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EL PRESIDENTE: “NO SIRVO PARA GOBERNAR”

sábado 18 de septiembre de 2021, 17:58h
Varias veces ministro, en dos ocasiones presidente del Gobierno, Francisco Silvela acudió...

Las redes sociales reprodujeron íntegramente este artículo aparecido en el diario La Razón del que es autor el académico de la Real Academia Española Luis María Anson, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Lo reproducimos a continuación.


Varias veces ministro, en dos ocasiones presidente del Gobierno, Francisco Silvela acudió el 24 de octubre de 1903 al Congreso de los Diputados para afirmar durante la sesión parlamentaria: “Tened caridad al juzgarme por el único acto del que me considero culpable: el de haber tardado en declarar a mi país que no sirvo para gobernar”.

Académico de la Real Academia Española, Francisco Silvela fue un notable escritor. Su libro sobre Felipe IV y sor María Agreda se puede calificar de notable; su ensayo acerca del arte de distinguir a los cursis de los que no lo son se cita todavía con frecuencia. Para Silvela cursi es aquel que presume de elegante en sus vestidos, palabras u obras sin serlo. No hay cursilería sin presunción.

Escribió Silvela en El Imparcial, el periódico de Ortega y Gasset, que 154 años después de su fundación tengo la suerte de presidir en su versión digital. Su artículo Sin pulso, cuando la pérdida de Cuba, ha pasado a la historia del periodismo español. Hacía esfuerzos para soportar a Cánovas que rompió con él. Tuvo la decencia de rechazar alianzas espurias y cargos con el rey Amadeo y con la I República. Y acertó al proponer a Antonio Maura para que le sucediera en la presidencia del partido conservador.

No tengo la menor esperanza de que Sánchez declare, como Silvela, que no sirve para gobernar, pero me molesta que se denigre sin piedad al actual presidente del Gobierno. Sánchez es un hombre inteligente, que sabe agradecer los elogios, que encaja sin ira las críticas, que domina la oratoria y que mantiene una imagen razonable sin presunciones ni aspavientos. Pero no sirve para gobernar. No es capaz de advertir lo que va a pasar, cuando la gran política consiste en prevenir no en curar. Salvo algunas excepciones, se rodea de gente menor y mediocre. Carece de personalidad internacional. Le desprestigia su invencible tendencia al engaño y la mentira. Las torpezas de Rajoy le encaramaron en el poder y para permanecer en él ha aceptado alianzas con secesionistas, proterroristas y comunistas, comprometiendo gravemente la unidad de España y el respeto a la Constitución. Y sigue pareciendo un actor que interpreta el papel de presidente del Gobierno.