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Terror en Mumbai

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
lunes 01 de diciembre de 2008, 22:10h
Desde 2001, después de los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, hasta ahora mismo, la India ha sufrido mas de setenta graves incidentes terroristas debidos a grupos islamistas radicales, que han dejado mas de mil seiscientos muertos y decenas de miles de heridos, amén de la importante destrucción producida en infraestructuras y propiedades diversas. Sin contar los estragos debidos a otro tipo de violencia, sea la motivada por las luchas entre extremistas musulmanes e hindúes o la practicada en las zonas rurales por grupos maoístas. Esa cotidiana y brutal realidad en la democracia más poblada de la tierra no ha conseguido hasta ahora alterar sus cursos políticos e institucionales o los espectaculares índices de desarrollo económico conocidos en la última década. Pero, como demuestra la eficacia letal de los últimos atentados terroristas en Mumbai, los asesinos no cejan en su diseño desestabilizador.

Con ciento cincuenta millones de musulmanes, un quince por ciento de la población total del país, la India cuenta con la segunda mayor población islámica del mundo, solo superada por la de Indonesia, y los gobiernos de Nueva Delhi tienen razón en señalar que los responsables de atentados terroristas de inspiración islámica en el país nunca han tenido a ciudadanos indios de esa religión como autores. Tanto como presumir del elevado grado de integración de esa minoría en el conjunto de la sociedad, a pesar de los funestos comienzos de la independencia, cuando el Raj britanico quedó partido en dos realidades estatales según la religión mayoritariamente profesada. Ya se sabe: cuando las cosas viene mal dadas, “divide and rule”, lo unico que saben hacer bien los hijos de la Gran Bretaña.

Detrás de cada atentado terrorista hay siempre un fallo en los servicios de inteligencia. Así ocurrió en Nueva York en 2001, en Madrid en 2004, en Beslan, en Rusia, el mismo año y en Londres, en 2005. Lo mismo parece haber ocurrido en Mumbai, donde además la respuesta de los cuerpos de seguridad ha sido lenta, tardía e insuficiente. La seguridad absoluta frente al terrorismo no existe y la lista de los ataques mencionados confirma que nadie está por completo a salvo de la plaga.

Pero en el caso de la India su misma estructura constitucional, más confederal que federal, contribuye a dificultar la lucha contra el fenómeno. No existe un servicio nacional de inteligencia o una policía nacional. Tampoco una legislación unitaria contra el terrorismo, dejada en las manos de los estados integrantes del conjunto. Como responsable de la dirección ejecutiva antiterrorista del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y al frente de un equipo de expertos, visité la India en 2006, con la finalidad de estudiar sus esquemas de respuesta en contra del terrorismo y la primera de mis recomendaciones fue precisamente la de dotarse de leyes y de instituciones con alcance nacional para preparar una respuesta eficaz. La recomendación no prosperó. El confuso panorama politico indio hacia inviable la propuesta y, aunque la India en aquel momento no formaba parte del Consejo de Seguridad, encontró la inestimable colaboracion de su antigua metrópoli para abortar el intento. Es difícil que las decisiones del Consejo de Seguridad cambien la faz de la tierra, pero aquella tan razonable y modesta que en su momento adelanté podía haber contribuido algo a que la catástrofe de hoy no lo hubiera sido tanto. El ministro del Interior indio ha presentado su dimisión. ¿Hará lo propio alguno de los responsables británicos de que la unificación de procedimientos antiterroristas en la India no haya tenido lugar?

Los gobernantes indios están convencidos de que tras todo atentado terrorista islámico producido en el país está la ¨lunga manu¨ del servicio paquistaní de inteligencia. Lo cual no quiere decir que el gobierno de Pakistán esté detrás de todas y de casa una de las matanzas. Pero no cabe descartar ¨a priori¨ la convicción india. La tenebrosa política de Islamabad, siempre en equilibrio inestable, utiliza Cachemira para intentar la desestabilización del gran vecino. Tambien, con otros pretextos, del pequeño, de Afganistán. Tanto más ahora, cuando por razones diferentes la India y Afganistán son los mas firmes baluarte de la alianza occidental en la zona. Los terroristas de Mumbai sabían muy bien lo que hacían y contra quien apuntaban. ¿Sabrá Nueva Delhi obtener las consecuencias adecuadas de la lección?

Hace todavia pocos días, el informe prospectivo del ¨National Intelligence Council¨ vaticinaba un mundo menos pendiente de la amenaza terrorista. Los responsables directos e indirectos de la matanza de Mumbai no parecen haberlo leído.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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