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TRIBUNA

La Primavera de Cuba

Alejandro San Francisco
lunes 19 de julio de 2021, 19:43h

Cuba vive una situación inédita desde el inicio de la triunfal Revolución en 1950. Por primera vez en más de seis décadas, el pueblo se levantó el domingo 11 de julio para marchar y gritar por la libertad, para pedir por la vida y denunciar las condiciones de existencia que soportan cotidianamente los millones de cubanos en la isla.

Por cierto hay antecedentes al respecto, como el maleconazo de 1994 o las reuniones de las Damas de Blanco desde hace años. También algunos tímidos pero valientes esfuerzos opositores a título personal o de incipientes medios de comunicación virtuales. Sin embargo, no se comparan con la contundencia y masividad del movimiento social que ha emergido en diferentes ciudades y pueblos de Cuba en esta semana de julio, con una inédita pérdida del miedo y una renovada disposición a dar la cara para levantar la voz por un futuro mejor. Es necesario considerar que esto era prácticamente imposible, considerando que existe un Partido Comunista que monopoliza el poder, una jerarquía que no admite oposición y un sistema militar de gran eficacia.

La Revolución Cubana está muerta espiritualmente desde hace mucho tiempo. Muy pocos creen en el marxismo-leninismo, en las promesas de Fidel Castro, en el compromiso revolucionario del Partido Comunista de la isla o en la posibilidad cierta de un futuro mejor. Varias generaciones de cubanos han estado condenados no solo a la pobreza, sino también a la falta de libertad, la ausencia de democracia y a la existencia de un régimen político opresor y arbitrario. Mientras el mundo avanzó de manera sistemática en su progreso económico y en su desarrollo político, Cuba pareció mantenerse al margen de la historia, detenido, postrado y miserable. La popularizada canción “Patria y Vida” –especie de himno de la Primavera cubana– es un símbolo muy potente de resistencia contra el viejo y manido grito “Patria o Muerte” de Fidel Castro: “No más mentiras/Mi pueblo pide libertad, no más doctrinas/Ya no gritemos patria o muerte sino patria y vida/Y empezar a construir lo que soñamos/Lo que destruyeron con sus manos”.

¿Por qué se produjo este repentino estallido de malestar social y de protestas? Me parece que, como en otros procesos complejos, es necesario ver la pluralidad de circunstancias que coexisten en la situación que enfrenta el régimen comunista de la isla. En primer lugar, han sido decisivos los cambios políticos acontecidos en Cuba en los últimos años, que comenzaron con la enfermedad de Fidel Castro, continuaron con su muerte y finalmente con el abandono del poder por parte de Raúl Casto. Con ello, la Revolución perdió parte del encanto que todavía le quedaba: el de los héroes de Sierra Maestra. La llegada de Miguel Díaz-Canel al gobierno muestra una figura carente del carisma, liderazgo personal y arrastre que había caracterizado al régimen. La revuelta se hizo viable contra el nuevo gobernante, donde antes parecía imposible.

Un segundo elemento es la pobreza generalizada y repetida, visible en las más diversas circunstancias, presente en cada cola para conseguir un pollo, huevos o algún alimento racionado. Los sueldos de miseria son acompañados de pensiones indignas, que la educación o la salud gratuita no logran compensar ni de lejos, considerando la realidad de muchos países que tienen esos servicios sin ahogar las libertades y cuyas poblaciones disfrutan mejores condiciones de vida. La pobreza consuetudinaria tiene agotada a una población que, legítimamente, aspira a vivir mejor.

El tercer aspecto es la situación sanitaria, específicamente el golpe del coronavirus. En las últimas semanas han aumentado los casos: 6.923 nuevos contagios y 47 muertos el domingo pasado, las cifras más altas desde el comienzo de la pandemia. José Geraldo Moya Medina –representante de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud en Cuba– señaló que “en las últimas dos o tres semanas fue más intenso el incremento de casos. Las autoridades confirmaron la variante delta en el interior de Cuba”. Por otra parte, muchos no son atendidos y hay denuncias sobre personas que han muerto en sus casas, sin recibir el apoyo médico de parte del sistema de salud.

El cuarto factor ha sido la importancia de las redes sociales y de las comunicaciones en el desarrollo de las marchas y de la movilización social. Al menos parcialmente, el pueblo se pudo informar, sacar fotos, grabar videos y difundirlos, así como logró organizar las marchas que fueron espontáneas, pero con difusión rápida y masiva. En otros tiempos algo así no habría funcionado, y no cabe duda que la apertura parcial del acceso a internet terminó por jugarle en contra al régimen. Quizá por lo mismo una de las primeras expresiones de la represión haya sido la “caída” de las redes sociales, que debilita el movimiento y da un respiro a la dictadura en su momento de mayor debilidad.

El resultado de esta nueva revolución cubana es muy difícil de precisar hasta el momento. Por una parte, ha logrado movilizar a la población y ha generado respaldos populares importantes, que rápidamente capturaron la atención internacional. Es seguro que ha generado una grieta enorme en el sistema y ha puesto en una difícil situación a los intelectuales y militantes que en diferentes lugares del mundo han sostenido generosamente con su prestigio o apoyo político a una de las dictaduras más largas del mundo contemporáneo. Por lo mismo, el gobierno de Díaz-Canel rápidamente entendió lo que estaba en juego, y decidió enfrentar las movilizaciones con la vieja fórmula de los regímenes comunistas, ciertamente en una versión renovada y distinta de lo que fue Hungría en 1956 o la Primavera de Praga en 1968: con un gobierno decidido a no aceptar que la rebelión se extienda y pueda poner en jaque la continuidad del sistema comunista en la isla.

Cuba vive hoy una situación que tiene algo similar a la situación que vivieron los países de Europa Oriental en 1989, cuando dentro de las sociedades totalitarias nacieron marchas, protestas y movimientos que anunciaron un futuro diferente que, felizmente para ellos, culminaron con el término de los regímenes comunistas, cuya manifestación más elocuente fue la caída del muro de Berlín. Hoy es difícil predecir el resultado, pero no cabe duda que conviene hacer el paralelo y evaluar la posible evolución de la protesta popular cubana con ese antecedente a la vista.

La pregunta de fondo es si estamos en el principio del fin de la dictadura comunista en Cuba. La clave no está solo en las protestas, sino en la capacidad de resistencia de la dictadura y en la represión que ejercerá sobre el pueblo. La correlación de fuerzas no se mide en los momentos iniciales solamente, sino que tendrá una continuidad en el tiempo. Para el desarrollo del proceso, la atención y respaldo de la comunidad internacional al pueblo cubano será sin duda necesaria y decisiva.

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