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Tópicos

domingo 16 de noviembre de 2008, 18:28h
Qué fácil es vivir a base de tópicos. Dividiendo el mundo en parcelas cerradas, eligiendo packs vitales que te resuelvan las dudas existenciales, políticas o sociales que puedan surgir y sin tener qué plantearte a cada momento el porqué de tus acciones, ni desarrollar argumentos con los que defender tus elecciones. Una vez te decides por una opción política, movimiento social o tribu urbana, no tienes más que seguir los dictados de la misma. Desde la elección de la ropa hasta la postura en las tertulias con amigos de vienen dados. ¡Qué descanso mental!

El mundo visto así resulta mucho más fácil de comprender o, al menos, abarcar, pero también mucho más aburrido y, sobre todo, más peligroso. Porque en el fondo, la elección ciega y totalizada de una opción es una manera encubierta de evitar cualquier tipo de trabajo intelectual o razonamiento. Saber sobre todo los temas importantes de la actualidad, desde la crisis económica hasta el problema del agua, pasando por las bodas gays o la violencia de género, es imposible, sin embargo, nadie quiere dejar de opinar sobre ellos. Así que lo más fácil es echar mano del manual de argumentos de emergencia que nuestra opción de cabecera nos da. Y, en caso de haber olvidado los argumentos, cerrarnos en banda en torno a la postura que defienda nuestro equipo, sin saber el porqué e incluso sin sentirnos identificados en absoluto con ella, con el único consuelo de tener la conciencia tranquila de seguir los parámetros que de nosotros se esperan. En el fondo, esto sigue siendo cuestión de fe. Y supongo que es así como las ideologías de peor calibre se cuelan sigilosamente en las mentes de los ciudadanos.

Tengo mil disputas cada día con personas que me colocan en un lado u otro del panorama ideológico, por el mero hecho de cuestionar sus razonamientos, que se sienten incómodas porque discuto sus punto de vista y, aún así, me niegue a situarme en el ‘lado contrario’ al suyo. No es que no sea lo suficientemente valiente como para significarme con un partido u otro. Es simplemente que me parece imposible tener una postura clara e inamovible respecto a la mayor parte de las cuestiones. Más aún, las pocas cosas sobre las que sí tengo clara mi opinión son contradictorias en el sentido de que una por una me situarían tanto en el lado del PSOE como en el del PP. Por ejemplo, disiento con la Reina en que no se pueda llamar matrimonio a las uniones homosexuales, pero, al mismo tiempo las leyes paritarias me parecen señuelos inútiles e incluso insultantes para las mujeres. Son dos ejemplos tontos. Lo sé. Pero en más de una ocasión he oído tonterías como que en España, todo el mundo es del PP o del PSOE –como si naciéramos con una señal que nos marca de por vida- y que, quien se niega a posicionarse está mintiendo.
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