www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La regla ministerial

Juan José Vijuesca
miércoles 18 de mayo de 2022, 19:38h

Me llama por teléfono una conocida mía residente en New York, algo preocupada por las noticias que acaba de escuchar en una cadena de televisión refiriéndose a España. La reseña dada en los informativos no es otra que las medidas impulsadas por Irene Montero sobre la nueva “regla ministerial”.

Alarmada mi amiga por saber más de este asunto recurre a mí como si yo fuera su ginecólogo de cabecera. Lejos estoy de ello más que nada porque mi carrera de medicina comienza y acaba en el paracetamol; eso sí, mi masculinidad nunca se ha ruborizado cuando he ido a comprar compresas o tampones para dar cobertura a las féminas de mi casa.

Las mujeres tienen sus cosas al igual que los hombres tenemos las nuestras. Es el equilibrio entre seres de idéntica especie, pero con matices que nos diferencian. Es natural que así sea por mucho que doña Irene Montero insista en igualar a la mujer con el hombre. Lo de esta ministra resulta enfermizo, aunque reconozco que para la ocasión trate de buscar remedios que faciliten la protección de la mujer frente a reglas insoportables. No obstante la señora ministra, tan dada ella a la estética de sus actos, antepone los fuegos artificiales a la realidad de los problemas. Una vez más su política de igualdad se ha disociado con buena parte del Gobierno, que como ya sabemos ella forma parte activa.

Una cosa es que los hombres no tengamos la regla y otra muy diferente es que doña Irene nos haya cogido esa inquina a quienes ponemos la semillita en buena hora y con armonía placentera entre las partes. A partir de ahí flaco favor se hace a la mujer si lo que persigue la señora ministra es formar una nueva especie dentro de la ya existente. Me refiero a una clase de señoras parecidas a las de Corea del Norte. Mismo peinado, misma forma de vestir, mismo modelo de pensar e incluso mismo día de menstruar. Esto no es igualdad, es mecánica de ideología

Si entro en esta flojera argumentaría lo hago por razón de plenitud existencial. Quiero y defiendo a la mujer libre, respetada y que respete, y eso es lo deseable en una sociedad que persigue el reconocimiento pleno de oportunidades; ahora bien, si para conseguirlo hay que discriminar a la propia mujer por cuestión de sus dolores menstruales, creo que una baja laboral por problemas de la regla dolorosa estigmatiza más a la mujer que los padece. Lo deseable sería apostar por la ciencia médica para conseguir un tratamiento que corrija el problema de la endometriosis y la dismenorrea y que los hombres seamos consecuentes en que esta enfermedad, a pesar de no sufrirla, debiéramos ser comprensivos, mostrar empatía y nunca frivolizar con el dolor de ellas.

Las políticas de igualdad de género no solo consisten en dar pábulo a todo lo que huele a protagonismo de salón haciéndolo, además, a golpe de contribuyente. Para eso, y en mi modesta opinión, ya que tiramos la casa por la ventana, a lo mejor lo que habría que hacer sería crear empresas saludables, flexibles y sostenibles capaces de promover entornos de trabajo adaptativos basados en la conciliación de la vida personal, familiar y profesional con buenas prácticas de prevención y cuidado de la salud física y mental de sus empleados. Lo que hoy tenemos es un quiero y no puedo que choca frontalmente con la necesaria protección de datos que, en este caso, son, además de personales, íntimos y exclusivos de la mujer, cosa que degrada a unas mujeres frente a otras. Lo cierto, y como bien dice Maite Rico en su brillante artículo “Ser mujer es un asco”: <<A partir de ahora, toda mujer sana será por ley una potencial enferma recurrente>>

Parece obvio que este tema no me atañe más allá de mi condición de hombre que respeta a las mujeres, aunque por suerte hay mujeres que por sí solas se bastan para sentirse seguras sin necesidad de que una señora ministra quiera normalizar un hecho fisiológico más antiguo que la muela del juicio.

En fin, mi amiga, ya saben, la de New York, se queda más tranquila a sabiendas de que lo suyo son sofocos de la menopausia. ”Cosas que las mujeres traemos de serie. Nada que no pueda remediar con un abanico y mucha comprensión” –concluye y se despide de mí.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (25)    No(0)

+
2 comentarios