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Pit bulls con maquillaje

domingo 14 de septiembre de 2008, 19:04h
La irrupción de Sarah Palin en la escena mediática ha vuelto a reabrir el intermitente debate sobre el feminismo y la carrera de las mujeres hacia la igualdad plena. Palin se enorgullece de haberse reincorporado a su trabajo tan sólo cuatro días después de dar a luz a su último hijo, que padece síndrome de Down. Pues bien, creo que es un error que las mujeres que están a la luz pública, prediquen con ese tipo de ejemplos. La maternidad y la vida familiar no han de impedir que las mujeres se integren en el mundo laboral, pero tampoco han de estar totalmente subordinadas al mismo.

He tenido la suerte de vivir en un entorno en el que la igualdad entre hombres y mujeres siempre se ha sobreentendido por lo que, hasta bien mayor, nunca me había planteado la necesidad de hacer valer mis derechos o cualidades por encima de un hombre. Con mis amigos, chicos y chicas, siempre se ha dado por hecho que no existían labores para unas u para otros, todos hemos fregado platos o cocinado, independientemente de nuestro sexo, y en los medios académicos –universidad o colegio- jamás me he sentido discriminada por mi condición de mujer.

Fue al llegar al mundo laboral cuando he empezado a ser consciente de las dificultades añadidas que tiene el ‘ser mujer’, y no porque lo haya vivido aún en mis propias carnes. He visto a compañeras algo mayores que yo, que no se han encontrado ninguna traba para crecer en la empresa, llegar a puestos de responsabilidad o ganarse el respeto de sus jefes o colegas varones, hasta que les ha llegado el momento de ser madres. Es ahí cuando entra el conflicto. Y no porque los hombres tengan un instinto natural hacia la misoginia –al menos, no la mayoría de ellos-, sino porque el sistema en el que vivimos aún no está pensado para asumir con naturalidad la maternidad de las hormiguitas que para él trabajan.

A los gobiernos, empezando por el nuestro, se les llena la boca hablando de paridad, leyes sobre aborto –el adueñamiento que el feminismo militante ha hecho de la cuestión del aborto es un tema indignante que no abordaré en esta ocasión- o ministerios de igualdad. Pero eso no son sino señuelos absurdos destinados a desviar la atención del problema principal: que hoy en día la mujer tiene que elegir entre ser madre y su carrera laboral. Afortunadamente, no somos seres unidimensionales, el trabajo es importante, pero no lo único que nos define como personas. Una sociedad realmente igualitaria llegará cuando permita a sus miembros desarrollar lo máximo posible cada una de las dimensiones que conforman su persona. Así que una mujer necesite tomarse tres meses de baja de maternidad o cambiar a una jornada de trabajo intensiva para cuidar de sus hijos, no deben tomarse como señales de debilidad sino como derechos lógicos. Sarah Palin y otras se equivocan cuando creen que la manera de demostrar su valía consiste en actuar como pit bulls con maquillaje. Afortunadamente, valemos mucho más que eso.
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