www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Nadal y la felicidad

Juan José Vijuesca
miércoles 08 de junio de 2022, 19:50h

Me preguntaban en una reunión amistosa que es la felicidad. Delicada cuestión si tenemos en cuenta que el estado de ánimo de la persona es el impulsor de la misma. No es fácil medir algo que sin estar a la venta en el libre mercado tampoco resulta inalcanzable. Un golpe de suerte puede ser felicidad. Una buena noticia en un momento oscuro de la vida puede ser felicidad. O simplemente carecer de constante egoísmo, también nos puede hacer felices.

La felicidad es algo ambigua, yo diría que incluso un tanto desvalida, carente de dueño. Ya sé que casi siempre está asociada al dinero, pero hay algo en ella que nos atrae si nuestra capacidad de esfuerzo nos impone alcanzar metas. La persona desde que nace, está rodeada de adversidades y no por ello la vida te abandona a las primeras de cambio. Cierto es que la cuna influye, pero la vida fácil no es sinónimo de felicidad como tampoco lo es sentarse y esperar no se sabe bien qué cosa o que alguien llame a tu puerta portando bajo el brazo el remedio para tu desventura.

Hay excepciones para casi todo, pero a la vez existen ejemplos que nos pueden servir para incentivarnos en conseguir ese algo que cada nuevo día nos regala la vida. El ejemplo de Rafa Nadal, del que resulta difícil decir algo original, es sinónimo de trabajo, sacrificio y felicidad. Comprendo que no todos podemos ser como él, sin embargo si aprender de su empuje como modelo a seguir. A veces hasta su manera de perder tiene fragmentos de balada, acordes de ser humano que juega al tenis para ser feliz y hacer que los demás también lo seamos. Se gane o se pierda lo ejemplar siempre se hace hueco dentro y fuera del concurso de la competición. Eso también forma parte de la felicidad; claro está que para conseguirlo hay que fabricarlo.

De Rafa Nadal fluye la sempiterna manera de hacer lo que mejor sabe que no es otra que doblegar al sacrificio para seguir en su universo infinito. Es la enseñanza que no viene en los libros, la que se hace a base de cincel y tobillo enfermo de Müller-Weiss, que suena a partido de singles entre dos contendientes, pero que es una de esas enfermedades invalidantes que en el caso de Rafa viene soportando prácticamente toda su carrera deportiva, al menos en la élite, desde el año que ganó su primer Roland Garros. Por aquél entonces contaba con 19 años de edad.

Por eso digo que el límite de la felicidad es proporcional a las circunstancias anímicas de la persona, lo que sucede es que tratándose de Rafa Nadal su lírica deportiva le permite conseguir lo que para otros resulta imposible. Y eso le convierte es un ser especial. Un símbolo de entrega, de respeto y de admiración son fundamentos más que sobrados para que los demás deportistas o espectadores, seamos felices sin necesidad de hacer otra cosa que sentirnos agradecidos por el hacer de este fenómeno.

Lo más importante de un profesional es la propia persona que lleva en su interior, el ser uno mismo y ser íntegro en valores, por eso Nadal es quien es mal que les pese a ciertos inquilinos de la sopa boba. Voces poco atildadas que todo lo que suene a himno español les produce aversión. Son los otros y las otras incapaces de manifestar el orgullo de ser representados por alguien tan digno dentro y fuera de las pistas de tenis.

Pero eso dice más de la grandeza de Rafa Nadal quien no necesita de esta subespecie humana para recordarnos que lo fácil casi siempre se hace solo, incluso a veces con los favores de otros, mientras que lo difícil hay que currárselo y ganárselo porque no hay nada gratis. No hay adjetivos para enmarcar a este portento de la naturaleza quien a estas alturas del partido todo lo que se diga es poco.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (25)    No(0)

+
2 comentarios