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TRIBUNA

Donaciones a la madrileña

Juan José Vijuesca
miércoles 28 de abril de 2021, 20:17h

Alguien ha debido pensar que en el subsuelo de la Comunidad de Madrid se esconden tesoros de incalculable valor, tal vez la secreta fórmula de la Coca-Cola o la receta de unos buenos callos a la madrileña por no mencionar lo que se detrae de los famosos huevos estrellados de Lucio. Estos son argumentos para la jactancia gustativa, sin embargo hay algo más en estos días previos al 4 de mayo que debiera estar a buen recaudo: las donaciones entre padres e hijos o las propias sucesiones mortis causa.

Si les hablo de las “donaciones a la madrileña” quiero extrapolar la enorme preocupación que esto representa. Hay mucho miedo después de conocer la infinidad de casos de personas arruinadas por el impuesto. Entre las desorbitadas valoraciones que confecciona la Administración de los inmuebles de la herencia y las barbaridades que han de pagar los herederos hace que para miles de personas provoquen la repudiación de la herencia e incluso el endeudamiento para poder hacer frente al pago de este gravamen tan obsceno.

Peligrosa maniobra de los que aspiran a hacerse con el timón de la Comunidad de Madrid y eso debe preocuparnos cuando en sus infinitas maldades fiscales está la de suprimir la exención del 99 % que gozamos los madrileños tanto para las donaciones como para los actos sucesorios. De manera que ante este mal augurio ahora mismo se están disparando las donaciones de viviendas en Madrid en una carrera sobre la bocina por lo incierto y el espanto que puede suponer una estocada impositiva si las urnas dictan sentencia en favor de las totalitarias políticas que prometen “cuidar” de nuestros intereses.

La subida del Impuesto de Sucesiones en Madrid no solo cercena la voluntad de libre disposición natural entre padres e hijos sino que provoca una desigualdad que va contra natura, pues lo que ha sido pagado con creces en vida del contribuyente fruto de su trabajo, su esfuerzo y sus múltiples sacrificios para sacar adelante a una familia, no puede servir de nuevo para gravar a los herederos legales a resultas de los mismos bienes privados. Humillante pretender fijar una armonización fiscal a costa de lo que para muchos representa el único legado de pervivencia, y esto no es un capricho, sino una cuestión de precariedad para miles de personas en este país.

Imaginen a esos semidioses de la progresía quienes rehúsan hablar de democracia y libertad, dirigiéndose con su facundia a una de esas familias que no tienen dinero para pagar por heredar: “¿Ustedes quieren quedarse con la casa de sus padres que tanto esfuerzo les supuso a ellos y además pretenden hacerlo sin pagar nada? “Me temo que eso es muy egoísta por su parte, por esa razón tan insolidaria deberíamos imponerle más impuestos, pero gracias a que el Estado es generoso será éste quien se quede con ella”. Y la familia pasa a engrosar la lista de los patriotas subordinados.

Eso, y demás daños irreparables, hacen que lo de salir de este mundo en última voluntad deje todo el protagonismo a la rabisalsera actuación que se reservan los vocingleros de la igualdad totalitaria con respecto a los descendientes más directos de aquél que entregó su alma. Y claro, aquí viene la rebelión de ánimos cuando te recuerdan que si pagas, heredas.

Hoy en día, en este país, difiere mucho el trato fiscal dependiendo de la región en cuestión, pero esto no evita que haya autonomías que se retroalimenten de los interfectos y hasta de los que vienen detrás en comitiva, de tal manera que superar la tristeza por perder a tus propios deudos se acentúa de manera fatídica al comprobar cómo los bienes cimentados durante toda una vida de sacrificio te los arrebatan, dándote por el lado oscuro de la docencia recaudatoria y si te he visto no me acuerdo. Y a esto lo han bautizado como armonización fiscal porque Madrid, según dicen, da muy mal ejemplo al resto de España. Curiosa reflexión cuando para unas cosas lo transferido a la Comunidades es competencia de ellas mismas y para otras el Gobierno Central acude como moscas al estiércol. De vergüenza.

Y otrosí digo que aprovechando algunos renglones más, y por si en buena dicha cae esta mi póstula en piadosas manos, traigo a tiro de urnas lo que a resultas de voto nos permite evitar, pues a tiempo estamos de no caer en trampas por quienes en honrados bolsillos no paran de hurgar; que una cosa es recaudar y otra el afán de saquear.

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