Los escoceses se despiden de manera discreta; los magiares, con un triunfo en el minuto 100 (0-1). Szoboszlai y McGuinn, sin brillo. El delantero húngaro fue retirado en camilla y tapado.
Empezó la noche en el MHP Arena de Stuttgart con la última esperanza para Escocía y Hungría de mantenerse con vida en esta Eurocopa... y terminó con menos opciones aún de llegar a los octavos de final para ambos y con un futbolista trasladado al hospital tapado por una lona y en camilla. Barnabás Varga, el autor del primer gol magiar en este torneo, recibió un choque fortuito muy duro del portero británico Angus Gunn y quedó inconsciente. Lo más importante de este domingo es que se encuentra bien y estable, tal y como señaló la federación de fútbol de su país.
En el plano deportivo ambas selecciones arrancaron el encuentro con las ilusiones intactas, a pesar de haber acumulado decepciones en sus dos partidos previos. Los isleños sufrieron una goleada tremenda en el debut ante Alemania (5-1) y mejoraron hasta empatar con Suiza, mientras que los centroeuropeos perdieron contra los germanos y los helvéticos. Así las cosas, el seleccionado dirigido por Steve Clark necesitaba ganar para clasificarse como uno de los mejores terceros de la fase de grupos al tiempo que los preparados por Marco Rossi añoraban un milagro.
La mayor cercanía de la facturación del anhelado billete se notó rápido, pues los escoceses saltaron al verde con voluntad ganadora. El técnico nacido en Saltcoats repitió la beneficiosa titularidad de Gilmour en la medular, con McTominay más arriba para bajar balones y generar y aprovechar segundas jugadas. Y ordenó monopolizar el cuero (se fueron al descanso con un 65% de posesión). El problema es que a su delegación le falta finura con la pelota. El más destacado en este apartado es McGinn, pero el futbolista de West Ham ha pasado de puntillas por estas semanas.
Escocia domina sin colmillo
Pusieron sobre la mesa corazón, empuje y rigor físico, como siempre. Presionaron con valentía y trataron de imponer un ritmo exigente, mas les faltó precisión y armonía en tres cuartos de cancha. No tiraron a puerta en el acto inicial. Es más, ni siquiera remataron fuera ni una vez. Este defecto ha condenado a la animosa 'Tartan Army'. La lesión del atacante del Queens Park Rangers Lyndon Dykes ha afectado demasiado a la producción ofensiva de su país. Che Adams ha añadido brega, pero ha rellenado del vació de gol. Este domingo se cansaron de centrar al área, a falta de juego entre líneas.
Los húngaros eligieron replegar y contragolpear. Parapetados en una zaga de tres centrales y dos carrileros, se juntaron en campo propio para priorizar la defensa sobre cualquier otro apartado. Sólo asomaron para estirarse pasada la media hora. Eso sí, sus transiciones avisaron en el minuto ocho, cuando Callum Styles cambió el juego con clase y Schafer coronó su conducción con un chut lejano que repelió Gunn. Y en el minuto 35 lo intentó sin éxito Ronald Sallai, su verdadera amenaza. El extremo del Friburgo ha liderado a sus compañeros con su velocidad al espacio y su intensidad.
En la sombra ha vuelto a permanecer un Dominik Szoboszlai de influencia limitada a las acciones a balón parado. Ahí, en faltas laterales o córneres, ha desempolvado su venenoso golpeo. Y poco más. El interior del Liverpool, capitán nacional a sus 23 años, no ha rendido como esperaba una tribuna magiar excitada tras regresar a una Eurocopa de manera brillante en fase de clasificación. Por ahí se explican las estrecheces del fútbol húngaro en este campeonato. Pero no sólo él no ha respondido, tampoco el prometedor lateral Milos Kerkez (Bournemouth, 20 años).
