Los
Juegos de México, hasta ahora los únicos disputados en Latinoamérica, pasaron a la
historia por el legendario récord mundial en salto de longitud del estadounidense Bob Beamon, que logró volar 8,90 metros. La marca tardó 23 años en ser batida.
Los
juegos mexicanos empezaron empañados por los sangrientos incidentes ocurridos diez días antes de la inauguración en la Plaza de las Tres Culturas, en la que hubo cientos de muertos y heridos por las revueltas estudiantiles que habían comenzado meses atrás.
Participaron en los
Juegos 5.516 deportistas de 112 países, que compitieron en 20 deportes. Por primera vez, los atletas fueron sometidos a controles antidopaje.
La altitud de la capital mexicana (2.240 metros) impidió grandes marcas en las pruebas de fondo, pero las de velocidad se vieron beneficiadas y hubo una lluvia de récords mundiales de atletismo (13) y de natación (4).
De todos ellos, el que hizo más
historia fue el de Bob Beamon, con 8,90 metros en la prueba de longitud, que no fue batido hasta 1991 en los Campeonatos del Mundo de Tokio, donde el también norteamericano Mike Powell saltó 8,95 metros.
El también estadounidense Richard Fosbury superó los 2,24 metros en salto de altura con su nuevo estilo, después de batir de espaldas el listón.
Otros norteamericanos que se convirtieron en legendarios fueron Tommie Smith, vencedor de los 200 metros con 19.83, y John Carlos, bronce, que reivindicaron el Black Power sobre el podio al levantar el puño enfundado en un guante negro.
La gimnasta checoslovaca Vera Caslavska ganó cuatro oros y dos platas, en una simbólica victoria sobre las gimnastas soviéticas, cuyo país había invadido Checoslovaquia dos meses antes.
En el medallero por países, los deportistas de Estados Unidos fueron los grandes triunfadores con 107 medallas, de ellas 45 de oro, mientras que la Unión Soviética obtuvo 91 medallas, 29 de oro.