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TRIBUNA

El timazo

Juan José Vijuesca
miércoles 09 de junio de 2021, 20:06h

La Vicepresidenta Carmen Calvo ha tirado de sarcasmo y ha soltado una de esas necedades marca de la casa para que podamos digerir el “timazo” de este Gobierno con lo del “tarifazo” de la luz. Ella lo ha bautizado como “el temazo”, al considerar que lo más importante de la nueva factura de la luz no es a qué hora se plancha, sino quién pone la lavadora y plancha. Y ella se partió de la risa imaginándose la situación freudiana que tendrán los hogares españoles con lo del reparto de tareas en clara alusión a la perspectiva de género.

La nueva tarifa de la luz, con horas punta y valle nos conduce a un cambio sustancial de nuestra economía doméstica. Ahora lo que está de moda es la lavadora nocturna y la plancha de madrugada. Más allá del meme, lo cierto es que nos enfrentamos al timo –uno más- de esa falta de cordura a la que el Ejecutivo monclovita nos tiene tan acostumbrados. Es una consigna que emana de la izquierda populista convertida en norma a base del credo ideológico y demás patrañas postineras. Mentira y gorda, y es tanta mi indignación que prefiero no publicar palabras gruesas que no merecen los lectores de este insigne periódico.

Por culpa de este desatino ahora serán los ayuntamientos quienes tendrán la suerte de sancionarnos a tenor de sus propias ordenanzas municipales en materia de contaminación acústica. Es natural que así sea por ruidos domiciliarios al poner lavadoras, lavavajillas y zascandilear en horas valle de tarificación. Una cosa son los gemidos orgásmicos propios del cameo nocturno y otra los decibelios por lavar la ropa de color en horas de meditación y sueño del vecindario. Añadir que luego está la secadora, el propio lavaplatos, la aspiradora e incluso la plancha, pues ya puestos es preferible aprovechar el tercer grado que nos conceden las eléctricas con el visto bueno de este Gobierno.

Miren ustedes, las opciones elegidas por el Ejecutivo para este nefasto asunto son una auténtica chapuza, pero no un bodrio a tontas y a locas, estos no dan puntadas sin hilo cuando el dinero público, que no es de nadie, a decir de la magnánima señora Calvo, -y en la era Sánchez, menos todavía-, pues a prepararse porque lo de la subida del precio de la luz es un supositorio de glicerina en toda regla. Que no nos engañen, además de pagar lo impagable, la tarifa eléctrica es una máquina de recaudar impuestos. Como queda dicho, penaliza a los más desfavorecidos al igual que a trabajadores y pymes que son lo que menos opciones tienen de sortear las franjas horarias más caras, aunque el tocomocho del ahorro, si bien queda en lo de lavar y planchar a las horas que duermen las gallinas, tengan en cuenta que el tramo valle, el de menor precio, cuesta ahora lo que pagábamos en las horas punta con la tarifa anterior al presente “timazo”. O sea, que hemos pasado de la clase business a la de turista.

El gobierno va a recaudar por este “timazo” la friolera de 11.000 millones en impuestos de la tarifa eléctrica. Yo hay muchos días que no me los gasto, pero la fanfarria monclovita a buen seguro que aún les parecerá poco dado el nivel de compromisos que tiene esta clase dominante con sus socios de gobierno. Todo hay que pagarlo, incluso con dinero público. Triste y desagradable resulta una vez más que la cuestión ideológica sea la que nos diga cómo y de qué manera debemos consumir y además cuestionando con sorna el reparto de tareas domésticas, porque uno está hasta los dídimos de machismos, feminismos y demás zarandajas que nos ultrajan hasta el propio metabolismo y saquean nuestros bolsillos.

El timo y el dinero, al igual que la mentira, forman el triángulo de los caraduras porque la corrupción institucional y el conformismo de la sociedad ante este fenómeno geométrico son tan antiguos como el vicio del poder. Es descorazonador contemplar como una sociedad como la nuestra se descompone a base de la mentira, el engaño, el robo y la medra; y de cómo estas acciones, reprobables a los ojos de cualquiera, las convierten en necesarias, casi indispensables para obtener un cargo de poder, autoridad o gobierno. Porque, en el mundo –en nuestra realidad- la vida noble y honrada al final solo conduce a pagar contribuciones a las arcas del Estado para que estos gobernantes, que gustan del caviar y que han cambiado cernederos por alta costura, se lo guisen y se lo coman.

Entrando en la parte más grave del asunto solo cabe recordar que los consumidores pagamos el Impuesto sobre el Valor Añadido del 21%, más un Impuesto Especial sobre la Electricidad del 5,1 por 100 sin justificación alguna, pues como digo el consumo energético ya está gravado por el citado IVA. A esto hay que añadir gravámenes varios porque les da la gana; de tal manera que todo el conjunto supone el 70 por 100 de la factura a nuestro cargo. Y luego dicen que el IVA no se puede bajar porque Bruselas lo impide. Falso de todo punto, en Alemania es de un 19%, en Italia un 10%, Portugal un 6% y Francia un 5,5%. Negocio, “timazo” y cuento chino a nuestra costa.

En fin, no hay peor cosa que un gobierno entre en casa ajena sin ser invitado y encima trate de organizar las tareas domésticas de cada cual; eso es más propio de Venancia Lengüeta, la famosa “Vieja’l Visillo” de mi admirado José Mota. Lo dejo que se me acaba la hora “valle”.

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