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DESDE ULTRAMAR

En tobogán: Afganistán, La Habana, Andorra…

jueves 22 de abril de 2021, 20:22h
El volar del tiempo y la rapidez informativa a trompa y talega, nos mueven a referir asuntos torales como el anuncio de Biden para abandonar Afganistán, no en mayo –como no antes en 2011 ni en 2013 y así ad infinitum– sino empalmarlo al 11 de septiembre, vigésimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas, lo que solo remachará una agresión insultante a un país inocente que, amén de ser guarida de Osama bin Laden, es punto clave geopolítico en el centro de Asia. Cosa de mirar un mapa: EE.UU. ante todo y la OTAN como alcahuete, invadió para contar con un eje de presión en el centro de Asia, a medio camino ni más ni menos que entre Rusia, China e India, adversarios de Washington de manera diversa. Mas no contó nadie antes con los afganos, sean o no talibanes. Tanto monta. Se irán con la cola entre las patas, dejando sembradíos de opio, gobierno débil a sus espaldas y sin ningún logro real luego de dos décadas de una invasión infame. Cuando Alemania dice “si te vas, nos vamos todos,” hace bien. Finiquiten esa vergüenza.

No nos deja nada boquiabiertos como tampoco saber que Raúl Castro se retira, ¡Hombre! que ya era hora. La transición cubana con dificultades para crear sucesores –Díaz-Canel es visto como un títere de Castro– tiene verdaderos nudos gordianos: el ejército, el partido, Estados Unidos y qué hacer con todos ellos, la oposición a raya. Cuba puede y merece una transición. Amén de que la dibujen ante todo y con inteligencia los de adentro, que nunca será sencillo. Malo si se retrasa por falta de líderes o vendidos a EE.UU.. Malo si se enquista en los Castro.

En este 23 de abril, Día Internacional del Libro, planteo de nuevo dos temas: a) Por años era como el día oficioso del idioma español hasta que el Instituto Cervantes –loados 30 años de labor– se sacó de la manga que lo fuera el primer sábado después del solsticio de verano, una fecha sosa sin significado alguno equiparable con el aniversario luctuoso de Cervantes. La jornada la salva, claro, el libro, repositorio centurial de nuestro idioma común que de un tiempo a la fecha con frivolidad y poco rigor juega con que somos 450, luego 500, 550 y ya 600 millones de hablantes según dice una página del Feis desde Filipinas. No hay seriedad. Hay que ser cautos con el número de hablantes, nativos y aprendices, que luego nos estamos montando castillos en el aire. No hay que exagerar. Seamos realistas. Enhorabuena que seamos tantos, enhoramala (Lazarillo de Tormes dixit) que inflemos cifras envueltos en paroxismo y optimismo infundados.

Y acerquémonos al libro. De mis favoritos –menos adquiridos el último año porque en cibernéticos no me agradan y me agota leer la pantalla– atesoro el de Notas de Platería de Artemio de Valle Arizpe, 1001 años de la Lengua española de Antonio Alatorre, uno proveniente de la librería más antigua de Lisboa, otro de los conmemorativos del tricentenario de la RAE, uno de la transición puertorriqueña, uno del castillo de Kumamoto de antes del terremoto que lo devastó en 2016 y otro recuperado sobre Tarzán, perdido el primer ejemplar muchos años antes en circunstancias que no vienen al caso y tantos más. Mejor en papel, sin par.

A lo que no me acercaré es a votar por el PRI el 6 de junio. Imagínese, dice su impresentable dirigente, el Alito, que Morena es una vergüenza para México, cual si los priistas fueran su orgullo. ¡Ja! desfalcadores. A diario siguen saliendo sus trapacerías y no ofrecen los priistas en forma alguna nada digno de motivar un voto. Van abajo en las encuestas y antes han ganado más elecciones por alianzas (ya no digo por fraudes) que por sus siglas y no garantizan de forma alguna un mejor futuro para México. Estoy convencido: ni un voto al PRI, que no hace falta.

