El 6 de abril de 1896 el francés Pierre de Fredy, barón de Coubertin, vio cumplido su sueño de asistir al renacimiento de los
Juegos Olímpicos, idea que había propuesto por primera vez el día 25 de noviembre de 1892 en el aula magna de la Sorbona de París.
1.503 años después de que los
Juegos de la Antigüedad fueran prohibidos, por motivos religiosos, por el emperador Teodosio, Atenas fue elegida primera ciudad sede de la era moderna. El magnate Georges Averoff donó un millón de dracmas para la construcción del Estadio Olímpico, que tenía dos rectas de 192 metros, la antigua medida olímpica de un estadio, y dos curvas cerradísimas.
Doscientos cuarenta y un atletas -la mayoría griegos- en representación de catorce países compitieron en los nueve deportes que se incluyeron en el programa: atletismo, ciclismo, esgrima, gimnasia, natación, tiro, halterofilia, lucha grecorromana y tenis.
El primer atleta que subió al podio fue el estadounidense James B. Connolly, que se impuso en triple salto con una marca de 13,71 metros. Con el tiempo, ganaría el premio Pulitzer como periodista.
El ganador de más medallas fue el alemán Carl Schuhmann, que ganó tres oros en gimnasia y uno en lucha; también participó en atletismo y halterofilia.
Pero la estrella de esa edición inaugural fue un griego, Spiridon Louis, vencedor de la prueba de maratón. Esta carrera se disputaba por primera vez en la
historia, en memoria del soldado ateniense Filípides, que en el año 490 antes de Cristo corrió los 40 kms que separaban la llanura de Maratón de la ciudad de Atenas para informar de la victoria del caudillo Milciades sobre las tropas del rey de Persia, Darío I, antes de caer al suelo y morir.
Spiridon Louis cubrió la distancia en dos horas, 58 minutos y 50 segundos y recibió por su victoria, además de la medalla de plata y la corona de olivo con lo que en esos
Juegos se premió a los campeones, unos viñedos en los que vivió hasta su muerte en 1940.
Estados Unidos ganó el medallero final de esta primera edición.