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AL PASO

Tres esquinas: Madrid, Escocia y la función pública

Juan José Solozábal
martes 18 de mayo de 2021, 20:52h

1-Sin darme cuenta se me amontonan los asuntos a comentar: Centraré mi columna en tres cuestiones. Primero una breve anotación sobre las recientes elecciones. Me quedo con la visita de la ganadora Díaz Ayuso a Angel Gabilondo en el hospital Ramón y Cajal, interesándose por el estado del candidato socialista tras un percance en su salud. Me parece que es una delicada manera de concluir una pugna electoral en la que sobró el estilo bronco y exagerado en los comportamientos. Es una muestra, a agradecer, de una política con rostro humano, que aprecia la cercanía y normalidad como modo de conducirse, lo que ha dado en llamarse democracia de proximidad. Podemos pensar que la desafección de los ciudadanos con la política disminuiría si se practicase más un trato más cálido por parte de los gobernantes y quienes aspiran a serlo. La idea es que en la democracia la clase política debe abandonar la dureza de la lejanía y acercarse a los miembros de la comunidad que han de considerarse apreciados y asistidos con proximidad. La cercanía del poder depende de sus modales, con atención al ciudadano que se siente incluido, respetado y no simple objeto de una relación de dominio, dando por supuesto que los contrincantes se oponen entre sí sin perder la compostura y un cierto aprecio, pues no dejan de compartir unas mismas reglas de juego en la disputa. Lo que se valora en este tipo de política es no tanto resultados como la capacidad de convencer del gobierno, o de la oposición, de su compromiso al lado de los ciudadanos para afrontar las dificultades del futuro. Como dice Rosanvallon,«Los gobernantes se comprometen menos con los resultados. Se conforman con garantizar la energía que desplegarán, la atención que aplicarán, la preocupación que los animará».

2-Una palabra también sobre el momento político en el Reino Unido, tras las elecciones locales celebradas allí el seis de mayo, centrando el foco en la situación de Escocia. De modo inevitable, se harán lecturas que intentarán establecer paralelismos con la situación en España. A mi juicio lo que resalta es lo siguiente. En primer lugar, que la victoria del Partido Nacional Escocés muestra que la ordenación de la política británica orientada por el Premier Boris Johnson sobre planteamientos centralistas y reforzadoras del nacionalismo inglés, no resultan apropiadas en un contexto de desafío independentista. Lo cierto es que el riesgo de la implosión territorial es más fuerte en los sistemas centralistas(Watts) y que los nacionalismos se retroalimentan mutuamente. El Brexit refuerza la incomodidad de Escocia en el Reino Unido, al rebajar la relación de Escocia con Europa en el plano cultural o espiritual, y estimular la recentralización británica, pues el gobierno de Londres va intentar el control sobre las competencias recuperadas tras la separación de la Unión Europea, y que los escoceses tienden a considerar como necesariamente propias o “devueltas”. La situación en efecto es muy grave para la unidad del Reino Unido y las tensiones territoriales están alcanzando un nivel muy preocupante. Un reciente número de The Economist se centraba casi monográficamente en esto y titulaba significativamente en portada “El Reino desunido. La unión en peligro.” En segundo lugar, y por lo que hace a la probabilidad de un nuevo referéndum sobre la independencia en Escocia, apenas transcurridos unos años del celebrado en 2014, hay que ponderar no tanto la capacidad del Sr. Johnson de convencer a la presidenta escocesa Sra. Sturgeon, de que el compromiso aceptado en el supuesto anterior debería alcanzar al menos una generación o que las condiciones actuales, teniendo en cuenta las dificultades derivadas del Brexit, no lo aconsejan, sino sobre todo otro tipo de consideraciones, vamos a llamarlas constitucionales. Como corresponde a una demócrata y a alguien que respeta el Estado de Derecho, la Sra Sturgeon, como el nacionalismo escocés, acepta que, caso de que finalmente se decidiera por sacar adelante una ley escocesa para convocar el referéndum, pues Boris Johnson ya ha afirmado que no se espere que Westmister apruebe la convocatoria, se lleve la disputa al Tribunal Supremo que finalmente decidiría acerca de la constitucionalidad de tal consulta. Ya sabemos que para nada lo harán, pero los independentistas catalanes deberían reflexionar sobre lo que, en relación con las demandas de la autodeterminación, puede esperarse en una auténtica democracia constitucional.

3-La tercera cuestión solo puede quedar esbozada. Leo en El Confidencial a Francesc de Carreras, escandalizado sobre un posible plan del Ministerio de Política Territorial y Administraciones Públicas que reformaría las oposiciones, eliminando su dependencia de los temarios y, por decirlo así, flexibilizando la evaluación de los candidatos a entrar en la función púbica. Creo que todo lo que rebaje la objetividad en las pruebas a superar por los aspirantes a funcionarios debe mirarse con gran desconfianza. Contamos en primer lugar con graves obstáculos en la propia Constitución que exige expresamente que el acceso a la función pública tenga lugar de acuerdo con los principios de mérito y objetividad. No puede ser de otro modo si se quiere asegurar la eficiencia de la Administración, que ha de afrontar unas tareas cada vez más complejas y difíciles, por lo que su preparación técnica debe encarecerse. La imparcialidad de la Administración, que no puede hacer acepción de los ciudadanos en punto a recibir sus servicios, “iguales ante la Ley”, se garantiza respetando la neutralidad de los funcionarios, quiere decirse, su profesionalidad. Sin duda como mejor se asegura el modelo constitucional de la función púbica es a través de pruebas que demuestren objetivamente la selección de los servidores públicos, en relación con el dominio de un temario y la capacidad de resolución de casos o supuestos prácticos.


Otra cosa es volver a las cesantías de los tiempos de Galdós y retroceder a la idea de la Administración como botín del partido en el poder, a disposición, por tanto, no de los mejores si no de los más próximos o afines a quienes mandan.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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