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Estúpidos americanos

domingo 19 de octubre de 2008, 17:43h
Nos encanta criticar a los americanos. Nos sentimos más unidos, menos tontos y más interesantes cuando comentamos con cara de desprecio que el americano medio es incapaz de situar a España en un mapamundi, mientras nuestros institutos y universidades están llenas de productos de la ESO que no saben en qué guerra se luchó la batalla de Bailén ni qué se perdió en el desastre del 98 y que lo poco que conocen de la geografía Europea es lo que ha aprendido gracias a Eurovisión. Qué decir de lo sanos, equilibrados y ‘mediterraneos’ que nos sentimos cuando hablamos de las enormes moles de carne que pasean por los malls estadounidenses, mientras los índices sitúan a los niños españoles entre los más obesos de Europa.

Y sí, nos encanta poner cara de preocupación frente a la ‘falta de libertades’ de los Estados Unidos, donde Bush ha hecho y deshecho a su antojo, mientras nuestros políticos de Montesquieu no saben ni pronunciar el apellido y confunden la progresía con el arcaizante nacionalismo y la derecha con el misal de la catequesis. Porque claro, a pesar de que en España se puede secuestrar a una revista por el mero meterse con la Familia Real, mientras que en Estados Unidos se acaba de estrenar una biografía satírica sobre el mismísimo Bush, a los yankis aún les queda mucho que aprender de nuestro país en temas como la libertad de expresión. Da igual que en USA el derecho a protestar quemando la bandera esté por encima del delito que supone quemarla, o que ocho de las diez mejores universidades del mundo sean americanas –las otras dos son británicas-. Los americanos son tontos, simplones y no saben cómo funciona una democracia.

La izquierda bienpensante española que se frota las manos ante la más que probable victoria de Obama, no va a saber cómo reaccionar cuando descubra que el candidato demócrata de color –café con leche- no es el Némesis zapateriano que tanto necesitan los Estados Unidos, sino un liberal más, que pasará de la Alianza de las Civilizaciones y que no tiene la más mínima intención de convertir al ejército de su país en una ONG pacifista, como gusta presumir al Gobierno español.

Por supuesto que los Estados Unidos tienen fallos enormes. Sin duda alguna, la crueldad de su capitalismo extremo se hace patente ante las situaciones extremas que la falta de seguridad pública provoca en los estamentos más pobres de la sociedad. No hay discusión en torno al fatal gobierno de George W. Bush durante sus ocho años en la Casa Blanca, ni siquiera respecto a la frialdad con la que los Estados Unidos intervienen en aquellas partes del planeta donde les sea conveniente –ya sea por motivos económicos o geopolíticos-, amortiguando las terribles cifras de muertos y mutilados que provocan sus tropas, con eufemismos cínicamente correctos. Por supuesto que la hipocresía es una de sus mayores lacras y que las desigualdades sociales, la violencia y el racismo siguen siendo asignaturas pendientes. Sí, pero nosotros mismos, los europeos arrogantes que nos creemos mejor que ellos, debemos quitarnos la venda de los ojos y reconocer que Estados Unidos no es sino el espejo distorsionado y magnificado de lo mejor y lo peor de ese Occidente al que, nos guste o no, todos pertenecemos. Estados Unidos es la gran representación de nuestra era, la gran Caja de Pandora que contiene las esencias del mundo. Estados Unidos no es mejor que Europa, pero tampoco peor. Es la concentración al cubo de Occidente, con la diferencia de que ellos sí asumen lo que son, mientras que nosotros, los europeos, somos como el hijo rebelde y poco consecuente de un rico burgués, que asiste a manifestaciones antiglobalización patrocinadas por Coca-cola y que pasa de sus ideales cuando comienzan las rebajas.
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