En esta fecha sobresalió Styles. El húngaro nacido en el condado inglés del Gran Mánchester destacó por su lógica en la distribución de la pelota. Incomprensible que no gozase de un minuto en los encuentros precedentes. A su alrededor creció su colectivo antes del intermedio en un respingo que llevó a Orbán a estrellar un cabezazo en el larguero -falta lanzada por Szoboszlai, minuto 41- y al jugador del Liverpool a chutar arriba una contra -minuto 46-. Estos 10 minutos de ascenso magiar bastaron para reforzar la sensación de la mejor hechura con el esférico de sus futbolistas en comparación con los corajudos escoceses.
Hungría crece a través de su calidad técnica
Clarke debió arengar a sus muchachos en el camarín porque subieron sus vatios en la reanudación. Recuperaron el mando energético y la iniciativa. Más sudor, más arrojo, más presión en todo el tapete. Aún así, la replegada Hungría llegó a fabricar un centro de Bolla y una volea centrada de Sallai en el minuto 49. Y es que se sabe que en este deporte quien tiene el mejor pie posee más opciones de llevarse el gato al agua, pero eso no quiere decir que el resto deje de intentar ganar. Los británicos se vaciaron y apilaron pelotazos hacia la anatomía de McTominay hasta el final.
Su primer lanzamiento del evento llegó en el minuto 54, cuando Adams disparó a las nubes una transición propiciada por la intensidad de su delegación. Y pidieron penalti después del espeluznante accidente de Varga -minuto 68-. Orbán pudo haber cuerpeado demasiado fuerte ante Armstrong, pero el colegiado no lo entendió como penalizable y el juego siguió, poco a poco, encaminándose hacia la traca final. Porque los dos equipos rompieron sus frenos en el desenlace, al fin, abocándose a un intercambio de golpes espectacular. Ahí jugaron de verdad a por la victoria y pusieron en pie a unos seguidores que habían padecido la densidad vista en el césped hasta entonces.
Clarke quemó las naves quitando a Gilmour y a sus laterales para llenar el esquema de atacantes -no acabó el encuentro el cansado Andy Robertson-. Comparecieron en Escocia Christie, Morgan, Shankland y McLean para echar el resto, mas nada solventaría su impotencia, su planicie creativa ni su empecinamiento aéreo -que únicamente les otorgó un intento postrero de Hinley que estrenó los guantes de Gulacsi-. Y recogieron el envés de su tosca ambición. Concluyeron eliminados y últimos de su grupo.
Los húngaros aguardaron, sembrando algunas ocasiones -destacado el testarazo desatinado de Dardai-, y aprovecharon la ruptura táctica de sus rivales para marcar. Dañaron en el epílogo al contragolpe y Gunn sostuvo a los suyos ante el derechazo ajustado de Schäfer -minuto 90- y el remate potente de Szoboszlai -minuto 92-. La cancha se había inclinado del todo y emergió Kevin Csoboth para decidir el duelo después de topar en el poste un lanzamiento -minuto 92-. En la última jugada, en el minuto 100, el canterano del Benfica (24 años) embocó un centro de Sallai para dar el triunfo a su selección y mantenerla con un hilo de optimismo. En el mejor de sus escenarios se medirá a España en octavos.
Ficha técnica
0- Escocia: Gunn; Robertson (Morgan, min. 89), McKenna, Hanley, Hendry, Ralston (Christie, min. 83); McGregor, Gilmour (McLean, min. 83), McTominay, McGinn (Armstrong, min. 77); Che Adams (Shankland, min. 77, min. ).
1- Hungría: Gulacsi; Kerkez (Csoboth, min. 86), Dardai (Attila Szalai, min. 75), Willi Orbán, Botka, Bolla (Zsolt Nagy, min. 86); Schäfer, Styles (Ádam Nagy, min. 61); Szoboszlai, Roland Sallai; y Varga (Martin Ádam, min 74).
Goles: 0-1, min. 100: Csoboth.
Árbitro: Facundo Tello (Argentina). Amonestó a Styles, Willi Orbán, Schäfer, McTominay, Kleinheisler y a Csoboth.
Incidencias: partido correspondiente a la 3ª jornada del Grupo A de la Eurocopa 2024, disputado en el MHP Arena (Stuttgart, Alemania).