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¿Quién arrojó la primera piedra?

lunes 06 de octubre de 2008, 21:16h
Desde José Ortega y Gasset esperamos que la nación sea, como él la definió, “un proyecto sugestivo de vida en común”. ¿Qué proyecto en común tienen, empero, el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner y el campo argentino?

Tanto por su impar adelanto tecnológico como por su enorme potencial exportador, la producción agropecuaria figura a la cabeza de la economía argentina. Pero el gobierno de Kirchner, lejos de apoyarla, la grava no sólo con el impuesto a las ganancias, lo cual sería normal, sino también con otro impuesto llamado “retención”, que aplica un 35 por ciento uniforme a todas las exportaciones agropecuarias del país, ya les den ganancias o pérdidas a los productores.

El 11 de marzo de este año, la gota rebalsó el vaso de la tolerancia rural cuando la presidenta aprobó sin consultar con el Congreso un drástico aumento de esa alícuota del 35 por ciento de las “retenciones”, convirtiéndola además en “móvil” de modo tal que todo aumento de los precios agropecuarios iría a parar casi enteramente, de ahí en adelante, a las arcas del Estado. Esta verdadera confiscación movilizó a los hombres de campo de todo el país en una protesta sin precedentes desde el 11 de marzo hasta el 17 de julio, fecha en la cual el Congreso derogó el decreto de Cristina en una reñida votación. En el curso de este largo y agudo conflicto, que había durado más de cuatro meses, la protesta del campo fue apoyada hasta en las grandes ciudades y la popularidad de Cristina bajó del 56 al 18 por ciento, induciéndola a desplazar a su jefe de gabinete y a su ministro de Agricultura.

Pero pesar de esta contundente victoria, el campo no quedó satisfecho porque todas las exportaciones agropecuarias del país siguen sometidas además a una aprobación burocrática que a veces se obtiene y a veces no, lo cual instala un alto grado de incertidumbre entre los productores. Del 17 de julio hasta hoy, así, por dos meses y medio los representantes del campo solicitaron una y otra vez dialogar con el gobierno sobre este bloqueo intermitente de las exportaciones. Sólo consiguieron evasivas por respuesta hasta que, colmada su paciencia, volvieron a la protesta.

¿Cómo explicar este conflicto en el que todos pierden? Según los voceros del gobierno, el campo se ha apresurado al volver a la protesta antes de que las vías del diálogo se hubieran agotado. Cristina y su marido piensan que lo ha hecho porque detrás de sus demandas sectoriales hay una intención política: profundizar el desgaste de los Kirchner hasta arrojarlos del poder en las próximas elecciones.

¿Por qué el gobierno insiste a su vez en mantener el bloqueo intermitente de las exportaciones? Aquí aparecen diversas razones. La primera es que, coincidiendo parte de las exportaciones agropecuarias, sobre todo las de trigo y carnes, con la dieta preferida de los argentinos, y padeciendo el país un índice de inflación que ha venido oscilando en torno del 25 por ciento anual, cuando los precios agropecuarios tienden a subir peligrosamente el Gobierno cierra temporariamente las exportaciones para generar un exceso de oferta en el mercado interno y contener de este modo la potencial disparada de los alimentos.

Pero este argumento sólo podría servir en el caso de los alimentos que se exportan. ¿Cómo explicaría en cambio que la víctima principal de las retenciones y del bloqueo sea la soja, que prácticamente no se consume en la Argentina? Aquí aparece una segunda razón: que la voracidad fiscal va contra toda la exportación agropecuaria, ya sea alimenticia o no, porque la meta de Cristina y Néstor Kirchner es aumentar de continuo la recaudación con miras a sostener el alto superávit fiscal mediante el cual disciplinan a los gobernadores, intendentes y legisladores para que no dejen de apoyarlos.

Hay en cualquier caso una tercera explicación del empecinamiento oficial que ya excede lo racional, y es que los Kirchner, simplemente, odian al campo. En primer lugar, porque el campo ha sido el primero que los derrotó. Y en segundo lugar porque, fieles a su confesada ideología “montonera”, detestan uno por uno a todos los pilares de la Argentina tradicional: al ejército, a la Iglesia y, por supuesto, al campo. Esta es, sin duda, una grave acusación. Que sea grave, sin embargo, no significa que no sea cierta.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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