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FÚTBOL

Esta es la llamada telefónica que hizo explosionar el proyecto de la Superliga

Esta es la llamada telefónica que hizo explosionar el proyecto de la Superliga
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(Foto: Twitter: @LFC)
jueves 22 de abril de 2021, 09:57h
Se ha destapado la conversación que propició la fuga de los seis clubes ingleses.

La revolución cambió de bando en menos de 48 horas. El domingo por la noche se detonó el bombazo: nacía una Superliga de fútbol conformada por doce de los clubes más poderosos del planeta (Real Madrid, Barcelona, Atlético, Inter, Milan, Juventus, Arsenal, Chelsea, Manchester United, Manchester City, Tottenham y Liverpool). Se trataba de un desafío a los estamentos que gobiernan el balompié de tal calado que con celeridad se formó una contundente oposición a lo largo y ancho del Viejo Continente.

En la noche del martes, en plena polvareda generada por las reacciones a la gestación de semejante proyecto, se lanzó el pacto que actuaría como antídoto contra el novedoso torneo. Todos los equipos que pertenecían a la Premier League y que ejercieron, a su vez, como fundadores de la pomposa competición acordaron huir. Recular. Regresar al redil de la FA (Asociación Inglesa de Fútbol). Asestando el golpe de gracia a la obra que acaba de nacer.

Congelado quedó el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli. El dirigente, que había dimitido como mandatario de la Asociación de Clubes Europeos, había expuesto en la tarde del martes que estaba seguro al "100%" del éxito de la Superliga porque habían cerrado un "pacto de sangre". En un pestañeo él y Florentino Pérez (el otro portavoz del proyecto) se enteraron del boicot sobrevenido y convocaron una reunión de urgencia. En esa conversación se constataría el abandono prematuro británico. Y el Inter expresaría unas dudas que acabarían por arrastrar fuera de la entente a Milan y Atlético.

Para comprender cuál fue la mecha que prendió hasta hacer saltar por los aires todo hay que remontarse a la resaca del anuncio. El lunes por la mañana compareció Boris Johnson. El 'premier' aseguró, en su primera intervención después de la oficialidad de la noticia, lo siguiente: "Haré todo lo que pueda para que la Superliga no salga adelante como está planeado. Vamos a mirar todo lo que podemos hacer con las autoridades del fútbol para asegurarnos de que esto (la Superliga) no sale adelante". "No es una buena noticia para los aficionados y tampoco para el fútbol en este país, y no me gusta el aspecto de esa propuesta. Los clubes son algo más que marcas globales", proclamó.

En esa alocución, el dirigente político que encabezó la ejecución del Brexit avisó a las directivas de los equipos implicados que "mantengan un vínculo con los aficionados" de las regiones a las que pertenecen. Esta aseveración en particular resulta descriptiva del contexto que terminaría provocando la debacle del campeonato alternativo a la Liga de Campeones.

Reino Unido cuenta, en el presente, con un puñado de productos culturales de alcance mundial. Uno de ellos es, con los datos en la mano, la Premier League. El campeonato doméstico supone, además, un arraigo extraordinario para la ciudadanía. Es por ello que los equipos batallan tanto por ser campeones ligueros y no sollozan, como en otras latitudes, cuando no se dan los éxitos continentales. Los usos y costumbres dominicales se alinean en la serie quedada antes del partido-pub-graderío del estadio-pub y en la pasión por viajar por toda geografía británica cuando el club juega como visitante. Es así para miles de hinchas.

Esa es la mentalidad que germinó hasta provocar una amplia protesta en las calles por los fans de los conjuntos implicados en la Superliga. Y llevó a los futbolistas de esos mismos clubes a declararse en oposición al proyecto, con independencia del pacto al que habían llegado sus directivos. Incluso el príncipe Guillermo de Inglaterra se metió en el debate, condenando la voluntad secesionista de las entidades de las que es presidente, pues el heredero del trono dirige la FA. En ese marco se dibujó una inercia que rematarían dos instituciones.

Aleksandr Ceferin hizo lo suyo. El jefe de la UEFA sedujo a los presidentes ofreciéndoles una perspectiva sin trabas para gastar todo lo que se quiera -aunque la deuda se multiplique-. El regalo de la destrucción del llamado fair play financiero constituyó, a todas luces, un punto de inflexión. Mas, faltaba la estocada. Y ésta llegó a través de una llamada telefónica que partió de la residencia del número 10 de Downing Street y tuvo como receptores a los mandos de Liverpool, Arsenal, Tottenham, Chelsea, Manchester City y Manchester United.

Johnson había subido la temperatura de sus declaraciones contra la Superliga el martes. Las convirtió en una amenaza. El diario británico The Guardian desveló en esa fecha que el 'premier' le dijo a su equipo de trabajo que "deberíamos lanzar una bomba legislativa para detenerlo, y deberíamos hacerlo ahora". Y el ministro de Cultura y Deportes, Oliver Dowden, no sólo no desmintió esas informaciones, sino que amplió la intención gubernamental.

"(Boris Johnson) reafirmó su apoyo sin fisuras a las autoridades del futbol y confirmó que tienen el total apoyo del gobierno para tomar toda medida necesaria para frenar este proyecto. El primer ministro confirmó que el gobierno no permanecerá inactivo mientras un puñado de propietarios crea su pequeño club privado. No se descarta ninguna medida y el gobierno explora todas las posibilidades, incluyendo la opción legislativa, para asegurarse de que esta propuesta sea abandonada", comunicó el departamento de prensa del Ejecutivo isleño.

Por último, la llamada. En la tarde del martes, al tiempo que Angelli y Florentino proclamaban su seguridad en el porvenir de la competición creada, Johnson puso sobre la mesa la realidad de las cosas a los clubes disidentes de la Premier League. Uno: aunque no podían abortar el proyecto desde el prisma legal, se comprometieron a aprobar un asfixiante impuesto sobre el lujo; y dos: si se marchan de la Premier les costaría sudor y lágrimas contratar a futbolistas que provengan de fuera del territorio británico.

El líder conservador, cuya popularidad se ha catapultado gracias a este episodio y a la vacunación, amenazó con hacer uso de la potestad que le da el Brexit para torpedear a base de normativas la tramitación de los permisos de residencia de los futbolistas contratados. E insistió en castigarles con implementar una norma adaptada de la conocida como 'Regla del 50+1' que condiciona la Bundesliga alemana. Esa regulación consiste en una cláusula que posee la Liga Profesional de Fútbol de Alemania y que ordena que la mayoría del derecho de voto de un club esté en manos de sus socios. Evitando así que un equipo dependa del capricho de una única persona física o jurídica. En resumen, se les acababa el chollo. Los seis presidentes salieron de esa conversación emitiendo un comunicado por cabeza en el que daban marcha atrás y pedían disculpas a sus aficionados. Y enterrando lo que asomaba como un evento revolucionario en la historia del fútbol mundial.

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