www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Los límites del mercado

Javier Rupérez
x
jruperezelimparciales/9/1/9/21
lunes 29 de septiembre de 2008, 21:10h
A lo largo de las últimas semanas, cuando el Gobierno de los Estados Unidos se ha visto obligado a intervenir de forma contundente en el tejido financiero del país, el recuerdo de la gran depresión de 1929 ha estado continuamente presente en el discurso público y privado que ha acompañado a la crisis. Seguramente a ello no ha sido ajeno el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, prestigioso profesor de economía en la universidad de Princeton y cuya tesis doctoral versaba precisamente sobre el “crash” del 29. La dimensión de la crisis financiera de aquel momento se vió trágicamente agravada por la negativa del entonces Presidente americano, Herbert Hoover, a inyectar liquidez en el sistema, esperando que el mercado se autorregulara. El país tardó cuatro años en salir de los efectos más inmediatos de la depresión y de hecho sólo con la entrada en 1941 en la II Guerra Mundial la economía estadounidense sentó las bases para su plena recuperación.

Es evidente que la situación actual no puede ser comparada a la que desembocó en el desastre del 29. Baste recordar que el paro en los Estados Unidos es ahora ligeramente superior al 6 por ciento mientras que en el 29 llegó al 25 por ciento de la población laboral. El número de hipotecas impagadas en la actualidad es del 4 por ciento del total. En el 29 habian llegado al 40 por ciento. Las diferencias, por tanto, son abismales y tuvieron también su reflejo en el aspecto mas dramático de la crisis: interminables filas de parados de entonces, aguardando turno ante las oficinas de empleo o ante las organizaciones caritativas que ofrecían algo de comida a los que la catástrofe habia privado de lo más elemental. Los suicidios. La emigración: por primera y única vez en la historia nacional el número de emigrantes superó al de inmigrantes. Es evidente que el país no está ahora en esa situación. Pero Bush, aconsejado por el Secretario del Tesoro Paulson y seguramente ambos influidos por los análisis económicos de Bernanke, han decidido curarse todavía en relativa salud e intervenir antes de que se repitiera lo del 29. Todos los indicios hacen pensar que se trata de una solución difícil y necesaria. Así lo han pensado tambien las Cámaras legislativas nacionales y los dos candidatos a la presidencia del país que han decidido aprobar la iniciativa y participar en su elaboración. Salvando todas las distancias, este Pacto de la Casa Blanca se parece algo a los Pactos de la Moncloa alcanzados por las fuerzas politicas y economicas españolas en 1977 para resolver con urgencia la delicada situación en que la se encontraba la economía española.

La economía financiera estadounidense había mostrado una capacidad creativa tal que los instrumentos para su regulación, muchos de ellos establecidos en la época posterior al 29, o no existían o eran inadecuados para prevenir los riesgos de su empleo incontrolado. La visión tradicional del problema, en su momento encarnada por Alan Greenspan, consistía en negar el peligro de la burbuja inmobiliaria y expresar la confianza en que el mercado limitara sus excesos. No ha sido así y la concatenación de elementos -nuevos y dudosos producto financieros, incapacidad de los deudores para hacer frente a sus obligaciones, contaminación de las redes de inversión, inestabilidad y pérdidas en las cuentas de resultados- ha dado lugar a una caída brutal de la confianza en las entidades financieras. La economía real del país, su capacidad para producir bienes y servicios, era tan potente como antes pero la fragilidad de los instrumentos para su financiación podía dar al traste con todo el sistema.

Al aire de la poderosa intervención, cuestiones ideológicas, económicas y hasta morales han surgido a la superficie. ¿Qué se hizo del respeto a las leyes del mercado? ¿Se pueden seguir ganando las cantidades exorbitantes que reciben por sus servicios los ejecutivos de Wall Stret? ¿No recaerá la solución sobre las espaldas de los contribuyentes en vez de caer en las de los responsables de la crisis? La legislación que seguramente aprobará el Congreso esta semana intentará resolver estas cuestiones de manera que el sistema no se vea afectado en su concepción original ni defraudadas las expectativas ciudadanas de mayor equidad y transparencia en el uso de los recursos financieros. Pero habrá un antes y un después de la crisis financiera del 2008. Y la palabra de moda es regulación. Siempre más suave que la intervención. Por no mencionar la todavia maldita de nacionalización. Pequeños matices para grandes cambios.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios