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TRIBUNA

Ni pedrismo ni sanchismo

Juan José Vijuesca
miércoles 14 de julio de 2021, 20:28h

Al final las obras quedan, las gentes se van/Otros que vienen las continuarán/¡La vida sigue igual! Pues eso, que Julio Iglesias lo cantó y más o menos todo sigue igual. Da igual que en Moncloa se cambien los cromos entre ministros y ministras porque Pedro se ha cambiado por Sánchez para continuar en ese punto de amarre al sillón. Se ha cargado a quienes lo llevaron bajo palio en días de vino y rosas, pero no ha tocado a nadie de la formación morada que tanto vejamen social y económico nos está costando. Pero eso es tan intocable como los hombres de Eliot Ness.

Siendo sincero no comprendo esta remodelación, aunque entiendo que de vez en cuando interesa hacerlo por higiene habitacional. En vísperas de vacaciones veraniegas ¿quién no aprovecha para darle una vuelta a la casa? Ya saben, que si cambiar las cortinas, pintar e incluso quitar la bañera y poner plato de ducha. Un lavado de cara. Otros prefieren cambiar al servicio ministril. Iván Redondo, por ejemplo, esclavo mayor de Pedro, dice que aprovechará para escribir sus memorias en el Gobierno para luego irse a hacer las Américas. A lo mejor para poner tierra de por medio si lo que cuenta es para asombro de propios y ajenos o se queda en un bodrio estilo Saga de Crespúculo. Ya veremos.

Una crisis de Gobierno es algo tan inocente como elaborar un sándwich mixto, entre otras razones porque las crisis son de quienes las generan, incluido don Pedro que para eso quita a quienes quita y pone a quienes pone; de manera que distraer al personal con juegos florales es uno de esos fenómenos que ni frío ni calor. Pedro lleva tras de sí la sombra alargada del menosprecio incluso para quienes le han servido como palmeros allá donde el ego se convierte en virtud. “Usted es el mejor ministro/ministra que puedo tener a mí lado, es imprescindible en su cargo, es perfecto/perfecta, pero mañana entregue su cartera a Gatuperio Trescuadernos o a Verbigracia Costarrera, luego pase por Recursos Humanos y a la rue”.

Lo que en su día se dio en futbol con aquello de Zidanes y Pavones, ahora lo ha sido entre socialistas y podemitas. Un sector más alambicado al sanchismo por ley natural del PSOE, mientras el otro lote viene del concordato que sujeta corto y con puntos de soldadura a don Pedro en la silla curul de Moncloa. De tal manera que la criba ha sido sobre los súbditos más entregados a un Sánchez devorador de chuletones al punto e imbatibles y claro, estos ministros y ministras salientes eran carne trémula para su insaciable gusto. Así pues, ellos y ellas se han convertido en psicofonías de la memoria histórica. Ironías de la vida después de tanto estipendio con el pasado y nada de provecho para el futuro. Mientras los socios de Moncloa se complacen en mezquindades y minucias.

Nada esperen que el señor Sánchez venga a explicar las claves de esta remodelación, es más, en lo que a mí concierne no tengo interés alguno desde el mismo instante en que no he sido llamado para sustituir a Iván Redondo. Me hubiera gustado por aquello de escribir memorias desde el mismísimo punto G de la Moncloa –con perdón y nada peyorativo-; pero es que la nueva Ley de Seguridad Nacional que prepara este Gobierno tiene un morbo ilimitado. Me imagino actuando como amanuense oficial excluido del veto que impondrá esta ley a todo hijo de vecino que por motivos de interés para la seguridad nacional, ya sea por razones políticas o personales, afecte al presidente del Gobierno. A partir de ahí ya lo saben ustedes, nada que saber sobre el Falcon, ni si el señor Sánchez se toma unos espetos de sardinas en Torremolinos con cargo al contribuyente.

Nosotros a lo de toda la vida, fútbol, bocata y cerveza, que este país funciona, pero reconozcan que de milagro. Por eso digo, que ni pedrismo ni sanchismo, valiente gana. Es tontería.

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