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TRIBUNA

No habrá más filosofía que la que hubo ayer

miércoles 16 de noviembre de 2022, 19:38h

Ahora que es el Día Mundial de la Filosofía habrá centros escolares que llenarán sus paredes con carteles, cartulinas y viñetas ingeniosas; frases, chapas y preguntas célebres; se organizarán encuentros y cafés filosóficos, saldrán profesores a la calle, los más atrevidos; y se escucharán podcasts y radiarán entrevistas alertando de la incongruencia de tener que vivir en una democracia con una enseñanza –la común obligatoria- que limita desde sus aulas la presencia de la deliberación a nuestros alumnos. Y se hará, como cada año, casi de manera imperceptible, con austeridad socrática. No haremos mucho ruido, los filósofos, pero ahí quedará expresado nuestro compromiso de velar por esta vieja ciencia. Y es que la Filosofía –viajera y superviviente- ha sido embestida en la última década por espadas de diferente color, que la han dejado tocada, sin apenas nada que decir en los últimos ni en los primeros cursos de secundaria. Sin duda, maniatada y maltratada por la lógica instrumentalista, estos días resonarán las peticiones de más reflexión y menos automatización.

Sin embargo, y aún con el ruido, no habrá más filosofía que la que hubo ayer. Y es que, pese a muchos, la filosofía ya está en las calles. Está en las bibliotecas y en sus visitantes, en los libreros que ordenan los libros, o en quienes por ellos se pasean buscando una idea que animará el resto del año; en los versos que no fueron escritos y en las noches de insomnio de tantos soñadores. También, la filosofía está en el mendigo que pregunta al caminante por el sentido de su paso, en el niño que mira a su profesor con ojos esperanzados, y en la madre, que demasiado ocupada, busca ventanas allí donde ya solo quedan muros. Está en el hombre de ciencia que se acerca al ocular desempolvado, o en el profesor jubilado que despliega el mapa olvidado del fondo del armario. La filosofía está en el nacimiento de la amistad, y en quien reflexiona sobre ella, quizá para diferenciarla del amor. O no. Y está en los soliloquios taciturnos sobre el origen de las cosas, y en la vanidad de quien siente que todo envejece. La filosofía, con su Día, estará hoy más en la calle, pero no habrá más filosofía que la que hubo ayer.

Abriéndose paso, sonará como el viejo árbol del bosque solitario que cae sin nadie que lo escuche. Puente hacia otro lado, quizá donde tocarnos. Feliz Día de la Filosofía.

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