La burda y estólida campaña priista contrasta con el llamativo relanzamiento y la apuesta de Egipto para propulsar el turismo trasladando momias a nuevos recintos. Industria otrora pujante con millones de visitantes, que se desplomó con la revolución de 2011 y tras de una década perdida, cuando ya medio alzaba la cabeza en ese país, le cayó encima la pandemia del COVID-19. Transmitir en directo la transferencia de faraones fue una gozada, obsequiándonos con magnificas iluminaciones espectaculares de sus espacios arqueológicos universales. Se ha criticado si el acto fue desbordado y derrochador, pero siendo sensatos como buena apuesta, eso es: audacia por atraer más turismo y es posible que a Egipto refuerce su atractivo por naturaleza. Si bien aún no concluyen el grandioso recinto que construyen además y cuya inauguración han postergado, lo ya adelantado, cuenta. ¡Enhorabuena por los egipcios! veremos si les reditúa.

En cambio fue más fácil pasar inadvertida, sin pena ni gloria, la muerte en Damasco, del último heredero al trono del (inexistente) Imperio Otomano, Dündar Abdülkerim Osmanoğlu, avisada escuetamente el pasado 21 de enero, que solo faltó que hiciera sus reivindicaciones. Que para tales ya está Erdogan. No fue como la de Felipe, duque de Edimburgo que en medio de la sobriedad de su sepelio de alcance planetario, tal no impidió el derroche de tinta describiendo las estilosas prendas de los egregios asistentes –yo me quedo con el suntuoso chaleco de terciopelo negro del Príncipe de Gales– y que nos plantea si abdicará la reina Isabel II. Pienso que ella siendo tauro, es decidida; y con un alto sentido del deber, que suma a la cercanía histórica de la abdicación de Eduardo VIII, lo que me conduce a decir que morirá como reina gobernante. Al tiempo. Isabel II no tiene por delante los 39 años de viudez de Victoria. Se anticipa una viudez corta.

En otro asunto, si el primer encuentro cara a cara sino-estadounidense fue un fracaso el pasado mes de marzo, desde entonces los tironeos no cesan y las provocaciones sancochadas de dimes y diretes, tampoco. China no se acongoja ante bravuconadas. Si no palideció con Pompeo, menos con Blinken, el nuevo secre de Estado. Las nuevas maniobras en el mar de China merodeando la séptima flota yanqui atracada en Japón, retando el expansionismo chino con sus islas artificiales, es un recordatorio de la rivalidad entre ambas potencias nucleares y la semilla del porvenir. En una década hemos pasado de las declaraciones a las provocaciones militares abiertas. No lo olvidemos. No faltan rompebroqueles como el impresentable y gandalla presidente filipino Duterte, que se apunten a ese asalto. El antagonismo China-EE.UU. en todos los órdenes, ya es inocultable.

¿Y qué tal la Superliga que acabaría en un superfollón futbolero sin beneficio para nadie? empezando por la afición. Sí, porque los equipos fuertes existen en parte por lidiar con los débiles –los excluidos de ese plan– y en parte por tener un único espacio donde jugar. La avaricia rompe el saco. El manotazo del lunes 19 de abril desde la UEFA con aval de la FIFA, de un boicot a equipos y jugadores que la secunden, no es cosa menor; es una advertencia clara a quien se pase de listo. Han retado los equipos millonarios a los dueños del negocio. Es que no son lo mismo ¿sabe?. No, necesariamente. Si el fútbol es negocio, aduce FIFA cada cuatro años, y supuestamente el sol sale para todos, esta es una excelente prueba de que son palabras. Leía aquí en El Imparcial, las extraviadas declaraciones de Florentino Pérez. Para mí, se está haciendo fuera de la bacinica y apela a sobreexplotar el concepto que dice que ya no era atractivo y solo se le ocurre reinventarlo improvisando otra liga y otra copa. Vaya…. Y en todo el macarrónico proyecto nadie habla de los jugadores, de su seguridad y beneficios. ¿Se persiste en jugar en tiempos de pandemia? ¡claro! gel y a jugar. Fatal, de verdad. Y los cuadros no son eternos, cosa que parece olvidar Florentino Pérez, que no ofrecía ni siquiera una estructura propia donde posarse, que tardaría años en edificar.

Termino. La Cumbre Iberoamericana en Andorra me mueve a preguntarme más por si los andorranos son iberoamericanos que por los éxitos del encuentro cuasivirtual. Sumemos, que no tienen para dónde más hacerse. Más medible es el éxito del cacharrito volador en Marte, una gran proeza ante una atmósfera tan agreste y lo es más que el informe de ONU sobre el cambio climático, que no cede pese a un paralizado 2020. Actuar para detenerlo es a contrarreloj y apremiante.
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