retrata a nuestro monarca como alguien apacible, discreto y ejemplar en su vida privada, pero que está en riesgo. “En su entorno –dice- proyecta sosiego, pese a tener que enfrentarse a un cuadro de situación, familiar e institucional, tan difícilmente manejable. Es observador, sabe escuchar y adopta las decisiones con pautas muy cautelosas”. Consciente de su sentido del deber y su responsabilidad, el Rey sabe que ha de hacerse acreedor de autoridad moral para el ejercicio de sus funciones. Y ganarse continuamente el aprecio, respeto y confianza de todos los españoles; ciudadanos y no súbditos.

José Antonio Zarzalejos destaca que Felipe VI no ha tenido un solo día de tregua desde su proclamación, tampoco de benevolencia. Su peor adversario, insiste en todo el libro, “ha sido y sigue siendo su padre, Juan Carlos I”, quien “nos traicionó a todos. Y traicionó a su hijo”. Un constante dolor de cabeza para su sucesor y un factor de erosión de la Corona.

El Rey renunció a la herencia que le pueda ser transferida de su padre; quien ocultó “a su hijo el manejo de su nombre en la fundación nutrida con fondos opacos”. Ha privado al rey emérito de asignación presupuestaria y ha prohibido que los miembros de la Familia Real acepten préstamos ‘sin interés o con interés inferior al normal del mercado’. “Tampoco regalos de dinero. Y, en caso de recibirlos, deberán ser donados ‘a una entidad sin ánimo de lucro que persiga fines de interés general’”. Todo ello me parece impecable, necesario.

Parco, grave, respetuoso, preocupado, disciplinado, Felipe VI no ha concedido aún entrevistas a ningún medio de comunicación. A pesar de los pesares, habidos y por haber, la sociedad española -que muy mayoritariamente es pragmática en cuanto a tener monarquía o república- le atribuye una alta valoración. Es también mi caso.

Menospreciar su figura se ha convertido en una práctica común que se ejecuta con todo descaro, y a veces con “medidas aparentemente de baja intensidad”. Él, no obstante, guarda siempre serenidad y sabe mantener templado el ánimo. Es lo que hace falta.

Por un lado, tenemos hoy en el Gobierno a los podemitas de Iglesias, con una hostilidad automática contra el Rey y la democracia liberal, y practicando la tergiversación de modo permanente. Por otro lado, el secesionismo tiene a Felipe VI en el punto de mira, por ser el símbolo de la unidad y permanencia del Estado de derecho que quieren abatir; más aún, tras su ejemplar y formidable alocución de octubre de 2017. Todo ello lo tengo muy presente al hacer valoraciones.

El inefable Rajoy tampoco ha contribuido a desactivar con acierto el programado acoso y deterioro de las instituciones democráticas. Así fue en su penosa gestión del referéndum ilegal de 2017, o en la moción de censura que le hizo Sánchez; se negó a cortocircuitarla dimitiendo del cargo (razones de un extraño honor de quien se refugió en una cafetería, en vez de dar la cara). En cuanto a Rivera, el autor destaca que “no parece que sea consciente del daño que su política alocada, aliada con un lenguaje tremendista e inconexo, ha hecho al sistema constitucional y, en particular, a la monarquía”. Y le reprocha que no hiciera honor a los principios fundacionales de su partido. Para mí esto es capital, lo cierto es que los traicionó. Este hombre quiere ser un día el líder de los populares y para ello mueve en la sombra sus peones. ‘Roma no paga a traidores’. Pero ‘Roma’ no es Roma y los traidores sí lo son. Mil vergüenzas cantan y no se tapan.

Al acabar su libro, Zarzalejos no se muerde la lengua al señalar que muchas intervenciones del Rey “suelen abundar en lugares comunes, resultan demasiado contenidas, renunciar a procurar titulares a los medios y se mueven en una blandura semántica, y a veces también conceptual”. Sugiere que revierta su contención, aprovechando que sabe enfatizar bien y que tiene autenticidad personal. Lo cree capaz de transmitir con más desenvoltura y eficacia sus sinceros deseos de lo mejor para todos nosotros, sus compatriotas y conciudadanos.

Y en el horizonte, Leonor, la heredera al trono, es una muchacha pausada, respetuosa, sonriente y responsable. Dicen que la reina Letizia ha hecho de la educación de sus hijas su objetivo principal. Ojalá que entre todos saquemos a España adelante. Por nosotros que no quede.

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