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GARZÓN, EL ESPERPENTO

viernes 17 de octubre de 2008, 13:38h
Pedro J. Ramírez ha hecho el titular periodístico de la semana abriendo la primera de El Mundo, tal y como Garzón se merecía. Periodismo puro. “Garzón da diez días al Registro para que certifique si Franco ha muerto”. La carcajada del español medio al leer este titular ha atronado las salas de la Audiencia Nacional. Garzón se ha convertido hoy en el cachondeo de sus compañeros. Era un espectáculo escuchar las risas en los pasillos de la Audiencia.

Garzón ha tenido siempre el mono de la notoriedad. Es un vanidoadicto. No puede vivir sin inyectarse en vena dosis crecientes de presencia en los medios. Es un caso de psiquiatra. Tiene cualidades excepcionales y admirable valor personal que ha demostrado en la persecución de Eta. Pero le pierde la necesidad acuciante de estar presente en los periódicos. Pedir la certificación de lo obvio es siempre grotesco. Aún más: en el caso del dictador Franco, estamos en el esperpento. Solicitar del Registro que certifique el fallecimiento de Franco es una ocurrencia digna de Zapatero.

Las nuevas generaciones de españoles miran hacia el futuro. No hacia el pasado. A Franco y sus generales como a Negrín y los suyos les están colocando en su sitio los historiadores. Setenta años después de la guerra incivil es a ellos, a los historiadores, a los que corresponde juzgar al dictador y a sus secuaces, no a los jueces. Y la verdad es que lo están haciendo muy bien. Por muchas sentencias que Garzón dicte contra Franco no alcanzará la milésima parte del gran libro biográfico que sobre el caudillo español ha escrito Paul Preston.

La desmesura, el despropósito, la ridiculez, el disparate se encienden en la decisión de Baltasar Garzón, frenético en su carrera de propaganda personal. “El Mundo” ha sido hoy demoledor: “Alguien así no está ni moral ni mentalmente capacitado para enjuiciar a nadie”.
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