Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, celebrados entre el 5 y el 21 de agosto de 2016, constituyeron los primeros en acoger a deportistas refuiados y se trató del primer evento olímpico ogranizado en Latinoamérica de la historia. Lula da Silva consiguió que su país celebrara la cita gracias a un itinerario de sedes localizadas todas en el hemisferio norte. Y pudo gestionar con acierto el miedo a la expansión por el virus zika desatado en la época -que provocó que algunos atletas no acudieran a las competiciones por este motivo-.
Además, diez deportistas compitieron en codición de refugiados, hecho nunca visto. Debutarían las disciplinas de rugby 7 y golf, y un total de 11.551 atletas se pusieron en liza. Pero dos de ellos se llevaron el protagonismo. Se trató de Michael Phelps y Usain Bolt. Ambos se despidieron -con un buen puñado de medallas-.
Phelps llegó a las 28 medallas y recuperó el trono en los 200 mariposa, amén de llevarse por cuarta vez concatenada los 200 estilos. Mientras que Phelps autografió su tercer triplete triunfal. Un sensacional adiós para dos leyendas que han marcado el desarrollo de los Juegos Olímpicos en estas décadas.
Y también brillaron nombres como Katie Ledecky -récord asombroso en los 800 libres- y Wayde van Nierek -plusmarca en los 400 metros lisos, dejando en la estacada a Michael Johnson-.
No hubo rival en el medallero para Estados Unidos. La delegación norteamericana disparó su cosecha hasta las 121 preseas gracias a haber barrido en la piscina y a su impresionante número de atletas. China y Gran Bretaña le seguirían la pista y amortizaron los problemas que arrastraba Rusia como consecuencia de sus casos de dopaje pretéritos.