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AL PASO

Algo sobre la historia constitucional de Alemania

Juan José Solozábal
martes 30 de noviembre de 2021, 19:45h

Me ha interesado mucho el artículo de Jonathan Sterber en el último número del Times Literary Supplement , “Imperio sin nación”. Se trata de una reseña de diversos libros sobre el segundo imperio alemán, el Kaiserreich como se suele llamar al régimen político que va de 1871 a 1918. Todos ellos pretenden una reconsideración del sistema bismarkiano, rebajando su perfiles autoritarios y nacionalistas, y descuidando su condición de incubador o desencadenante de la Primera Guerra mundial y la era nazi. La tesis de Sterber es que el momento actual desde el que se contempla aquel periodo, la democracia de la Señora Merkel, favorece redibujar hasta cierto punto los contornos más desfavorables que subrayaba con anterioridad la bibliografía. Sterber selecciona al respecto, principalmente, dos monografías, la primera consistente en una historia constitucional y la segunda en un estudio mas bien sobre el desarrollo económico de Alemania durante la época bismarckiana. Lo que se contiene en el primer libro recensionado de Oliver Haardt, Bismarks ewiger Bund no es, entonces, la historia de un sistema autoritario sin frenos sino el relato de un desarrollo constitucional en marcha, emergiendo un régimen democrático y parlamentario en un sistema federal desigual. La monografía se centra en la naturaleza del gobierno. Formalmente el gobierno del Imperio era el Senado o consejo federal, una asamblea de los embajadores de los 25 estados federados que delegaron su poderes en el rey de Prusia, que llevaba el título de Emperador desde 1871. Era este el que nombraba al canciller, el eje del sistema. La suspicacias de los monarcas soberanos se saciaban designando al imperio alemán una liga de monarcas soberanos. De otro lado, las presiones de los políticos nacional liberales a favor de un gobierno responsable ante el parlamento eran respondidas por Bismark con un arreglo en el que el ejecutivo que presidía estaba en las manos de la asamblea de príncipes, pero sin gabinete o ministros propiamente. Bismark era el jefe de una serie de agencias o instituciones que administraban el ferrocarril, la red de telégrafos, la moneda nacional y el banco central, se ocupaban de los códigos civil y penal nacionales, y de la asistencia social: una alta burocracia procedente mayormente del estado dominante, esto es, el reino de Prusia. En realidad Bismark había creado un gobierno central al que estaban subordinados los Estados miembros perdiendo su importancia los príncipes gobernantes, pues gradualmente las oficinas gubernamentales se integrarán en un órgano colegiado que tuvo su primera reunión oficial poco antes de la gran guerra mundial. Como Bismark había temido el gobierno nacional dio al Parlamento democráticamente elegido cada vez mayor influencia política según un desarrollo que llevó en la crisis de la Primera Guerra mundial a la creación de una monarquía parlamentaria. Hay que resaltar que el Ejército quedó fuera del control del Parlamento y solo bajo la dependencia del Rey de Prusia como emperador alemán y su ministro de guerra prusiano. Más de las 3/4 partes de los gastos del gobierno nacional se dedicaban a las Fuerzas Armadas y cada vez que el presupuesto militar necesitaba la ratificación del Parlamento se producía una crisis constitucional resuelta siempre a favor del gobierno.

Es muy importante resaltar el contexto político del sistema político alemán, este parlamentarismo debilitado, donde se producen las grandes construcciones del derecho público, que descansan, no obstante, en un suelo tan precario. Hablemos del concepto de ley o nos refiramos a la idea de los derechos públicos subjetivos; por supuesto sin rastro alguno de un control de constitucionalidad de las leyes. Los derechos fundamentales como pretensiones justiciables, la misma idea de ley formal como norma aprobada por el Parlamento, o el control jurídico reglamentario, trasponible en el futuro a una jurisdicción constitucional de la ley, se construyen en la época de la escuela de derecho publico alemán, donde el positivismo jurídico da sus mejores frutos. Una situación que justifica la convicción de Hegel según la cual la sabiduría prospera en la oscuridad o la indigencia política, compensándolas.

El libro de Katja Hoyer,Blood and Iron, por su parte, es una historia general del imperio alemán. Y se refiere primeramente a aspectos económicos y sociales que enlazan la Alemania de ese momento con sus rasgos en el presente: rápido crecimiento económico con la creación de un sector industrial productor de artículos de alta tecnología, utilizando mano de obra especializada y que pueden ser vendidos a un precio muy competitivo; un sistema universitario de renombre mundial y estándares de educación general muy altos; un estado de bienestar, aunque bastante burocratizado, a gran escala; y una sociedad civil floreciente con trabajadores de cuello blanco y mujeres que articularán sus demandas para ganar influencia pública. Por lo que se refiere a la política, la visión de este autor es más pesimista, llamando la atención sobre un nacionalismo popular vocinglero y cada vez más fuerte; y una élite con pulsión autoritaria que se opone a un tipo de gobierno parlamentario y democrático. La interacción de las élites autoritarias y el nacionalismo será un rasgo negativo con desafortunados efectos antes de la Primera Guerra mundial y después de 1933 .

Todavía queda espacio a Jonathan Sperber para darnos noticia de una tercera monografía con sugerencias a la contra que contribuyen a lograr ese resultado de ofrecer una nueva luz del periodo imperial de que hablábamos al comienzo. Según este libro de Hermann Hiery , Deutschland als Kaiserreich, la kulturkampf, esto es, la política hostil frente a la Iglesia católica considerada un ejemplo de persecución religiosa y flagrante violación de las libertades civiles, ha de ser atribuida a preocupaciones diplomáticas que buscaban aislar a la joven República francesa entonces gobernada por políticos clericales conservadores. Y de otro lado, la ley anti socialista de 1878 que ponía fuera de la ley al Partido Socialdemócrata y que merecidamente se considera un ejemplo de autoritarismo y represión, es explicada por Hiery como una cautela frente al terrorismo que algunos socialistas estarían pensando practicar. Así esta injustificable prohibición que forzó al partido a renunciar al terrorismo tendría positivos efectos, al contribuir a hacerle un movimiento pacífico y reformista.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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